Paraná
Domingo 25 de Marzo de 2018

Atravesó el dolor y descubrió que tenía una misión: servir

En 2011 Marianella sufrió por la muerte de un niño del barrio Humito y decidió ser enfermera. Hoy trabaja con bebés prematuros, y siente que puede dar más.

Marianela Díaz es tímida y solo cuenta su historia a UNO para contagiar a otro joven la llama del amor a los demás.

Con 24 años decidió dejar su trabajo, la familia y encontrarse con aquel que necesita ayuda espiritual. En mayo viajará a Valparaíso, Chile, para dedicar 14 meses de su vida al servicio de una comunidad de Punto Corazón, particularmente desfavorecida del mundo, donde viven personas abandonadas o sufridas, especialmente niños.

Enfermera en Neonatología del Instituto Privado de Pediatría de Paraná (IPP), acompaña cada día a bebés prematuros a salir adelante. Vive la angustia de las familias por sus hijos, la alegría cuando reciben el alta médica, pero mantiene la convicción de que puede dar más.


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En neo. Vive la lucha de los prematuros y sus familias para salir adelante.
En neo. Vive la lucha de los prematuros y sus familias para salir adelante.


—¿Cómo se da tu camino en Punto Corazón?
—Conocí Punto Corazón a través de una amiga, empezamos juntas la formación pero Dios tiene para ella otro camino. Así que seguí sola, me preparé por un año y ahora estoy lista para hacer la experiencia. Marianela ya venía haciendo un camino de misión ad gente –de promover la evangelización– porque integra el grupo de misión parroquial de Nuestra Señora de La Piedad.

"Por eso conozco los barrios carenciados, tanto en lo material como en lo espiritual. Madre Teresa decía que 'la mayor pobreza de la humanidad es la soledad', y eso se ve. En esas visitas al Volcadero hubo un hecho que me marcó. Conocí a Brunella, una bebé que nació prematura y después de dos años de internaciones, por complicaciones en su salud, murió. Cada vez que estaba internada, la iba a visitar. Esto fue en 2011 y yo estaba terminando el secundario y tenía que definir mi vocación. Después de su muerte no tuve dudas. Empecé enfermería pensando que algún día tenía que servir a Dios desde ese lugar.

Primero misionando te acercás a gente que lo necesita, conocés a Brunella en el Volcadero, la empezás a acompañar en sus internaciones y tras su muerte te das cuenta de que tu vocación está en la enfermería y junto a los recién nacidos. —Sí, trabajo en Neonatología. Dios me ha dado un regalo muy grande que es la cercanía con los más chiquitos. Se me dio todo, porque Dios es buen tejedor entonces no le erra a ningún punto. Llevé contratos a varios lugares ni bien me recibí, pero siempre con la expectativa de hacerlo en Neonatología. Estuve trabajando un tiempo en Pediatría en el Hospital de Niños y también en la Neo del IPP, al principio me chocó mucho porque uno ve cosas muy difíciles y duras y me fui en una semana. Gracias a mi jefa, que me llamó, me aconsejó y me dijo que miedos todos teníamos a enfrentarnos al dolor, volví y ya hace tres años que estoy.

—¿Todos los días le siguen la rutina a esos chiquitos?

—Un paciente ingresa y nosotros empezamos a atender ese niño hasta que se va de alta o Dios se lo lleva. Somos muy celosas de nuestros pacientes.

—¿Te tocó ver nuevamente la partida de un niño como fue el de Brunella?
—Sí, una bebé que fue muy buscada. Los papás intentaron muchas veces lograr un embarazo hasta que ella nació. Pero la bebé hizo todas las complicaciones que puede hacer un prematuro. El día que falleció la mamá me abrazó, llorando me dijo "mi hija se fue" y son momentos muy duros. Pero a la vez también hay otros gratificantes como tener un ahijado que fue paciente. Joaquín cuando nació tenía 700 gramos y hoy tiene un año, me eligieron madrina después de cuidarlo. Él fue increíble, todos los días se moría, todos los días el parte médico era malo y es un milagro de Dios que hoy esté vivo.

—A pesar de que tenés esta misión concreta, diaria, una vocación más que un trabajo. ¿Te vas a Valparaíso?
—Sí, porque uno tiene que poner al servicio el don que Dios le da. Es una necesidad mía y de Dios para conmigo. No se puede explicar la llamada, pero es una insistencia constante.

—¿Sabés qué te toca hacer allí? ¿Conocés Chile?
—No conozco Chile, sé que voy a vivir en comunidad con cuatro misioneros más, dos polacos, una chica de Costa Rica y otro argen­tino (oriundo de Córdoba). Punto Corazón es para la gente del lugar la referencia para todas las necesidades desde físicas, familiares, espirituales. Yo quería una misión más dura, pero me tocó Chile y me dicen mis compañeros que es una comunidad muy alegre. La formación final fue con una misionera chilena que nos contó que es una sociedad que está acostumbrada a levantarse de las catástrofes.

—¿Qué pasa con tu trabajo? ¿Tomás licencia?
—Iba a sacar licencia por un año pero no hice los papeles, así que lo voy a dejar. Sabiendo que es un lugar donde amo estar. Pero sé que ahora Dios me pide otra cosa y a la vuelta él proveerá como lo ha hecho a lo largo de todo este camino. No he tenido que esforzarme mucho, todo se ha ido dando. La gente me acompaña, es muy generosa conmigo. La providencia está a full (se ríe).

Vocación religiosa La familia de Marianela vive en barrio Ferroviario. Ella es la menor de cuatro hermanas y hace un tiempo decidió irse a vivir sola.

—¿Qué dice tu familia de tu decisión?
—Mi familia está acostumbrada, porque antes del camino de misión hice un camino de vida consagrada, como que nunca pude encontrar mi lugar. Conocí varias congregaciones misioneras, como por ejemplo la de las Hermanas de las Caridad en Zárate y no encontré allí lo que estaba buscando.

—¿Está latente en vos hacerte religiosa?
—No sé, ahora voy a esta misión para que Dios me confirme qué es lo que quiere. Sinceramente ahora no creo que sea para mí porque ya hice el camino y vi que no era. A fines de abril será su misa de envío en la parroquia La Piedad junto al padre Esteban Madrid Páez que es quien la viene acompañando en su formación. Devota de San Juan Pablo II y de la Madre Teresa de Calcuta asegura que "la oración es uno de los puntos claves para salir al encuentro y hacerse cargo del otro".

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