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Chechi, la abuela del corazón de los alumnos de la Bavio

Acérrima defensora de la educación pública, Ignacia Rossi asegura que no hay "pibe malo". "Abrazar un nene y que se te haga un bollito en los brazos no tiene precio", aseguró quien es ordenanza de la escuela primaria N° 6 Ernesto Bavio desde hace 25 años.

Jueves 26 de Septiembre de 2019

Es quien los recibe en la puerta y quien los despide al salir, la que asea, la que guarda con recelo la bandera argentina cuando no flamea en el mástil, quien le pone una curita para sanar un dolor o para aplacar un gran susto, quien les dice que “en el patio no se corre porque se van a caer”; y lo repite una y otra vez, el reloj que marca el horario de ingreso o del glorioso recreo, la que les sirve el chocolate caliente en las fechas patrias, la caricia que los contiene cuando extrañan o se sienten decaídos y la mano que acompaña sus primeras experiencias en la educación formal. Se llama Ignacia Rossi, pero todos le dicen Chechi. Es, desde hace más de 25 años, la portera de la escuela primaria Nº 6 Ernesto Bavio, ubicada en el microcentro de Paraná.

“Si les preguntás a los chicos por Ignacia, no te sabrán responder”, indicó a UNO con una gran sonrisa. Con una complicidad especial, ella los saluda cada tarde y ellos le contestan: Buenas tardes Chechi. “¿Chechi con che de qué?”, la pregunta obligada. “Con che de chancho”, gritan a coro.

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Chechi tiene cinco hijos, 14 nietos y cuatro bisnietos y un compañero de vida desde hace 43 años. Un 3 de junio se enteró que había un cargo vacante en una escuela del centro. Era ama de casa y desde su vivienda había ensayado diferentes emprendimientos, siempre priorizando la crianza de sus hijos. Era un cargo vacante. “Fue una gran suerte”, recuerda. Años más tarde pasó a planta permanente.

Por muchos años vivió en Paraná V y allí, junto a otras mujeres solidarias, llevó adelante un comedor comunitario. Por cuestiones de la vida, hace cuatro años se mudó a Santa Fe y desde allí viaja todos los días para cumplir con su trabajo.

“Me levanto muy temprano, les doy de comer a unos perros que rescaté de la calle, cocino y organizo la casa y emprendo el viaje a la capital entrerriana”, cuenta la ordenanza.

No le da pereza el viaje, tampoco le importa si llueve o hace frío, no le cuesta porque considera que en calle Bavio 299 está su segundo hogar. “Para mí esto no es un trabajo”, recalca.

“Si un chico se accidenta yo estoy ahí para contenerlo. Nunca me vi en otro rol que no sea el de apoyo a mis compañeros docentes y directivos”.

“No hay un pibe malo”

“Una vez, el chico más terrible de la clase, junto a sus compañeros me regalaron un equipo de mate con el logo de la escuela. Venía con un cartel que tengo pensado encuadrar, porque decía tantas cosas hermosas. Este pibe era con quien más discutía, porque le tenía que recomendar que no se moje, que no se porte mal y él me decía: Uh, como me hinchás. Terminamos los dos abrazados llorando de la emoción y es hoy día que aún pasa y me saluda, me dice que tiene los mejores recuerdos”, relató.

Chechi separa muy bien el rol de la familia y el de la escuela. “En la casa se enseña y en la escuela se educa, y se lo hace muy bien”.

“No existe pibe malo. El chico trae a la escuela lo que vivencia en la casa. Si se comporta rebelde es porque seguramente en su hogar no encuentra la contención que se le brinda acá. Vos vieras lo que es abrazar a un nene y que se te haga un bollito en los brazos, en ese gesto demuestra que le falta cariño. Ese abrazo para mí no tiene precio”, reflexionó.

Defensora de la escuela pública

Yo fui a una escuela pública, mis hijos también y estoy completamente agradecida por todo lo que recibí. No hay diferencia en los contenidos de una institución estatal y otra privada. Los ciudadanos tenemos que apuntalar y defender la educación pública. En la Bavio, en especial, la calidad de educación es excelente”, consideró.

Generaciones a su cuidado

En 25 años son tantos los alumnos que pasaron por la institución. Muchos de ellos egresaron y hoy volvieron a la institución, ya en el rol de padres. Es a Chechi a quien le confían sus hijos.

“Es un emoción tan grande cuando llegan y me preguntan si me acuerdo de ellos. Ahí nomás me piden que cuide a sus hijos. Para mí es como si me recomendarán velar por un nieto, es su tesoro el que me encomiendan”, expresó.

Su lugar en el mundo

“De la Bavio me voy jubilada. Cada uno de los alumnos, docentes y directivos, que fueron de una calidad humana excepcional, se llevan un poquito de mi corazón. A los alumnos que hoy recorren estos pasillos, tienen todo mi amor. Yo doy, mi corazón y mi ayuda, es mi forma de ser y Dios siempre me premió devolviéndome el triple. Soy afortunada”, concluyó.

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