Opinión
Domingo 17 de Junio de 2018

Buscan apurar la reforma electoral

La reforma del código electoral entrerriano pareció tomar nuevo impulso durante la última semana, aunque en un escenario bastante diferente al de principios de febrero, cuando el tema empezaba a instalarse como central en la dinámica de la política provincial. Los cambios demandarán otra estrategia al oficialismo y el tiempo que corra será un facto en contra del intento de renovar el mecanismo.


Pasadas nueve semanas y media desde el envío efectivo del proyecto al Senado, y a sabiendas de que resultará imposible cumplir con el plazo inicial sugerido desde el Ministerio de Gobierno, que era votar el proyecto en junio; la iniciativa comenzó a analizase en comisión en el Senado el jueves. El primer paso fue la convocatoria a 14 fuerzas políticas para escuchar sus posturas frente al proyecto del Poder Ejecutivo.




Si bien en el recinto del Senado se sentaron los representantes de una quincena de partidos, solo dos tienen representación legislativa, son los dos socios principales de la alianza Cambiemos. El resto no tiene injerencia directa sobre los legisladores. Incluso la ministra de Gobierno, Rosario Romero, explicó:"Al proyecto lo presenta el gobernador y lo hace como titular del Partido Justicialista, por eso hoy no hay un representante específico" de ese partido.


El proyecto del Ejecutivo tiene como aspectos salientes la regulación de los plazos electorales, de modo que la provincia pueda realizar elecciones en una fecha diferente de las nacionales, y que estas puedan ser convocadas por el gobernador; la inclusión del mecanismo de boleta única para votar, manteniendo el soporte de papel (no la boleta única electrónica que impulsa la Nación); y la inclusión de las minorías en las listas, de la misma manera que la igualdad de lugares para mujeres y varones en los listados de cargos legislativos.


Lógicamente la argumentación del Ejecutivo en cuanto a la conveniencia del sistema propuesto no ha cambiado. Romero explicó la reforma como la "evolución" del sistema que le otorga al elector mayores ventajas al momento de emitir su voto en el marco de un mecanismo "más participativo, de calidad y transparente para el ciudadano, donde este pueda combinar, al momento de elegir, la persona y la expresión partidaria", además de reducir el costo del "gasto electoral para los partidos" ya que no tendrán que afrontar la impresión de cientos de miles de boletas electorales.


El escenario presenta algunas dificultades que el oficialismo deberá resolver si quiere llevar a buen puerto la iniciativa. En el frente interno, uno de los escollos es que no todos los legisladores oficialistas están de acuerdo con la boleta única. Admiten que la buena imagen de la que goza Bordet puede llevar a ganar la categoría de gobernador con el mecanismo en 2019, pero sostienen que también favorece a los intendentes de Cambiemos y a los vecinalistas, recortándole al justicialismo la posibilidad de ser gobierno en los municipios que hoy no conduce.


Lo mismo sucedería en la elección de diputados y concejales, si finalmente el proyecto se aprobara como lo envió Bordet, donde se vota cada categoría con un cuerpo electoral diferente. De este modo, dicen, la imagen del gobernador no traccionaría a otros candidatos, desentendiéndose del proyecto común que se supone existe para gobernador la provincia y los municipios.


Hay quienes entienden, por caso el jefe del bloque de senadores del oficialismo, Ángel Giano, que podría existir una atenuación de esa objeción si se adoptara el mecanismo que se usa en Córdoba, donde la lista de candidatos a diputados va en el mismo cuerpo que la del gobernador. Queda planteada igual la queja por los intendentes.


Una objeción más profunda plantean los legisladores que sostiene la conveniencia de adoptar un sistema de lemas, que unifique la elección interna y la general en un solo paso, ya que en cada partido o frente electoral competirían varios candidatos y el ganador de cada espacio contabilizaría para sí todos los votos de ese frente o partido a la hora de decidir (frente a los ganadores de los otros frentes o partidos) quien accedió al cargo en disputa. Se trata de un sistema bien diferente al de la boleta única, al cual la ministra Romero tachó de inconstitucional en varias oportunidades, cuando fue consultada.


No es sencillo saber cuántos legisladores oficialistas, básicamente diputados, sostendrán en la discusión la idea de los lemas que hoy aparece encabezada por el exgobernador Sergio Urribarri. No resulta sencillo el cálculo porque una cosa es realizar este planteo en el off the record periodístico y otra es sentarse frente al gobernador y mantener esta mirada diferente, por el verticalismo que se sabe caracteriza al partido gobernante.



Romero dijo que el mandatario presentaba el proyecto en su condición del presidente del PJ. Justamente una de las críticas que desde sectores del justicialismo le hacen a Bordet es no ejercer una presidencia activa del PJ entrerriano, que mantiene durante su mandato el letargo que arrastra desde hace más de una década.



Para poner en aprietos a los dirigentes justicialistas basta proponerles que recuerden cuándo fue el último congreso del PJ y qué temas trató. Incluso ese aspecto de la latente vida partidaria fue retomado en algún debate a partir de la intervención del PJ nacional, que dejó abierta las puertas de la intervención de los partidos a nivel provincial, dado que el argumento central fue justamente la falta de señales de actividad partidaria.



Sobre ese punto hubo un indicio la semana pasada de que el bordetismo podría tomar nota del tema. La crónica oficial de un encuentro del gobernador con el exvicegbernador y secretario general del PJ José Cáceres, puso en boca del dirigente paranaense una frase al respecto: El gobernador conduce el partido y está decidido a liderar el proceso electoral que se viene. "Él (Bordet) está abocado a la gestión, y ahora tendrá que pensar también cómo encuentra los tiempos para desarrollar una actividad política partidaria y pensando electoralmente, más allá de las definiciones pendientes", señaló Cáceres.



Urribarri es el vicepresidente del PJ entrerriano, pero con Urribarri el diálogo está cortado. En el entorno del exgobernador aseguran que de aprobarse el mecanismo de la boleta única el kirchnerismo entrerriano competirá por fuera del PJ oficial, en el marco del frente Unidad Ciudadana, enrolados en el Partido de la Victoria. Esa definición, que por cierto hoy puede parecer lejana, pondría en duda el triunfo justicialista de Bordet en 2019; aunque el ejercicio de imaginación deje todavía varios casilleros vacíos, cómo imaginar quién podría ser el candidato a gobernador de ese espacio. Claramente el actual gobernador es el único aspirante ya instalado en la provincia.



En declaraciones off the record desde el oficialismo califican como planteo extorsivo el del kirchnerismo, y acicatean al sector indicando que Urribarri solo busca asegurarse su continuidad como legislador (nacional en este caso); mientras que desde el urribarrismo lo chicanean a Bordet diciendo que no habilitaría jamás una ley de lemas para competir con otros candidatos del PJ porque incluso queda a tiro de ser derrotado por el actual vicegobernador Adán Bahl. No es extraño entonces que el diálogo esté cortado. Pero nada es para siempre. Bordet ha comenzado a dialogar con los diputados peronistas y, como se dijo antes, una cosa es sostener posturas en los pasillos de la planta baja, y otra mantenerlas cuando son convocados al primer piso.




Por supuesto que por fuera de estas consideraciones hay otro grupo de dirigentes que así como le reclaman a Bordet que ejerza la titularidad partidaria, también se preguntan quién o quiénes monitorean el efecto que tendría cualquier tipo de reforma electoral en la cambiante situación política entrerriana y nacional. Por un lado hay un claro deterioro de la imagen presidencial y de la gestión de Cambiemos de la mano de la violenta depreciación del peso, la caída de los salarios, el encarecimiento del costo de vida y el aumento de la pobreza. Desde el punto de vista electoral está claro que ya el justicialismo puede pensar en competir en 2019 por la Presidencia, algo que hace unos meses parecía imposible. Ahí entra a discutirse si conviene o no separar la elección provincial de la general, aunque parece existir consenso respecto de la necesidad de que la decisión de la convocatoria vuelva a ser una facultad provincial, y del gobernador, como fue durante muchas décadas hasta que se resignó en la reforma hecha a la ley Castrillón en 2014, cuando se empardaron las primarias provinciales y nacionales en el segundo domingo de agosto.



Si se habla de la elección presidencial, y mucho más de la posibilidad de que la provincial sea en la misma fecha, en octubre del año que viene, surge la duda acerca de cuál es la referencia nacional de Bordet. El grupo de gobernadores, y el PJ no kirchnerista en general, carece hasta ahora de un candidato de peso, y si bien el salteño Juan Manuel Urtubey sigue siendo el "más presidenciable" de ese sector, no termina de definir si competirá o no.



Esa es una debilidad de la postura del mandatario provincial, que podría atenuarse con la boleta única, aún si las elecciones fueran conjuntas. En la vereda de enfrente las cosas no son más sencillas para Cambiemos. Varios de los que ya habían comprado el traje para asumir en 2019 han comenzado a sentir el frío de la duda. El deterioro del gobierno nacional es determinante. La indefinición del ministro Rogelio Frigerio sobre si ser candidato en la provincia o no serlo, que antes podía ser interpretada como una maniobra de control sobre el espacio macrista (yo no largo ni me bajo, y así los freno a los otros), ahora es leída cada vez más como un signo de debilidad. "Rogelio hará lo que le diga el Presidente", aseguran sus allegados.



Los radicales entrerrianos, que se apresuraron a festejar el retorno de Frigerio a la mesa chica macrista entendiendo que eso lo alejaba de una candidatura provincial, saben que las tensión política es tan fuerte que de a ratos amenaza el estallido de la alianza de la buena imagen. Pero también saben, sobre todo los diputados cercanos al lanzado candidato radical Atilio Benedetti, que su suerte está atada a la del macrismo, y en ese sentido es que no se los ve muy apurados por votar la reforma electoral, y menos aún la separación de la fecha de las elecciones.



Los legisladores macristas puros, en tanto, se han llamado a silencio. Inicialmente habían objetado la idea de separar los comicios provinciales y nacionales con el conocido argumento del ahorro (que también usa el bordetismo para la boleta única) pero ahora parecen estar esperando una indicación de arriba. A estas valoraciones se suman muchas otras. Una de ellas, claramente es la referida al impacto que tiene en las aspiraciones electorales de Cambiemos la situación judicial del intendente de Paraná Sergio Varisco, imputado en una causa por narcotráfico.



Es difícil imaginar algún escenario en el que Cambiemos no resulte afectado en la ciudad de Paraná, el distrito que concentra más del 20% de los electores de la provincia. En su intento por sacar la reforma, el bordetismo deberá recurrir a todos los resortes, no solo los propios del ejercicio del poder y del liderazgo partidario; sino también a tejer alianzas y acuerdos que permitan abrigar el proyecto el proyecto de reforma, para evitar que se siga enfriando.

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