Descubriendo Entre Ríos
Domingo 06 de Mayo de 2018

Apolinario Almada y Anacleto Medina: tiempos sin fronteras

Dos guerreros que no se olvidan, con décadas sobre el caballo en las sangrientas luchas por la independencia y las autonomías.

Apolinario Almada peleó por los ideales independentistas y federales desde los 14 hasta los 80 años. Fueron casi siete décadas al lado de Francisco Ramírez, los López Jordán, Pascual Echagüe y Justo José de Urquiza; se enfrentó con Fructuoso Rivera, Juan Lavalle, Juan Manuel de Rosas, Bartolomé Mitre, Emilio Mitre. Una callecita de Paraná lleva su nombre: Coronel Apolinario Almada tiene una cuadra en la parte alta, al este de Patagonia, y dos cuadras en la parte baja, en el barrio Pancho Ramírez.

El guerrero nació en 1792 en Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), en los tiempos en que orientales y entrerrianos no estábamos divididos, y falleció un 21 de mayo de 1872 en Paysandú, exiliado. Cuando se avecina un aniversario de su muerte, lo recordamos junto a Anacleto Medina, que llevó una vida parecida y ha quedado más en el recuerdo de los entrerrianos.

Apolinario Almada se preparó de niño para resistir a las invasiones inglesas con apenas 14 años, y desde entonces vivió de batalla en batalla hasta los 80 años, junto a López Jordán. Como Anacleto, Apolinario también murió en Uruguay. Pocos guerreros se les comparan. Apolinario está en el antes y el después de la Revolución de Mayo, en el antes y el después de Ramírez y la República de Entre Ríos, en el antes y el después de Juan Manuel de Rosas, y también en el antes y el después de la Confederación y de Justo José de Urquiza.

Él ya estaba en guerra antes que todos ellos, y seguía en guerra después de todos ellos. En sus últimos años, este verdadero soldado de las autonomías se alistó en las filas del último gran caudillo panzaverde, Ricardo Ló- pez Jordán, que había nacido en Paysandú. Y él, que había visto la luz en Concepción del Uruguay, fue a morir como decíamos: en Paysandú.


Ricardo y Apolinario y Anacleto: tres de los tantos testimonios personales de la unidad indisoluble de las dos bandas del río. El primo ¡Apolinario Almada! Primo de Francisco Ramírez y de Ricardo López Jordán (padre), murió un 21 de mayo de 1872, exiliado en Paysandú por integrar, ya casi octogenario, la resistencia entrerriana a la invasión consumada por Buenos Aires tras el asesinato de Justo José de Urquiza.

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Adolescente, se mostró dispuesto a dar lucha contra los invasores ingleses de Buenos Aires. Luego vinieron la Revolución de Mayo, los triunviratos, San Martín, la Independencia, Rivadavia, las luchas federales, Rosas, Urquiza, la Constitución... Derqui, Mitre, Sarmiento. Murió Urquiza, y al increíble Apolinario Almada se lo vio nuevamente luchando, como un fantasma, como decano de las huestes de su sobrino Ricardo López Jordán.

Había nacido en Arroyo de la China el 10 de enero de 1792. Sus padres fueron Agustín Almada y Magdalena Jordán, hermana de Tadea (la madre de Francisco Ramírez y de Ricardo López Jordán padre). Era primo hermano, entonces, de Ramírez y de López Jordán, y tío segundo de Ricardo Ramón López Jordán. Los historiadores lo recuerdan bien. Dice Aníbal Vásquez que cuando se produjeron las invasiones inglesas "integró un cuerpo de milicias que no tuvo oportunidad de entrar en acción". Para entonces contaba con 14 o 15 años.


Luego "formó parte de los ejércitos de su primo hermano, Francisco Ramírez, participando en los combates de Las Guachas y de la Bajada. Asistió a numerosas campañas conquistando ascensos por su reconocido valor y heroísmo. Luchó en Pago Largo, Cagancha, Don Cristóbal, Sauce Grande, etc. En Caá Guazú resultó gravemente herido.

También se batió en India Muerta, Vences, Caseros y Cepeda. Fue uno de los bravos valientes generales con que contó el general Urquiza. El 5 de enero de 1854 (iba a cumplir 62 años) recibió los despachos de coronel mayor del ejército de Entre Ríos y el 17 de setiembre de 1857 fue reconocido en grado de general del ejército nacional".

"No obstante sus años acompañó a su sobrino, el general Ricardo López Jordán, en la revolución de 1870, falleciendo en Paysandú donde se encontraba exilado". Murió en el 72 con 80 años que llevaban marcadas, como cicatrices, las luchas del Río de la Plata: gloriosas victorias y estrepitosas derrotas. Allí también estuvo Las desavenencias de Francisco Ramírez y José Artigas, bien recordadas en aquellas amenazantes cartas históricas recíprocas después del tratado de Pilar (que dejó poco claro el compromiso de Buenos Aires para combatir la invasión de Brasil a la Banda Oriental), terminaron en un encontronazo en junio de 1820 en el arroyo Las Guachas, cerca de la margen derecha del río Gualeguay, a unos 20 km al sur de Rosario del Tala.

La batalla, dijo el caudillo entrerriano, fue "sangrientísima" pero el resultado indefinido porque cayó la noche. Luego se enfrentarían en Paraná, y allí empezó el camino del (lamentable) destierro definitivo de Artigas en Paraguay. En esos encontronazos estuvo Apolinario. En 1839 el gobernador Pascual Echagüe invadió Corrientes para servir a Juan Manuel de Rosas y combatir y derrotar la insurrección de Genaro Berón de Astrada. Allí estuvo Apolinario. Todavía quedan las mentas de los horrores de ese encuentro. Ese mismo 1839, ya en diciembre, Echagüe tuvo que combatir a otro caudillo que había puesto en tela de juicio a Rosas: Fructuoso Rivera.

Las tropas se encontraron esta vez en el arroyo Cagancha, Uruguay. Echagüe volvió derrotado a Entre Ríos, y con él, Apolinario. Y llegamos a abril de 1840. Juan Lavalle invadió Entre Ríos en acuerdo con Corrientes, Uruguay y una escuadra francesa, en combate contra el rosismo. Se encontró en Don Cristóbal (departamento Nogoyá) con Pascual Echagüe. El resultado de la batalla fue indefinido. Allí estuvo Apolinario con Echagüe.

Tres meses después la lucha seguiría en Sauce Grande, cerca de la actual estación Racedo, en julio de 1840. Juan Lavalle y Pascual Echagüe, cara a cara de nuevo. Fue un combate menor, y terminó con las aspiraciones de Lavalle. Apolinario, allí otra vez. En noviembre de 1841, Apolinario participó del desastre de Caá Guazú. Allí, en Corrientes, Echagüe perdió más de la mitad de sus hombres frente a las fuerzas de Lavalle, comandadas ahí por José María Paz. Y Apolinario quedó herido. Según Aníbal Vásquez, este guerrero participó de otras contiendas.

Ya con Urquiza En marzo de 1845 tenemos a Apolinario en la batalla de India Muerta. En ese tiempo, el rosismo sitiaba Montevideo y a Urquiza le encomendaron atacar a Fructuoso Rivera, que resultó "completamente derrotado", dice Vásquez. En la batalla de Urquiza contra el gobernador de Corrientes Joaquín Madariaga en el potrero de Vences, ocurrida en noviembre de 1847, participó el coronel Apolinario Almada con sus pares Miguel Galarza, Manuel Palavecino y Crespín Velásquez. Dice Beatriz Bosch: "Esta victoria consolida el prestigio militar de Justo J. de Urquiza. Es ahora sin disputa la primera espada de la Confederación Argentina".

En la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, Apolinario comandó la caballería con otros coroneles: Manuel Basavilbaso, Manuel Palavecino, Casto Domínguez, Manuel Urdinarrain. Convocada la Convención Constituyente en noviembre de 1852, Buenos Aires se levantó contra el resto de las 13 provincias con la idea de abortar esa organización nacional comandada desde Entre Ríos. Apolinario apareció nuevamente defendiendo los intereses de la Confederación, pero recibió una ligera derrota en Gená junto a Velásquez, Galarza y Palavecino. Debieron replegarse. Su sobrino segundo, Ricardo Ramón López Jordán, organizó la defensa de Concepción del Uruguay y quedó salvada la Constituyente que ya se había lanzado en Santa Fe.

Recuerda Beatriz Bosch que el 26 de mayo de 1858 "se realiza en Paraná una extraordinaria revista militar. Desfilan dieciséis mil hombres en perfecto orden durante cinco horas. Admira el lujo de los arreo, la marcialidad de los portes... Con el general Urdinarrain al frente pasaban los veteranos de tantos combates: los Velásquez, Galarza, Caminos, Hereñú, Salazar, Almada, Borrajo, Basavilbaso, Caraballo, Palma, Domínguez.

El notable despliegue bélico causa gran efecto. Demuestra la potencialidad militar de la Confederación frente al Estado de Buenos Aires". Fue el prolegómeno de una nueva campaña militar. El 23 de octubre de 1859 Urquiza venció al ejército bonaerense comandado por Bartolomé Mitre en Cepeda. Allí estuvo Apolinario nuevamente, ya con 67 años. Corría el año 1865. Lejos de abandonar las luchas, Apolinario apareció en una revista de tropas en Calá que realizó Urquiza frente a cuatro mil soldados preparados para intervenir en la Guerra de la Triple Alianza, contra Paraguay. Allí se presentó junto a Galarza y Basavilbaso y López Jordán. Tenía 73 años.

Luego vendrían los desbandes de Basualdo y Toledo. Pasó la despareja y triste Guerra, llegó Domingo Faustino Sarmiento a la presidencia, visitó Entre Ríos y no pasaron dos meses y medio que estalló un movimiento subversivo en la provincia. ¿Quién lideraba ese movimiento? Un sanducero entrerriano: Ricardo Ramón Ló- pez Jordán. El más veterano Apolinario ya estaba dispuesto a pelear en tiempos de la colonia. Un 11 de abril de 1870 murió Urquiza asesinado. La Legislatura nombró gobernador provisorio a López Jordán. El presidente Domingo Faustino Sarmiento decidió invadir la provincia y los entrerrianos optaron por la resistencia. Sobrevino la guerra.

Los panzaverdes, claro, con armas rudimentarias, y al mando de hombres más o menos experimentados como Apolinario. Después de la derrota de Ñaembé (enero de 1871), López Jordán y José Hernández se asilaron en Santa Ana do Livramento. Apolinario quedó en Paysandú. En el nuevo intento de recuperación de la provincia invadida, lanzado en mayo de 1873, ya no apareció su lanza. Tampoco hubiera significado mucho: lanzas contra fusiles Remington y cañones Krupp y ametralladoras Gatling: la desigualdad no daba chances. Apolinario había muerto en Paysandú un frío 21 de mayo de 1872. Un año antes, las luchas fratricidas entre blancos y colorados de la Banda Oriental se cobraron de varios lanzazos la vida de Anacleto Medina.

Muerto en su ley Como en las caricaturas de la televisión, Anacleto Medina se ponía de verdad palitos en los párpados para seguir peleando porque a los ochenta y pico (¡unos dicen noventa!), más o menos, y en combate, se le cerraban los ojos. El mismo que en 1821 salvara a la Delfina en ancas (según algunas versiones), tras la muerte de Francisco Ramírez, Anacleto, con mil batallas en su haber, medio siglo después seguía combatiendo en nuestros suelos por altos ideales. El 17 de julio de 1871, el guaraní nacido en las Misiones, que había dado su vida íntegra a las luchas por los intereses de los entrerrianos, lideraba junto a Timoteo Aparicio la "Revolución de las Lanzas", de los Blancos, en la Banda Oriental, y el destino quiso que ese díaricio la "Revolución de las Lanzas", de los Blancos, en la Banda Oriental, y el destino quiso que ese díaaciago de invierno se le cayeran los palitos. El viejo guerrero quedó ciego por un instante.

Y lo cuentan los historiadores orientales: "Medina fue avistado por un grupo de colorados que lo atacaron de inmediato con ferocidad... El general no los vio venir, pues se le habían caído los palitos, y su ayudante, un muchacho llamado Juan Carlos Viana, le gritó: '¡Dispare, general, que el enemigo está encima!' Medina, que estaba con su secretario de toda la vida, Jerónimo Machado, otro anciano a la sazón, respondió: '¡El general Medina no dispara, jovencito!". Y cuentan también: "se permitió castigarle el caballo, que tomó galope, conteniéndolo inmediatamente Medina y manifestando su enojo al ayudante. En este interín llegan los enemigos y sin mirar la edad de aquel anciano lo lancean despiadadamente, haciendo igual cosa con su secretario... Después, aquellos desalmados cometieron toda clase de atrocidades con el cadáver de Medina, llegando hasta enviarle a la familia, que vivía en Montevideo, miembros del cuerpo de su enemigo".

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Los relatos de los protagonistas que salvaron su vida en aquella batalla quedaron grabados en la historia, y no hacen más que señalar la entereza de Anacleto Medina.

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