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Carne: advierten que será negativo limitar la exportación

Rige hasta fines de 2023 la restricción de vender al exterior siete cortes de carne de consumo masivo en el país ¿Cómo impactará en el mercado interno?

Martes 04 de Enero de 2022

Contribuir a generar un equilibrio entre el mercado argentino y la exportación de productos cárnicos” es uno de los objetivos que persigue el gobierno nacional al implementar la suspensión hasta el 31 de diciembre de 2023 de cortes de carne de consumo masivo, que serán reservados de este modo para el mercado local. Entre ellos se cuentan el asado con o sin hueso, la falda, el matambre, la tapa de asado, la nalga, la paleta y el vacío.

Del mismo modo, se suspende la exportación de las reses enteras, medias reses, cuarto delantero con hueso, cuarto trasero con hueso, medias reses incompletas con hueso y cuartos delanteros incompletos con hueso.

También, según expresaron desde el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, se procura con esta iniciativa fomentar el “agregado de valor” en la cadena dentro del país, promocionando la producción y el empleo; y otorgar “más previsibilidad y confianza al sector, garantizando la producción, la exportación y el consumo”.

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Carne vacuna, un alimento cuyo consumo viene cayendo.

Carne vacuna, un alimento cuyo consumo viene cayendo.

No obstante, referentes del mercado local señalan que esta disposición terminará afectando nuevamente a los productores y también en alguna medida a los consumidores del mercado interno. Emilio Reula, uno de los representantes del frigorífico La Esperanza, de General Ramírez, evaluó cómo podría impactar este medida en la actividad: “Somos productores de hacienda por un lado; y a su vez tenemos el frigorífico, que si bien no es de exportación, sino de consumo interno, no estamos ajenos a las repercusiones que tendrá esta nueva interrupción en las importaciones, en el sentido de que los frigoríficos exportadores, al no poder vender esos siete cortes al exterior y volcarlos al mercado interno, nos obligan a nosotros a tener que venderlos al mismo precio que venden ellos”.

Sobre este punto, explicó: “Para la integración del animal que nosotros despostamos, nos cuesta demasiado. Porque al resto del animal lo vendemos a un valor de consumo interno totalmente diferente al que lo venden ellos. O sea que en un período corto, o a la larga, a nosotros nos termina perjudicando la suspensión de la exportación”.

Asimismo, recordó: “Esta no es una medida nueva, sino es una extensión de decisiones que ya venía tomando el gobierno”. Y opinó: “Me parece que este tipo de iniciativas deberían ser por un período de tiempo más corto. Y si la idea es que la carne vacuna sea accesible para la gente, tiene que ser por medio de la oferta, ya que esta medida lo que hace es desincentivar a que se siga produciendo carne”.

Si bien aclaró que en su caso no producirán menos, indicó: “Conocemos a un montón de productores mixtos que con este tipo de medidas directamente dejarán la producción bovina y se volcarán a continuar solo con la agricultura”.

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Por otra parte, observó que en la dinámica del sector existen otras dificultades a sortear: “Los que somos productores de carne vacuna venimos perdiendo además año a año contra alternativas como son la carne de cerdo y de pollo. La gente va buscando opciones y precios, y hasta hace ocho años atrás en un asado era todo carne vacuna; hoy te encontrás con que en la parrilla también se combina con cerdo y pollo, que se siguen posicionando en el consumo per cápita contra un retroceso de los cortes vacunos”.

También Emanuel Satler, productor de hacienda y propietario de una carnicería de calle Blas Parera, concordó: “En la medida en que el gobierno se meta cada vez más en el negocio, genera menos previsibilidad, porque sabemos que en cualquier momento nos pueden cambiar las reglas de juego. Este es un circuito de producción a largo plazo, porque hay que tener la vaca para reproducirse, la gestación es de 9 meses, una vez que nace el ternero son seis meses más al pie de la madre, de ahí va a una recría uno o dos años, luego son dos años más de engorde; y hasta que sale un novillo de exportación tienen que pasar entre tres a cinco años. Entonces, estamos proyectando un negocio a ese plazo y asumiendo costos todo ese tiempo para recuperarlos después, y si nos ponen medidas de un año a otro es imposible la previsibilidad".

"Estamos invirtiendo en algo en lo que no se tienen certezas si se va a recuperar y a qué precio”.

Efectos en la demanda

Con respecto a los cortes que no se podrán exportar hasta fines de 2023 por decisión del gobierno nacional, Satler manifestó: “Al no exportarse esos cortes se vuelcan al consumo interno. A través de la oferta haber precios más bajos, pero hay que tener en cuenta que una cosa es el precio del novillo en pie, pero después, en el proceso productivo, va a terminar habiendo una compensación que siempre va para arriba”.

“La oferta y la demanda es lo que debería establecer los precios, y eso va a depender más que nada del poder adquisitivo que tenga el consumidor”, reflexionó.

Acto seguido, analizó: “Hay también otras medidas que distorsionan mucho los precios: si bien esta muy bueno para la gente de menores recursos sacar programas para que haya cortes a precios más bajos a través de negociaciones que el gobierno tiene con los grandes frigoríficos exportadores, que son tres o cuatros en el país, cuando se anuncia el kilo de asado a menos de 600 pesos distorsiona el mercado en detrimento de los productores privados o de los que son conformadores de precios, y provoca una distorsión en el mercado. Son medidas para Buenos Aires y solo para cadenas de hipermercados, y no es que estos cortes sean más baratos, sino que son subsidiados con impuestos que nosotros mismos pasamos. No es que realmente baje el precio, y termina produciendo un daño a los competidores del mercado”.

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En otro orden, se refirió a los incrementos que se registraron el mes pasado, previo a las Fiestas, y señaló: “Aumentó el precio en diciembre por un mayor consumo. Las subas fueron de entre un 10% y un 15% en promedio, pero hubo cortes que se mantuvieron planchados, como son los estacionales como los pucheros, la carne picada y todo lo que es más de invierno, que prácticamente mantuvo sus valores. Y los otros cortes que se llevan más para Navidad y Año Nuevo y también durante el verano, como el asado, el peceto, el lomo, la colita de cuadril, la pulpa, subieron por encima del promedio, algunas hasta en un 50% y un 60%”.

En este sentido, comentó que hoy el kilo de asado vale en la actualidad aproximadamente 1.000 pesos, al igual que el vacío; la falda ronda los 650 pesos; el matambre, que se consume más en esta época, está entre 1.000 y 1.100 pesos; la tapa de asado está alrededor de 900 pesos: la nalga cuesta 1.000 pesos: la paleta, entre 850 y 900 pesos. “Ahora en esta época sigue el consumo de asado y también mucha la pulpa especial, todo lo que es nalga, peceto, cuadrado, bola de lomo”, concluyó.

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