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Cartas para un soldado de la Patria

A los 9 años, Gabriela Mogica escribió varias páginas que volaron a las islas. Carlos María Vergara las recibió en medio de la guerra. "Me mantuvo conectado con la vida", dijo. Ayer estuvieron juntos en Paraná, 35 años después

Domingo 02 de Abril de 2017

Fue una mañana en Malvinas. Carlos María Vergara, pertenecía al Regimiento de Infantería 25. Era Mayor del Ejército y a diario pasaba por el entonces soberano Correo Argentino. Retiraba una bolsa con cartas, más de 500, que repartían a cada soldado. El combatiente decidió que una de aquellas tantas iba a ser para él. El remitente decía Gabriela Mogica, una niña de 9 años que escribió palabras de aliento, patrióticas y dignas. Entre otras cosas, le ofrecía una bufanda que podía tejer su abuela, pero no sabía de qué color hacerla. Ayer, en Paraná, se volvieron a encontrar.
Carlos María Vergara fue a Malvinas con 36 años, tenía cuatro hijos, dos de ellos mellizos, pequeños, que apenas juntaban un puñado de meses. El día anterior, su jefe, el teniente coronel Mohamed Alí Seineldín, le hizo jurar que no iba a decirle a nadie el destino del viaje que iban a emprender. Vergara le pidió a su esposa que preparara unos mates, que a las 17 volvía. Le dio un beso a cada uno de los niños y en silencio se fue a la guerra. Esa mujer puso la pava 111 tardes después, es que el hombre no solo fue uno de los primeros en pisar Malvinas, sino que, prisionero de guerra en manos de Inglaterra, fue uno de los últimos en volver.
Conocida la noticia de la recuperación de las islas, el remezón patriótico se sintió en las escuelas. Los maestros de todo el país, le pidieron a sus alumnos que escribieran una carta. Esta tenía que ser impersonal y se titulaba A un soldado argentino. Hoy, a 35 años, ese gesto, el de redactar algunas líneas destinadas a dar aliento, es recordado con orgullo. "Mandaban miles de cartas por día. El correo inglés en Malvinas era una oficina en donde se instaló el Correo Argentino. Su director fue Eberto Caballero. Desde ahí se enviaban y recibían cartas que luego se repartían a los diferentes regimientos", contó el ahora teniente coronel Retirado y Veterano de Guerra, Carlos María Vergara.
Cada regimiento tenía entre 300 y 500 hombres. "Era el encargado, entre otras tareas, de retirar la correspondencia. Las llevaba y distribuía a cada compañía. También dejaba cartas para la plana mayor y me sacaba una para mí, al azar".
Y una de ellas era la de Gabriela Mogica. Vergara, como tantos otros, decidió contestar. "Ponían la dirección y los datos en el remitente. Estando en Malvinas, recibí también una nueva carta de ella, una respuesta que fue personal, solo para mí", dijo el combatiente que además contestó la misiva de una maestra de literatura de San Juan y de chicos de una escuela de Chubut, aunque no se dio el intercambio o no lo recuerda con exactitud.
Carlos María Vergara cumplió con su tarea en Malvinas y dio batalla junto a ese Regimiento reconocido por su heroísmo, por dar pelea, por defender la Patria y ser garantía, como otros, del ejercicio de la soberanía durante 74 días en las islas.
"Recibir una carta era fundamental", dijo el hombre y se hizo un silencio. "Me emociono hasta las lágrimas", pero no hizo falta la aclaración y hubo una nueva pausa. "Eran fundamentales para el mantenimiento de la moral, del espíritu. Eran palabras importantes. Estábamos conectados con el continente, con la vida", contó de un tirón. Estaban conectados con la vida, dijo, con un país malvinizado.
Ayer, en su casa de Paraná, estuvieron los dos juntos. Fue pura risa y emoción. La pequeña niña de 44 años y el muchacho de 70, se volvieron a encontrar.
Gabriela Mogica nació en Capital Federal. Iba a la escuela Santa Margarita. Desde ahí escribió varias páginas de su cuaderno. "Me acuerdo que estaba muy sensibilizada con Malvinas. Me conmovía. Cuando nos propusieron escribir, jamás me imaginé que iba a haber una respuesta. Escribí de corazón y cuando recibí la contestación fue una revolución en la escuela. Era un soldado que había respondido una de las cartas. Se leyó al izar la Bandera", contó ayer, en la casa de Carlos María Vergara, junto a sus hijos y al resto de su familia.
"Le conté qué edad tenía, que le quería mandar chocolates y en una parte le dije que nuestras abuelas estaban tejiendo. Le pregunté si quería una bufanda de color verde soldado o verde musgo. Malvinas me había pegado fuerte y hoy mucho más".
Después de la guerra, Carlos María Vergara tuvo unos días de licencia y se fue a Buenos Aires a pasar unos días con su madre. Ahí estaba su hija que tenía la misma edad que aquella otra niña. Dijo el hombre: "Le conté la historia y decidimos ir a conocerla. Llamé por teléfono y me atendió ella, Gabriela, y me pasó con su mamá". Otra vez, en la entrevista, hubo silencio. Así se conocieron y se sacaron algunas fotos que todavía guardan. Las familias se hicieron amigas, unidas por Malvinas.
A Carlos María Vergara lo destinaron a Crespo en 1984 y por esos años, las familias se reencontraron. "Después perdí el contacto. Mucho más tarde, me enteré que mi hija siguió relacionada con ella a través de cartas", dijo y debieron esperar 26 años para volver a encontrarse. Desde entonces mantuvieron la relación, por eso de seguir conectados con la vida.
Carlos María Vergara fue tiempo atrás a dar una charla a la escuela de los hijos de esta mujer, la misma que ayer, otra vez y al cumplirse los 35 años de la gesta, volvió a decir presente y a mirar a los ojos a su soldado de la Patria.

"Ah, otra cosa que me olvidaba es que te quería poner un chocolate en la carta, pero no pude, pues porque mi papá me dijo que se iba a derretir. Un beso para vos y para todos tus valientes soldados".

"Querida María Gabriela:
Hoy recibí tu hermosa carta y me apuro a contestarte. Muchas pero muchas gracias por llegar de este modo hasta mí. Si me escribís de nuevo te prometo que te voy a contestar.
Tengo cuatro hijos, tres varones y una hija de 9 años (igual que vos) que se llama Ana Carolina. Me llamo Carlos María Vergara y tengo 36 años.
Un saludo para tu papá y para tu mamá, y para vos un beso enorme como un elefante".
Islas Malvinas,
30 de mayo de 1982.

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