Secciones
Historia

Batalla de Las Tunas: Un cruce sangriento a las afueras de Paraná

Se conmemoran 201 años de la Batalla de Las Tunas, el enfrentamiento entre Francisco Ramírez y José Gervasio Artigas que cambiaría el rumbo de la historia.

Miércoles 23 de Junio de 2021

Al costado de la Ruta 12, a la vera del Arroyo Las Tunas, una pequeña pirámide mocha es el testimonio silencioso y olvidado de un hecho trascendental de la historia entrerriana. El ajetreo de autos, motos y camiones hacen casi imposible reparar en ese lugar que en 1820 no fuera más que un descampado donde iría a morir el sueño de la Liga de los Pueblos Libres. Al mediodía de ese fatídico 24 de junio de 1820, en ese lugar que limita los ejidos de San Benito y Paraná, Francisco Ramírez masacró a las tropas de José Gervasio Artigas, Protector de los Orientales, bajo cuyo mando había librado tantas batallas contra el centralismo porteño. Al intentar vadear el arroyo, el caudillo uruguayo se encontró con un embudo formado por las tropas del Mayor Lucio Mansilla y el coronel Francisco Pereyra que con nutrido fuego le produjeron numerosas bajas; a eso se le agregaría el ataque de los coroneles Ricardo López Jordán, Gregorio Piris, Pedro Barrenechea y Juan León Sola, propinándole una sangrienta derrota.

Paraná apenas había sido elevada al rango de villa siete años antes. Se buscaba poblar la zona para protegerla de los portugueses, quienes incursionaban constantemente por la región con el fin de expoliar las grandes cantidades de ganado cimarrón que había en la zona, criándose prácticamente solo.

El territorio “urbanizado” era muy acotado, la villa estaba compuesta de ranchos y el resto era campo abierto atravesado por arroyos. En la zona, de Las Tunas y lo que hoy es San Benito, los únicos vestigios del hombre eran un par de postas de correo, donde los chasquis renovaban su cabalgadura. Quizás algún rancho o un cobertizo armado con palos y cuero.

Batalla de las tunas Ayelen Morales.jpg
La Batalla de Las Tunas se desarrolló en inmediaciones del Camin de las Carretas, actual calle Hernandarias

La Batalla de Las Tunas se desarrolló en inmediaciones del Camin de las Carretas, actual calle Hernandarias

“El camino pasaba 500 metros más al sur, no donde actualmente está Almafuerte, sino por donde está la planta de Cartocor, la que hoy es calle Hernandarias. No era un camino recto, era sinuoso y se lo conocía como Camino del Rey o Camino de las Carretas, que desembocaba a donde tuvo lugar la batalla. Allí cerca había un pequeño puesto de postas, donde el correo cambiaba de caballos. Y en lo que hoy es San Benito Sur estaba la Posta del Sauce, que estaba a cargo de Nicolás Abasto, maestro de postas. Era un paso obligado para quienes viajaban desde Paraná a Nogoyá y otras ciudades del interior”, cuenta el historiador sambenitense, Aníbal González Comas.

Valiéndose de las particularidades del terreno al que conocía muy bien, y sobre todo de la artillería que le dieron los porteños tras firmar el Tratado del Pilar, Francisco Ramírez desplegó una estrategia para vencer definitivamente a quien antes fuera su líder: “Si hay algo que rescatar de Ramírez es su estrategia militar, además conocía palmo a palmo el terreno, es una gran ventaja que tenía en Entre Ríos. Entonces supo aprovechar el embudo, ese riñón grande que se forma en esta zona del arroyo Las Tunas, pero también hay que hacer un capítulo aparte con el apoyo que le dio Lucio Mansilla, enviado desde Buenos Aires, prestándole 200 carabineros armados que cubrían la caballería de Ramírez. Además tenían cuatro cañones que les habían arrebatado a los porteños en Saucecito. Se colocaron los cañones a la entrada del embudo, de ambos lados y, una vez que las tropas de José Gervasio Artigas empezaron a entrar a ese riñón, Ramírez simuló una retirada hacia ambos flancos para distraerlos y ahí comenzaron a llover balazos de los carabineros y los cañonazos, sorprendiendo totalmente a las troperías artiguistas”, señala González Comas.

Las aguas de Las Tunas se tiñeron de sangre. Los historiadores coinciden en que fue una batalla brutal, donde cientos murieron salvajemente destrozados por la artillería pérfida de los porteños. “Yo intenté corroborar la cantidad de muertos que hubo en ese enfrentamiento, pero me fue imposible. En esa época la Iglesia era la que administraba los cementerios y no hay registros de que se hayan enterrado muertos de esa batalla. Así que lo más probable es que los hayan puesto a todos en una fosa común cercana al campo de batalla. Pero todos coinciden en que fue una batalla muy sangrienta porque fue sorpresiva y, además, se usó mucha pólvora para los parámetros de ese tiempo”, dice el historiador de San Benito, para luego destacar que está en contacto con una persona que tiene instrumentos de rastreo, para intentar dar con los cuerpos: “Estamos haciendo gestiones para hacerlo de manera oficial, desde el Municipio de San Benito. Ya se han encontrado puntas de lanzas y elementos varios relacionados a la batalla”.

“Fue muy importante para Entre Ríos y para la conformación de la Argentina como la conocemos hoy. Pensemos que al Congreso de Tucumán en 1816 nosotros no enviamos a nadie, nosotros no tenemos nada que ver con la Casita de Tucumán. Nosotros ya habíamos declarado la Independencia en 1815, en el Congreso de Oriente, en Concepción del Uruguay. Y a partir de esta batalla, pasaríamos a formar parte del proyecto de país que estaban desplegando desde Buenos Aires, cuando el pro porteño Lucio Mansilla, se hace cargo de la Provincia de Entre Ríos, después de traicionar a Ramírez y dejarlo librado a su suerte”.

El principio del fin

Para el psicoanalista, ensayista e historiador concordiense, Francisco Senegaglia, la Batalla de Las Tunas fue una contienda chiquita en términos militares, pero estratégica en cuanto a a lógica de cómo se organizarían la luchas intestinas desde 1820 a 1861 con la Batalla de Pavón. Marcaría el comienzo de los enfrentamientos entre Unitarios y Federales.

“La historia que se enseña es la historia liberal mitrista; él (Bartolomé Mitre) reordenó para atrás los hechos después de que ganó en Pavón y dio forma al Estado Argentino como hoy lo conocemos. Eligió el 25 de Mayo como Día de la Patria y es una gran mentira, fue una revuelta de porteños que querían que el puerto se reabriera en nombre de Fernando VII. Empieza a construirse este modelo porteño, centralista”, dice.

las tunas 1.jpg
La pirámide mocha marca la zona aproximada donde se desarrolló la batalla

La pirámide mocha marca la zona aproximada donde se desarrolló la batalla

La gauchería –como él prefiere denominar a las montoneras–, reunía a los indios y mestizos que poblaban el territorio entrerriano, Corrientes, Misiones, el sur de Brasil y la Banda Oriental del Uruguay. “Las gaucherías son la expresión de la montonera. Se suele entender al gaucho como el de la línea de Adolfo Alsina, el gaucho solitario. Pero el gaucho entrerriano, el santafesino, el correntino, es absolutamente familiero.Las montoneras eran guerras de familias, peleaban hombres, mujeres, chicos y grandes. Las mujeres no se quedaban cosiendo banderas, esas eran las porteñas. Las de las gaucherías te agarraban en el descampado y te hacían tripas, manejaban lanzas, pistolas y sables. Las gaucherías tenían arrojo, coraje, se lanzaba a luchar y ponían el pecho a las balas”, destaca.

Esas gaucherías constituyeron un movimiento con un proyecto de Patria que es alternativo al planteo rioplatense y su 25 de Mayo: “Es antagónica esa posición, que termina traduciendo y expresando Artigas: un proyecto republicano, multiétnico, de libertad religiosa y política, con reforma agraria. Las constituciones artiguistas no han podido ser superadas, era un proyecto popular. Andresito era el lugarteniente de Artigas en Corrientes y Misiones; y Ramírez en Entre Ríos. La Liga de los Pueblos Libres se constituye y declara su independencia el 25 de junio de 1815; y le plantea a Buenos Aires que rompa con Portugal, pero José Rondeau y luego Juan Martín Pueyrredón terminan estableciendo acuerdos con el Imperio Portugués para que después invada la Banda Oriental y así Buenos Aires sacarse de encima a Artigas. Cuando él es emboscado por los portugueses en Tacuarembó en enero de 1820, se harta y dice: ‘Si no le declaramos la guerra a Buenos Aires, el proyecto de la Liga de los Pueblos Libres no va a ser posible’. Él hasta entonces respetaba a la ‘hermana Buenos Aires’, pero esto fue el colmo”.

En ese contexto, Andresito Guazurarí había caído preso de los portugueses, así que José Gervasio Artigas reunió todas las tropas que quedaban de la Liga, incluyendo las de Santa Fe, y las puso al mando de Francisco Ramírez y Estanislao López. “Ramírez luego derrota a los porteños en la Batalla de Cepeda, pero cuando va a negociar con los perdedores, termina entregando la Banda Oriental, entrega a Artigas, lo traiciona en el pacto secreto conocido como Tratado del Pilar. Fue una reverenda estupidez, porque era él el que iba a heredar la conducción de la Liga, pero le jugó un mal paso la vanidad. Hasta entonces habían tenido un vínculo muy piola, Artigas lo había criado de guacho. Ramírez empezó de niño haciendo de chasqui, porque era muy audaz. Así que Artigas se sintió traicionado, le mandó una carta muy fuerte diciéndole ‘no me traicionaste a mí, sino al amor que los pueblos habían depositado en vos’. Rompen relaciones y Artigas cruza el Río Uruguay para enfrentarlo, mientras Ramírez vuelve de Buenos Aires con pertrechos porteños, armas, uniformes para derrotar a Artigas. Sin embargo, un año después, los porteños lo traicionarían a él. Fue el fin del proyecto popular artiguista”, explica Senegaglia.

Tras esa ruptura, dos batallas tendrían lugar entre ambos bandos en el territorio entrerriano: el 13 de junio, en Las Guachas, en el actual departamento Tala; luego, la Batalla de Las Tunas. En la primera batalla se enfrentarían a lanza pelada, en línea abierta. Se cruzaron en 17 cargas de caballería, sin embargo no murió ninguno, de ningún bando: no tenían intención de matarse entre hermanos que meses atrás habían estado en la misma línea.

Pero en la segunda, las cosas serían muy diferentes: “Ramírez se retiró a Paraná. Artigas lo siguió. Ramírez lo esperó en Las Tunas, pero esta vez armado con cañones, ametralladoras y fusiles, contra las lanzas de la gauchería que fue derrotada claramente. Artigas intentó rearmarse, pero no pudo y tuvo que exiliarse en Paraguay”.

Hasta ese momento, el cuerpo a cuerpo y la lanza eran los que definían la batalla en el suelo entrerriano, sobre todo en las montoneras. A partir de Las Tunas, el protagonismo lo tuvo la artillería. “De hecho, boludo o pelotudo se les llamaba a quienes tenían que ir al frente en la carga de caballería para ver hasta donde llegaba la bala de cañón. De ahí quedó el ser boludo, el ser el que va derecho a morir”, acota el historiador concordiense.

Tratado del Pilar, el pacto espurio que desató la contienda

Los jefes federales, Francisco Ramírez y Estanislao López, envalentonados con el triunfo en Cepeda, dieron la espalda a su líder, José Gervasio Artigas, cuyas tropas habían sido derrotadas en Tacuarembó por los lusitanos y brasileños el 22 de enero de 1820.

El Tratado del Pilar tuvo como finalidad provocar la reacción de Artigas, que percibió cuál era el fin del pacto: si bien se preconizaba la unidad nacional y el sistema federal, la idea era librarlo a su suerte en la jaula del león lusitano. Por eso, en el tratado se dejaba a criterio posterior de los firmantes la colaboración en la guerra contra Portugal y se invitaba a Artigas, mencionado apenas como gobernador de la Provincia Oriental, a adherir al Tratado.

Fructuoso Rivera, hasta entonces caudillo artiguista y lugarteniente en la Banda Oriental, abandonó a Artigas y se plegó a los portugueses, instando en cartas a Francisco Ramírez a que ultimase al Protector de los Orientales.

Con sus escasas fuerzas, a las que unió partidas de indígenas guaraníes y milicianos correntinos, Artigas ocupaba el sur de la provincia de Corrientes. Allí se seguía considerando el Protector de los Pueblos Libres, es decir, el superior de Ramírez. Este, en cambio, consideraba a Artigas sólo como un aliado. En parte, esto era así porque se había encumbrado por sus propios medios. Y, en parte, porque Artigas no estaba en condiciones de proteger a nadie.

Tras ser informado por el entrerriano de la firma del Tratado del Pilar, José Gervasio Artigas le respondió sin disimulo: “El objeto y fines de la convención del Pilar celebrada por V.S. sin mi autorización y conocimiento no han sido otros que confabularse con los enemigos de los pueblos libres para destruir su obra y atacar al jefe supremo que ellos se han dado para que los protegiese, y esto sin hacer merito de muchos otros pormenores maliciosos que contienen las cláusulas de esa inicua convención, y que prueban la apostasía y la traición de V.S. [...] He de prevenirle que si no retrocede en el camino criminal que ha tomado, me veré obligado a usar la fuerza, pues yo también tengo que arrepentirme de haberlo elegido a V.S. y de haberlo propuesto al amor de los pueblos libres para que hoy tenga los medios de traicionarme”.

De ahí en más, el desarrollo de los acontecimientos favorecería al centralismo porteño. Era el ocaso del sueño de los Pueblos Libres.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario