Colombófilos denuncian "mala interpretación" ante el proyecto para derogar la ley que protege a la paloma mensajera

Colombófilos aseguran que la actividad no representa gastos al Estado. Advierten que la quita de la Ley dejaría a las aves sin el marco legal que hoy penaliza su caza y maltrato

09:39 hs - Domingo 26 de Abril de 2026

La Federación Colombófila Argentina inició acciones legales para frenar la derogación de la Ley 27171, la cual brinda un marco legal y protección a la actividad. Según colombófilos, existe una confusión gubernamental sobre los costos de la disciplina, asegurando que es una actividad autónoma que no requiere empleados ni presupuesto estatal.

El Poder Ejecutivo envió al Congreso el proyecto de Ley de Derogación de Legislación Obsoleta, conocido como Ley Hojarasca, que busca la anulación de cerca de 70 leyes que, consideran, perdieron utilidad pero que aún están vigentes. Según el ministerio de Desregulación que conduce Federico Sturzenegger, las razones para derogar esas leyes provienen de cambios regulatorios posteriores, su desuso por el avance tecnológico o el paso del tiempo y el interés en desburocratizar el sector público. A la vez, el proyecto defiende el principio constitucional que indica que nadie está privado de hacer lo que la ley no prohibe, por lo que no hace falta autorizar lo que ya está autorizado. En ese plano, una norma autoriza a transmitir la televisión en color. Algunas normas a derogar rondan lo insólito, como exigir un carnet de mochilero para hacer dedo o inhabilitar a los funcionarios públicos que azoten a alguna persona. A su vez la Ley Hojarasca también deroga muchas comisiones y entes a cargo del estado. Elimina el aporte de fondos estatales para entidades como la Federación Argentina de Municipios o el Círculo de Legisladores, entre otros. Y también anula el uso de dinero oficial en instancias como el Premio Nacional de la Calidad o los premios destinados a distintas actividades culturales, o bien deja atrás beneficios impositivos otorgados a lo largo del tiempo.

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El conflicto legal

Una de las leyes que busca derogar es la N° 27.171 de 2015 (una ley que reformó la ley 12.913) , que "obligaba a la Federación Colombófila Argentina a constatar el año de nacimiento y la matrícula de las palomas mensajeras de carrera que determine su pertenencia al Registro Nacional de Desarrollo y Potencial Colombófilo. En suma, obligaba a registrar palomas mensajeras. Se deroga por innecesaria intervención estatal en actividades asociativas privadas", indican desde Nación.

Ante esto, la comunidad de colombófilos confrontó la situación. Daniel Olivo, un experimentado colombófilo paranaense, sostuvo en diálogo con UNO que el gobierno interpreta erróneamente que el Estado gasta dinero en fiscalizar y censar a las palomas, tareas que en realidad realiza la Federación de manera autónoma desde hace décadas. "Creen que el gobierno tiene empleados para la colombofilia y no es así", explicó Daniel y aclaró que si bien antaño el Ejército participaba activamente, hoy la actividad se sustenta con recursos propios. El principal perjuicio de la derogación sería la pérdida del marco legal que prohíbe la caza y matanza de estas aves, un delito que actualmente es penado por la ley.

Vale destacar que la Ley Nacional 12.913 era la que regulaba la actividad colombófila enfocada en el uso militar y de defensa nacional de las palomas mensajeras. Esta norma protegía la cría y entrenamiento de estas aves, siendo derogada en 2015 por la nueva Ley 27.171, que redefine la actividad como meramente deportiva.

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Una pasión de 365 días al año

Mientras los abogados de la Federación realizan presentaciones para revertir la medida, los aficionados en Entre Ríos se preparan para el inicio de la temporada deportiva el 31 de mayo. En Paraná, son cerca de 20 los colombófilos activos, mientras que en la región (que incluye Crespo, Concordia y Concepción del Uruguay) el número asciende a 60.

La actividad requiere una dedicación constante. Daniel mantiene un plantel de 100 ejemplares, número limitado por la capacidad física de su palomar para garantizar la salud respiratoria de las aves. El entrenamiento cotidiano incluye limpieza y alimentación; que se realiza dos veces al día, además las aves vuelan entre 45 minutos y una hora y media bajo la guía de banderas y silbatos; se realizan además salidas a la ruta para recorrer distancias progresivas de 25 a 150 kilómetros antes de las competencias oficiales, que inician en los 250 kilómetros.

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Según él mismo señaló, en abril y mayo se empieza con entrenamiento para en junio dar inicio a las carreras.

Las asociaciones tienen calendarios deportivos sociales tanto regionales como nacionales. “Carreras cortas, de 250 kilómetros, las cubren a unos 70 kilómetros por hora. Si el viento es a favor, la paloma te hace un promedio de 120 kilómetros por hora, pero en contra es de 40 kilómetros por hora. Dependemos mucho del viento que tenga en su viaje y por eso la tenés que mandar preparada para el esfuerzo físico. Ellas no paran, no toman agua, están preparadas para volar de 12 a 14 horas sin parar”, detalló Olivo.

Antes de cada carrera las preparan físicamente y el viernes antes trasladan las palomas que van a competir a la asociación, allí un camión especialmente diseñado para ellas, las pasa a buscar. Compiten siempre los fines de semana. Reciben trofeos como premios.

Las palomas mensajeras salen de sus jaulas y despegan, realizan un par de círculos espectaculares en el aire para orientarse, y luego se tiran de cabeza en un viaje de más de miles de kilómetros. Todas las palomas salen desde el mismo punto, pero no llegan a la misma meta. Cada una vuelve a su casa.

Palomas mensajeras
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Con GPS y reloj electrónico

La tecnología GPS calcula con precisión la distancia entre el punto de partida y cada palomar. El tiempo de aterrizaje se registra en un reloj electrónico que se activa cuando la primera ave del grupo entra en su jaula. “Cuando la paloma regresa al palomar ese chip es leído y queda asentado en la memoria del reloj segundos, minutos y día en que llegó. Entonces ahí vamos al club nuevamente, sólo con el aparato que conectan a una computadora que hace a lectura de cada reloj. Se saca del punto de suelta, la longitud y la latitud de cada paloma y de donde paró el camión, eso traza la cantidad de kilómetros reales que tiene cada palomar desde donde la largaron hasta ese lugar.

Los palomares no están todos al mismo alcance. Se establece el ganador, se hace la tabla de puntaje, se suman los puntos de cada carrera y a lo largo de año se saca campeón de pichones, de categoría adulta, campeón social, y se hacen carreras de largo kilometraje, denominadas de fondo o de gran fondo, entre 700 y 1000 kilómetros.

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Colombófilos denuncian "mala interpretación" ante el proyecto para derogar la ley que protege a la paloma mensajera

Columba

Se denomina Colombofilia (viene de Columba -del Latín, paloma-) a la cría y adiestramiento de palomas con el fin de convertirlas en mensajeras y capaces de retornar a su palomar de origen desde lugares lejanos. Un deporte a la vista de nadie y en presencia de todos.

La historia está llena de palomas mensajeras célebres. Algunas, incluso, fueron reconocidas por su rol con los años, como la célebre Paddy, el “soldado” alado que regresó al Reino Unido con información clave sobre la evolución de la llegada de las tropas aliadas a las costas francesas en 1944, durante la Segunda Guerra Mundial. Otras han ayudado en catástrofes o crisis humanitarias y lo siguen haciendo.

Las palomas deben ser anilladas a los 7 días de vida, que es cuando ya tienen bien formadas las patas. Ese anillo es una suerte de documento de identidad de cada ejemplar, que sirve luego para participar de las competencias y también para la realización de distintos controles sanitarios. Para mantener este tipo de palomas el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) exige a los criadores una vacunación obligatoria al año más la aplicación de otros productos preventivos.

Cien años de historia y misterio

Este año la Federación Colombófila Argentina celebra su centenario, motivo por el cual se organizará un concurso a nivel americano a finales de año. Aquí se empieza a practicar este deporte en 1886 con la llegada de dos colombófilos belgas que vienen a radicarse aquí para trabajar en una industria papelera en la ciudad de Zárate (Buenos Aires). Se vinieron en el barco con dos palomas mensajeras en unas canastitas. Una vez instalados criaron esas palomas, difundieron la actividad, se fueron sumando interesados y en 1900 nace en Zárate la Sociedad Colombófila de Competencia. En 1926 se forma lo que es hoy la Federación Colombófila.

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La colombofilia es un deporte, una pasión y también un arte. De mayo a noviembre los colombófilos pasan buena parte del sábado o domingo mirando el cielo, aguardando la llegada de sus palomas mensajeras. Para la mayoría de la gente, esto pasa inadvertido porque es un momento muy personal, pero es de una gran emoción para estos fanáticos. Son unos segundos los que transcurren desde que aparece la voladora en el cielo hasta que finalmente entra en el palomar para efectuar la marcada. Son apenas segundos que se viven a pleno y para lo cual el colombófilo viene trabajando desde el nacimiento mismo del pichón.

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A pesar del avance de la tecnología y los análisis de ADN, el método exacto de orientación de la paloma mensajera sigue siendo un misterio científico. Las hipótesis sugieren que detectan los campos magnéticos y la curvatura de la Tierra para regresar a su hogar desde distancias que superan los 1,000 kilómetros. "Es una condición natural; la paloma mensajera nace para correr, a diferencia de la paloma común de plaza que no tiene capacidad de retorno a largas distancias", explicó Daniel Olivo.

También mencionó que heredó la pasión de su papá, Antonio Olivo, quien era colombófilo en su juventud. “Cuando yo tenía 18 años mi padre retomó la actividad y empezamos a cuidar juntos a las palomas”, relató. Daniel tiene su palomar en calle Lebenshon al final, en el predio de su casa.

palomar Paraná

La colombofilia no es un deporte olímpico, aunque los griegos utilizaban palomas mensajeras para comunicar a otras ciudades los nombres de los ganadores de los Juegos Olímpicos que se celebraban en la antigua Olimpia. Fueron lo que vendría a ser Internet de la época, mucho antes de que existiera la telegrafía sin hilos o el teléfono, cuando nadie podía imaginar que nos comunicaríamos instantáneamente por WhatsApp. La aparición de estas nuevas herramientas terminó con las misiones que tenían encomendadas, algunas de alto riesgo como las acometidas durante los mayores conflictos bélicos que azotaron el planeta. A lo largo de la historia se encuentran palomas condecoradas por méritos de guerra. Hay ejércitos que mantienen unidades de palomas mensajeras en activo.

Cuando está cerca de su hogar la paloma se guía por la vista. Pero si la sueltan a más de 1.000 kilómetros de su casa, donde llegó en jaula cerrada junto a otros miles, entran en juego factores como los campos magnéticos y longitudes de onda que le sitúan en el rumbo de navegación correcto, misterio no revelado. Las dificultades meteorológicas suponen obstáculos que le impiden volar en línea recta y que sortea. Las aves rapaces y el hombre son sus depredadores en el viaje. Otras características son la rapidez de vuelo y la resistencia a la fatiga que le permite recorrer distancias de 700 a 1.000 kilómetros en un día.

Las personas están familiarizadas con las carreras de caballos y las carreras de galgos, pero muy pocas personas saben de la existencia de las competencias de palomas mensajeras.

Paraná cuenta con una asociación que nuclea a los amantes de este deporte desde 1943 y está ubicada en calles Coronel Palavecino y Coronel Almada. El club de colombófilos se denomina Alas de Paraná. La página oficial de la Federación es www.fecoar.com.ar.