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Abrió la tranquera

Cintia Siri rescata el quehacer del campo y la vida rural

Destacada en el Congreso de la Nación por su labor como apadrinadora en jineteadas, sueña con llegar al Festival de Doma y Folclore de Jesús María.

Martes 12 de Noviembre de 2019

Celebrando el día de la Tradición, Diario UNO entrevistó a la apadrinadora Cintia Siri, oriunda de la zona rural de Talitas, en el Departamento Gualeguaychú.

Cintia fue reconocida el 24 de octubre en el 3° Congreso Gaucho que se desarrolló en el edificio del Congreso de la Nación. Allí su labor le mereció ser destacada en el segmento “Mujeres de la Tradición” bajo la coordinación de Malena Berrueta y Manuel Allignani.

Cintia Siri nació el 24 de mayo de 1985 y su infancia transcurrió en la estancia El Vizcachón , junto a sus padres y a sus cuatro hermanos. Allí aprendió sobre tareas rurales y a amar las tradiciones. “De carácter decidido y seguro, logró hacerse respetar, en un ambiente que no le cerró la puerta, siempre predispuesta a dar lo mejor de sí misma, mantiene un lugar que se ha ganado con esfuerzo, constancia y por sobre todo con capacidad, por eso Cintia Siri es Mujer de la Tradición”, dice la reseña que le valió el reconocimiento.

—¿Cómo fue criarse en el campo?

—Hermoso, más allá de que no teníamos luz eléctrica ni tele. Rodeada de monte y caminos desfavorables fui a la escuela Primaria a caballo con mis hermanas. Lluvia, fríos y calores no impidieron que fuéramos ya que la maestra vivía en la escuela Horacio Quiroga de Colonia Italiana. Cuando volvía de la escuela ayudaba a mi papá en los quehaceres del campo como galopar un potro, enlazar un animal para curarlo o juntar hacienda.

—¿La mayoría de los jóvenes quieren irse y vos decidiste quedarte. ¿Por qué?

—Decidí quedarme en el campo porque la vida lo quiso así, se dio la oportunidad de trabajar de peón rural. Cuando tuve mi mayoría de edad ya me había casado con Roberto Oronó, que también era peón rural, en la estancia Las Brasitas. Ahí trabajé durante 14 años.

—¿Cómo se fue dando el vínculo con los caballos?

—Creo que fue desde la panza de mi mamá, y después por elección.

—¿Por qué apadrinadora? ¿Cuál es tu función en las jineteadas?

—Lo de apadrinadora se dio porque mi papá tiene tropilla para las jineteadas y los fines de semana salíamos a las jineteadas con mi esposo, que aparte de ser jinete era apadrinador. Y en una jineteada él estaba apadrinando y le tocaba montar un potro de la tropilla de mi papá al cual lo teníamos en el palo esperando su monta. Roberto vino y me dijo: “Vení, subí al caballo y apadriname” y yo monté el pinta y lo apadriné a él y a las montas que seguían; así comenzó esto de apadrinar en yunta con él y así recorrimos muchos lugares.

—¿Hay muchas chicas jinetes? ¿Cómo describirías el ambiente?

—En Entre Ríos no, sí conozco alguna de Córdoba. El ambiente es sano, de amabilidad y compañerismo.

—¿Te tocó vivir un momento complicado en tu actividad?

—Sí, me tocó vivir varios momentos, pero uno en especial. Fue en una jineteada que el jinete queda enganchado del estribo y cuando lo voy a sacar el mismo jinete me dice que estaba enganchado. Entonces lo llevé agarrado sin soltarlo hasta que mi compañero pudo parar el potro; fue muy satisfactorio para mí poder salvarlo del golpe.

—¿Qué te pasa cuando leés o escuchás que la gente está en desacuerdo con las jineteadas por el maltrato animal?

—Me da tristeza e indignación porque pienso que es sacarnos parte de nuestras tradiciones y que no están bien informados de los cuidados que recibe un caballo.

—¿Cómo viviste el reconocimiento que te realizaron días atrás? ¿Qué significó?

—Fue uno de los momentos más felices de mi vida, fue una emoción inmensa recibir un reconocimiento en el segmento Mujeres de la Tradición como “apadrinadora”.

—¿Admirás a alguien dentro de los festivales?

—Sí, admiro mucho de quien aprendí todo esto que es Roberto Oronó, quien fuera mi esposo. Ya no estamos juntos como pareja pero seguimos siendo yunta en la apadrinada.

#El arte de amansar

El Día de la Tradición se celebra en Argentina el 10 de noviembre, fecha que fue elegida en conmemoración del nacimiento del poeta argentino José Hernández (1834-1886), que escribió, entre otros, el poema narrativo El gaucho Martín Fierro y su continuación, La vuelta de Martín Fierro, relatos en forma de verso de la experiencia de un gaucho, su estilo de vida, sus costumbres, su lengua y códigos de honor.

En La vuelta de Martín Fierro se puede leer la descripción del arte de amansar que tenían los indios.”El pampa educa al caballo/ Como para un entrevero/ Como rayo es de ligero/ En cuanto el Indio lo toca/ Y como trompo en la boca,/ Da güeltas sobre de un cuero.// Lo varea en la madrugada/Jamás falta a este deber/ Luego lo enseña a correr/ Entre fangos y guadales/ Ansina esos animales/ Es cuanto se puede ver.

#CintiaxCintia

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Cintia tiene 34 años y su familia la componen su papá Luis Siri, mamá Silvia Fantin y sus cuatro hermanos, Yanina, Grecia, Magalí y Malaquías.

“Tengo mis propios caballos que son Tango y Manchego y los que me presta Roberto que son Leo, Cambacito, Talibán y Catalino”, enumeró.

Su función hoy por hoy es la de peón rural y trabaja en una estancia.

“Mi lugar en el mundo es donde tuve mi primer trabajo, estancia Las Brasitas costa San Antonio, allí viví parte de mi vida y aprendí mucho”, señaló.

En cuanto a su rutina, destacó: “Un día mío es levantarme temprano, tomar unos mates e irme al campo a recorrer la hacienda, curar si hay alguno enfermo, dar de comer, arreglar algún caballo y todo lo que se refiere al campo”.

En cuanto a sus sueños, Cintia tiene un objetivo: “Llegar a apadrinar en Jesús María y un proyecto es en algún momento poder tener un lugar donde enseñar a andar a caballo a chicos y grandes. Creo que al que le gusta la vida rural ya desde que nace tiene marcada su pasión”.

En la foto Cintia junto a Malena Berrueta, organizadora del Congreso.

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