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Descubriendo Entre Ríos

Carlos Natalio Ceruti: la historia del Homo sapiens

Del Homo habilis a nosotros, pasando por ergaster, erectus, heidelbergensis, hobbit, neandertal, denisovano, cromagnon, ¿y cuántos?

Sábado 03 de Julio de 2021

¿Historia o prehistoria? Esa división que parecía natural hace algunas décadas, ¿tiene aún vigencia? Consultamos al antropólogo y arqueólogo Carlos Natalio Ceruti, un investigador del Conicet que marcó huella en el estudio de nuestros pueblos antiguos del litoral, desde el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Profesor Antonio Serrano, de Paraná.

El científico, radicado en Santa Fe, señala el estado actual de los conocimientos, las bifurcaciones, los cruzamientos, las hipótesis, las comprobaciones y las distintas teorías que coexisten en pleno siglo XXI sobre la deriva humana.

Traza incluso probables itinerarios del ingreso de la humanidad en nuestro continente Abya yala (América).

Ya está probado, dice, que la humanidad de hoy es fruto de distintas especies del género Homo emparentadas, pero en algunos casos se desconoce si formaron familias o el cruce fue el fruto de encuentros casuales, o de violaciones.

La genética aporta datos extraordinarios para conocer los viajes más recientes de la humanidad. Sin embargo, en los fósiles más antiguos no hay posibilidad de extraer el ADN de manera que ahí predominan las técnicas de los paleontólogos.

Caza y carroñeo

¿Todos/todas venimos de África? ¿Y cuánto tenemos de neandertales? ¿Por qué muchas etnias africanas no registran en sus genes aportes de neandertales, a diferencia de muchas europeas y asiáticas? Los pueblos de menor estatura (como los llamados hobbit) ¿vienen de otras especies, o se achicaron con el paso de los milenios por condiciones climáticas en las islas?

Carlos Natalio Ceruti ha estudiado por décadas los pueblos antiguos del litoral, principalmente en Entre Ríos y Santa Fe, y también la presencia de africanos en nuestra región. Sus aportes a la ciencia, desde los informes anuales al Conicet principalmente, son citas fundamentales en la investigación. Con su habitual buena onda nos contesta aquí algunos de nuestros interrogantes sobre los misterios de ese gran viaje de la humanidad, que continúa en pleno siglo XXI.

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Carlos Natalio Ceruti. Con los neandertales compartimos el 16% de los genes, salvo los africanos, dice el científico.

Carlos Natalio Ceruti. Con los neandertales compartimos el 16% de los genes, salvo los africanos, dice el científico.

—¿Qué puede decirnos de los estudios de ADN que hablan de por lo menos cuatro especies mezcladas en el Homo sapiens?

—Hasta donde sabemos, hay por lo menos tres, sino cuatro momentos probados y otros hipotéticos en que la protohumanidad y/o la humanidad, sale de África y se expande por el mundo. El género Homo se originó en África, a partir de un primate bípedo que había aprendido a fabricar herramientas (no fue el único, posiblemente) e incorporó a su dieta la carne como componente regular. Este incremento de proteínas permitió, por una parte, el crecimiento del cerebro (el órgano que consume más energía) y por otra favoreció la interacción social, ya que la caza (o el carroñeo, que incluye alejar a otros competidores, como hienas, perros salvajes, buitres, etc) necesitan del trabajo comunitario. Posiblemente ese primer antepasado directo sea Homo habilis, un pequeño ser de 600 cm3 de capacidad cerebral, localizado en el barranco de Olduvai (Kenia), con una antigüedad de 2,8 a 1,8 millones de años.

Entre 2 y 1,8 millones de años atrás, en Kenia, Tanzania, Etiopía y en Sudáfrica comienzan a aparecer ejemplares de un tipo más evolucionado de hombre, el denominado Homo erectus, mucho más alto (alrededor de 1,80 m) y con un cerebro de unos 900 cm3 de capacidad promedio. Este Homo será el primero en salir de África, hace 1,8 millones de años, atravesando el Mar Rojo por el sur, hacia la Península Arábiga y por el norte hacia la faja de tierra que hoy ocupan El Líbano, Israel y Siria. Algunos investigadores prefieren utilizar la terminología Homo ergaster para los Homo erectus africanos, y dejar este último nombre para los euroasiáticos.

Desde los actuales territorios de Israel y El Líbano, H. erectus se dirigió hacia el este y el oeste. La rama este cruzó por el norte de la India y hace 1 millón - 800.000 años llegó a China (es la forma que antes se denominaba Sinanthropus pekinensis). Una derivación se dirigió al sur, por la cadena de islas de Indonesia (por entonces una península emergida) alcanzando Java hace 1,5 millones de años (forma denominada antes Pitecanthropus erectus, la primera en ser descubierta, en el siglo XIX).

De la actual Isla de Flores procede una forma de pequeño tamaño, denominada Homo floresiensis (llamado popularmente “El Hobbit”) un enigma todavía, ya que se ignora si es un H. erectus tardío, que disminuyó de tamaño (un fenómeno frecuente en islas; la fauna de Flores incluye un elefante enano, el Stegodon), o el resto de una antigua migración de una especie emparentada con H. habilis. Su antigüedad es de 100.000 a 60.000 años.

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Los Neandertales

Carlos Ceruti nos recuerda que el estado de fosilización de todas estas formas humanas (menos el H. floresiensis) “hizo imposible la extracción de ADN, de manera que todos los estudios realizados son paleoantropológicos, y no genéticos”.

Dicho esto, el investigador continúa con los parientes que entraron a Europa y que, con los milenios, darán las especies que luego se cruzarán con el Homo sapiens evolucionado en África para después expandirse en el orbe.

—La rama que se dirigió al oeste (1,2 millones de años atrás) pobló la Europa mediterránea originando el Homo heidelbergensis (al parecer el primero que dominó el fuego) y alcanzando la actual Gran Bretaña por una parte, y España por otra, donde está presente en la localidad de Atapuerca. Otra teoría propone que H. heidelbergensis deriva directamente de H. ergaster (el H. erectus africano), y cruzó a Europa en épocas diferentes a sus similares asiáticos. El H. heidelbergensis, a su vez, contribuirá a originar el Homo neanderthalensis, el “Hombre de Neanderthal”, con quien compartimos (salvo las poblaciones africanas) alrededor de un 16% de genes, posiblemente aquellos relacionados con adaptaciones al frío.

En el yacimiento de Dmanisi, en Georgia, se encontraron los ejemplares del denominado Homo georgicus, posiblemente una derivación de H. erectus, o quizás la evidencia de un pasaje anterior procedente de África, es decir: con más similitudes con H. ergaster que con sus parientes asiáticos (H. erectus).

Otro pasaje desde Africa de H. ergaster se produce hace unos 800.000 años. Desde el norte de África, un grupo cruzó el Mediterráneo pasando por Sicilia hasta el sur de Italia, y otro, el Homo antecessor, por Gibraltar llegó al yacimiento de Atapuerca, en Burgos, España. En África, H. ergaster iba a originar nuestra propia especie, H. sapiens, mientras que H. antecessor junto con H. heidelbergensis darían forma al “hombre de Neanderthal” (H. neanderthalensis), una especie fundamentalmente europea, adaptada al frío de las dos últimas glaciaciones, de gran robustez y con un cerebro igual o incluso mayor que el nuestro, con gran desarrollo del cerebelo y poco del lóbulo frontal.

Los Denisovanos

Aislados en Siberia, nos quedaron los Denisovanos, de los que se conoce muy poco sobre su aspecto físico, pero de los que se obtuvo ADN procedente de un fragmento de falange y tres dientes. De acuerdo a ese ADN (o fragmentos de ADN, porque es sumamente difícil reconstruir TODA la cadena; pensar lo que costó armar el genoma del H. sapiens), los Denisovanos son distintos a H. sapiens y H. neanderthalensis, aunque están más cerca de este último. El origen de los Denisovanos (que todavía no tienen nombre científico) permanece en la oscuridad, pero las primeras hipótesis indicarían que hace 45.000 años estuvieron en contacto y se cruzaron con H. sapiens, cuyo ADN tiene también partes del ADN de H. neanderthalensis, especie que nunca llegó a Siberia.

Hombre de Cromagnon

El científico ya nos adelantó el cruzamiento de sapiens con neandertales, y la probabilidad de que esos sapiens (ya entreverados), luego se entrelazaran con denisovanos. Falta, entonces, que nos explique el origen del Homo sapiens. Y aquí va, pues, la explicación de nuestra especie, la llamada humanidad, hasta donde sabemos hoy.

—La última migración, es la de nuestra propia especie, H. sapiens, originado en África, y cuyo genoma fue descifrado hace pocos años. H. sapiens, comúnmente denominado “hombre de Cromagnon” comenzó a formarse hace unos 160.000 años en el Valle del Rift, al este de África, a partir de H. ergaster. Hace unos 100.000 años se dirigió al noroeste, ocupando la costa mediterránea de África. Otra rama cruzó por el norte del Mar Rojo, y se escindió: una parte fue hacia el oeste, y hace 45.000 años llegó a Francia y España, cruzándose con H. neanderthalensis, luego al este, llegando a Siberia donde se cruzó con los Denisovanos.

Otras poblaciones fueron hacia el este. Hace unos 65-60.000 años llegaron a la India, siguieron por China y Rusia, cruzando hace unos 20 a 15.000 años hacia América por el puente de Bering. Desde la India, por otra parte, bajaron por la península de Indochina y por Indonesia (entonces tierras emergidas). En Java se pusieron en contacto con los últimos H. erectus, en Flores con el H. floresiensis, cruzaron por mar hasta Australia donde llegaron hace 50-40.000 años (trayendo perros, de los que desciende el dingo). Los investigadores chinos, por su parte, sostienen que no todos los H. sapiens vinieron de África, pudiendo haberse originado los asiáticos en formas locales muy antiguas, como el H. erectus, recombinado con H. sapiens africanos en épocas posteriores.

Según los genetistas, finalmente, una población de H. sapiens descendiente de la famosa “Eva primigenia” se las arregló para cruzar el Mar Rojo por el sur, poblando el sur de la Península Arábiga.

El 16%

—Con tantos años estudiando a los pueblos, ¿usted siente que los análisis de ADN están revelando con mayor rapidez o nitidez la procedencia de los seres humanos actuales?

—Existen dos vías para estudiar este fenómeno. 1) la Paleontropología, que trabaja con los restos en sí; y la Genética, que analiza el ADN. De hecho, es muy difícil encontrar ADN, ya que los restos humanos mineralizados (“fósiles”) o alterados por cualquier otra causa, no sirven. Solamente tenemos ADN de los Denisovanos, el H. floresiensis, el H. neanderthalensis y nuestra especie, H. sapiens. En este sentido, lo más importante ha sido: a) determinar el ritmo general de las mutaciones, constituyendo un Reloj Biológico que sirve para precisar cuándo una especie se separó de las anteriores. Hay que aclarar que no siempre este Reloj coincide con las apreciaciones paleoantropológicas, sino que son dos métodos independientes que a veces entran en contradicción; b) terminar con la polémica sobre el parentesco H. neanderthalensis-H. sapiens. Sí, se cruzaron sexualmente y tenemos un 16% de genes neandertales (menos los africanos); c) precisar cuándo se produjo la salida de H. sapiens de África.

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Atapuerca. Sitio de privilegio por los abundantes testimonios de vida.

Atapuerca. Sitio de privilegio por los abundantes testimonios de vida.

—Hasta hace pocos años ni hablábamos de los Denisovanos; tampoco se nos ocurría pensar en familias de neandertales con sapiens. ¿Estamos a las puertas de algún gran descubrimiento?

—La ciencia es así. Avanza con cada nuevo descubrimiento, pero de ninguna forma permite precisar cuándo va a surgir ese descubrimiento, al menos en Paleoantropología. Podemos abrigar esperanzas, pero no hacer previsiones. En cuanto a hablar de “familias” constituidas por neandertales y sapiens, es muy aventurado. Desde el momento en que nuestros remotos antepasados adquirieron la marcha bípeda, las hembras pudieron ser violadas (las monas, por el contrario, por la posición de los órganos sexuales, tienen que cooperar indefectiblemente). Los nacimientos de híbridos pueden ser, si, producto de un entorno familiar, pero también de un encuentro casual o de una violación.

El eslabón perdido

—Si en su momento rechazamos la idea de dividir historia de prehistoria, considerando la continuidad de las relaciones humanas, ¿nuestra historia tiene que considerar ya la vida de neandertales, denisovanos y otros, para conocer a la humanidad misma?

—Es lo que estamos haciendo. La división entre “Historia” y “Prehistoria” es un concepto obsoleto, muy europeizante. Históricos serían los pueblos con escritura, y prehistóricos los sin escritura, aunque sean muy desarrollados en otros sentidos y contemporáneos, como los Incas. Es gracioso (menos para ellos) comprobar que, según este criterio, los vascos hasta el siglo XVII serían “prehistóricos”, porque no tenían lenguaje escrito.

—Con tantas precisiones del ADN, ¿no corremos riesgo de que surjan nuevas tendencias racistas, o supremacismos?

—Esa pregunta no tiene respuesta. A partir del desciframiento del genoma humano, hubo “descubrimientos” de genes de cualquier cosa, por ejemplo la homosexualidad. En todo caso, los supremacismos no necesitan de ese aporte. Por suerte los ideólogos del nazismo se dedicaron más a la Arqueología, aunque Martín Borman hizo de las suyas con embarazadas y gemelos.

—El día que le dijeron a la humanidad que descendíamos de los monos, hubo gran resistencia. Luego se dijo que ambos descendíamos de un animal anterior. ¿No siente usted que el avance en la ciencia no logra determinar qué animal es nuestro ancestro con claridad?

—Eso no se va a lograr nunca. Que un resto se fosilice es casi un milagro, que depende fundamentalmente de las condiciones ambientales en que se depositó, de que no haya sido destruido (por la erosión, por ejemplo), y de que lo encuentre alguien que sepa interpretarlo. Esos restos, correspondientes a individuos aislados, pueden “encadenarse” y armar árboles genealógicos. Pero ocurre que la evolución no trabaja con individuos, sino con poblaciones, que internamente presentan infinitas variaciones dentro de un plan general. ¿Cómo saber, frente a un resto que puede ser una muela, una falange, un cráneo, si ese individuo era EXACTAMENTE aquel cuya descendencia iba a terminar originando el hombre actual? No pedir peras al olmo.

Humanidad en Abya yala

En la extensa entrevista preguntamos a Ceruti sobre los avances de la ciencia en torno del ingreso del ser humano en nuestro continente, cuyo nombre está en cuestión en estos años. Por siglos fue aceptado el europeo “América” pero los pueblos originarios y no pocos estudiosos, periodistas, historiadores, llaman “Abya yala”, una voz que proviene de las etnias Gunas.

—¿Podríamos descubrir algún día que nuestros pueblos anteriores a la conquista europea proceden de puntos muy distantes, y no necesariamente todos son asiáticos ingresados por Bering?

—Hay dos caminos principales para el poblamiento de América. Uno, es el que entra por Bering, en distintos momentos, entre 20-15.000 años atrás. El otro, costea las tierras emergidas de Centro América (hoy el istmo de Panamá y las islas del Caribe), y entra por Venezuela y Brasil, cuyas costas estaban retiradas más de 200 km durante la última glaciación. Una derivación penetra por el actual Mato Groso (por entonces una sabana herbácea). No está claro cuál es el punto de entrada de esta corriente, cuyos elementos constitutivos (por ejemplo, las puntas de proyectil) son distintos a los de la corriente andina. Después, están los poblamientos secundarios, parcialmente hipotéticos, como los llegados por el Pacífico, e incluso uno que sugiere la llegada por el Atlántico desde Europa.

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