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Cada vez más mujeres levantan paredes y derriban viejos mitos

En un mundo laboral habitualmente confinado a los hombres, ellas procuran abrirse paso para demostrar que son capaces y tienen la fuerza necesaria para dedicarse e incorporarse a oficios.

Domingo 04 de Noviembre de 2012

Vanesa Erbes/ De la Redacción de UNO
verbes@unoentrerios.com.ar

Amalia Aranda y Natalia Monzón no faltan nunca al taller de Albañilería que se dicta en el Centro Comunitario de Educación Permanente Nº 16 de Anacleto Medina. Allí se animan a desafiar al masculino mundo que se erige sobre un imaginario social que relega a este oficio exclusivamente a los hombres. Se animan a hacer la mezcla y a tirarla con fuerza contra la pared para que el revoque se afirme y no se caiga sobre el suelo. “A mí al principio me costaba, pero me puse a pensar que en la pared estaba la cara de alguien que no quiero, así que le tiro con todo”, dijo entre risas Amalia.


Emprendedoras y dispuestas a demostrar sus capacidades, aseguran que a la hora de trabajar son más prolijas que sus compañeros: “Nosotras vamos limpiando lo que se cae, pero ellos dejan todo tirado. Lo hacemos además porque no nos gusta desperdiciar la mezcla”, aseguró a UNO Natalia.


En esto coincide Teodoro Candapay, uno de los capacitadores: “Las mujeres trabajan mejor. A ellas de 10 ladrillos que colocan les tengo que corregir uno, pero a los muchachos cinco”, aseveró, a riesgo de ganarse la antipatía de sus congéneres.


Amalia fue la primera que comenzó el taller, con la idea de poder arreglar su casa. “Trabajo en el municipio y mi sueldo no me alcanza para pagar un albañil, por eso quise aprender”, expresó. Por su parte, Natalia afirmó: “A mí me gustó desde siempre la albañilería.

Veía trabajar a mis tíos en la construcción y quería hacer un curso. Yo soy empleada doméstica y antes no me coincidía el horario, pero ni bien pude arranqué con las clases y toda la semana estoy esperando que llegue el lunes para poder ir al taller”.


En referencia a la relación con sus compañeros del taller, manifestaron que son muy respetuosos con ellas y que procuran eximirlas de las tareas que demandan mayor esfuerzo, como por ejemplo levantar un balde lleno de cemento. Pero ellas están dispuestas a probar que pueden, que tienen la fuerza y la voluntad suficientes para trabajar a la par, sin por eso tener que resignar su femineidad.


“Al principio nos miraban raro, pero después se fueron acostumbrando”, dijeron ambas, con una inapelable satisfacción en la mirada.


Ahora piensan que esto puede llegar a convertirse en una salida laboral en un futuro cercano. “No sé si nos contratarían en alguna empresa, pero seguramente nos puede salir alguna changuita con nuestros amigos o familiares, que ven cómo trabajamos”, concluyó Natalia.

Conquistar espacios
Hace algunas décadas, el lugar de la mujeres estaba confinado a la cocina y al hogar. Pero poco a poco la féminas optaron por trabajar fuera de ese ámbito, buscando no solo brindar un aporte para la economía doméstica, sino también procurándose un espacio para poder concretar su realización personal a través de un oficio o una profesión. Raudamente, fueron abriéndose camino en el mundo laboral, aunque sin resignar en muchos casos la maternidad y algunas tareas en sus casas. Y a pesar de que aún en la actualidad corren con desventaja en lo referente a salarios y posiciones dentro de un organigrama, no bajan los brazos y perseveran para demostrar su valía.


El oficio de gasista también resulta atractivo para ellas
A Josefina le quedaban dos materias para terminar la escuela Secundaria y obtener el título de Maestra Mayor de Obras. Gracias al Plan de Finalización de Estudios Primarios y Secundarios (Fines) del Ministerio de Educación de la Nación pudo concretar este anhelo y en la actualidad está habilitada para firmar planos.


Sin embargo, no conforme con esto, quiso aprender más para poder complementar sus posibilidades laborales. Así fue como se decidió a inscribirse al taller de Instalación de Gas del Centro Comunitario Nº 12 Corrales, donde asiste dos veces por semana y comparte el aula con sus compañeros, la gran mayoría hombres.


“Ya aprendimos a hacer todo lo que se refiere a presentaciones en la empresa de gas, y también los contenidos teóricos y prácticos de la puesta en obra”, contó a UNO.
A su vez, señaló: “Son muchos varones y solo asistimos dos mujeres, pero existe una relación de mucho respeto”.


Josefina indicó que cuando le comentó a sus hijos que iba a dedicar este año a aprender este oficio, recibió el poyo de su familia:“Ahora uno de mis hijos también se entusiasmó con formarse a través de este taller”.


En referencia a la salida laboral, manifestó: “A veces es difícil en estos rubros conseguir trabajo siendo mujer. Hay mucha desconfianza en esto hacia nosotras, pero creo que no tiene que ver con dudas sobre nuestra capacidad, sino porque a lo mejor los hombres tienen más experiencia y por eso les tienen mayor confianza”.

Otros talleres
En los centros comunitarios “se ofrecen otros talleres que antes eran típicos de los hombres y que ahora también van ganado adeptas mujeres, tales como herrería y carpintería”, aseguró Joel Stizer, director de l área de Jóvenes y Adultos del Consejo General de Educación.

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