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Diálogo Abierto

"Aplican medidas ya agotadas para solucionar el tránsito"

Un padre ingeniero y el porqué de los accidentes de tránsito. Scoutismo y aprendizajes. El temor a la multa y el desprecio por la norma.

Domingo 24 de Enero de 2021

Desde hace décadas las gestiones municipales abordan la problemática del tránsito con el sucesivo saldo de fracasos, al punto de que la opinión en torno a la situación es unánime tanto por parte de quienes conducen, de quienes no lo hacen y de los circunstanciales visitantes a la capital provincial. Lo particular es la repetición de decisiones, ineficaces por cierto, de la cuales se espera que proporcionen resultados novedosos. El licenciado en Accidentología e instructor de seguridad vial de la Municipalidad de Paraná, Gastón Leiva, analizó dicho cuadro de situación.

Salidas sin miedo

—¿Dónde naciste?

—En Paraná, en barrio Mercantil.

—¿Cómo era en tu infancia?

—Un barrio del IAPV, era tranquilo, sin tantos problemas de inseguridad, en su momento alejado del centro y en una zona descampada, como si fuera un límite de la ciudad, por los terrenos del Ejército, así que teníamos mucha libertad para andar y meternos al monte. Se mantiene bastante igual porque los terrenos siguen siendo del Ejército y no se ha podido construir.

—¿Qué visión tenías del centro?

—Nos parecía muy lejos pero luego nos dimos cuenta que no era así. Ya no vivo allí pero veo que es una zona muy cotizada.

—¿Otros lugares de referencia?

—El polideportivo, en Alvarado y Eva Perón y el predio de la antena de LT 14; el Ejército mucho tiempo estuvo tapado por un monte, luego se taló y se vieron los galpones, que eran desconocidos.

—¿Había un límite que no podías trasponer?

—Nos recomendaban que no bajáramos a la zona de Anacleto (Medina), aunque íbamos en bicicleta hasta los bañados y nunca tuvimos problemas. Era otra época muy distinta a la actual, también íbamos caminando hasta Las Piedras y nos metíamos en los cañaverales. Fui scout de la iglesia San Juan Bautista, esas salidas eran comunes y no teníamos miedo. La seguridad se perdió mucho en esa zona.

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Accidentes de tránsito en Paraná, moneda corriente que se repite día tras día, sin solución. 

Accidentes de tránsito en Paraná, moneda corriente que se repite día tras día, sin solución.

Lo exacto y lo social

—¿Qué actividad profesional desarrollan tus padres?

—Mi mamá es abogada y escribana, y mi papá ingeniero mecánico, especialista en accidentes de tránsito, quienes me influenciaron en la profesión, porque estudié Abogacía, que no terminé, y luego Accidentología Vial. Desde chico lo acompañé en su trabajo. Ella ejerció mucho como abogada pero se dedicó más a la iglesia y es apoderada legal de una escuela. Mi abuelo hizo hacer una escuela en barrio Belgrano, no alcanzó a ver su sueño y lleva su nombre.

—¿Qué materias de la Secundaria te gustaban?

—Fui a la industrial y me recibí de técnico electrónico, pero me faltaba lo humanitario y social, así que estudié Abogacía, me di cuenta de que me faltaban las ciencias exactas y la carrera de Accidentología tiene los dos aspectos.

—¿Sentías una vocación cuando niño?

—Quería ser bombero; siempre me gustó lo técnico y mecánico, armar, desarmar y saber el funcionamiento. Mi papá me llevaba adonde daba clases, así que andaba en los talleres.

Scoutismo, Naturaleza y valores

—¿Cuántos años le dedicaste al scoutismo?

—Desde los 9, cuando se creó el grupo, hasta los 17, y luego un año como dirigente.

—¿Por qué te atrajo?

—Somos una familia muy religiosa, fue una actividad propuesta en la iglesia y me invitaron a participar. Era algo nuevo, con gente de la comunidad, muchos chicos y los valores eran buenos. Me arrepiento de no haber continuado como dirigente y devolver todo lo que recibí, pero fui padre bastante joven.

—¿Qué aprendiste?

—A perder el miedo a moverme en la Naturaleza y cuidarla, vivir con lo que se necesita, sabiendo que no se necesitan lujos, estar en el monte, hacer un refugio, pescar algo y comerlo, hacer fuego sin tener un encendedor… te hace volver a lo básico. También el compañerismo, que me ayudó a transmitirlo a mis hijos, al igual que otros valores. El gran mensaje de (Robert) Baden Powell es tratar de dejar el mundo en mejores condiciones de lo que lo encontramos.

—¿Tuviste algún maestro?

—Siempre recuerdo mucho a unos de los dirigentes, Sergio Yoria, quien era muy estricto y serio, pero luego me di cuenta de lo que sabía y por qué era así. Nos enseñó sobre la disciplina y lo metodológico, ya que, por ejemplo, no se puede armar una carpa comenzando por los tirantes. Fue de quien más aprendí, y lo admiraba por sus conocimientos y técnicas.

—¿Desarrollaste otra afición?

—Probé con varios deportes, básquet, fútbol, pero ninguno me atrapó, y me gustan mucho las carreras de autos.

—¿Leías?

—Era muy rebelde para leer y me parecía un bodrio. En Literatura conseguía los resúmenes para decir que los había leído. Después de la secundaria le tomé el gusto y comencé a comprar libros.

—¿Alguno influyente?

—Me gustó y marcó el Martín Fierro, en la escuela, y también estaba en casa y me llamaba la atención.

—¿Cuándo dejaste Abogacía?

—No recuerdo… no me iba mal pero se juntaron dos cosas: presenciar el maltrato de una docente de la UNL hacia una alumna a quien mandó a “lavar los platos, porque nunca sería abogada”, ya que “no sabía defender lo que tenía que exponer”. Y al mismo tiempo, apareció la licenciatura en Accidentes de Tránsito. Fue en 2001, cuando estaba complicada la situación económica y viajar a Santa Fe.

Errores y pruebas decisivas

—¿Qué visión previa tenías a partir de la experiencia con tu padre?

—La de algo lindo y fascinante, por investigar por qué y cómo se producía un accidente, y reconstruirlo mentalmente. Con mis amigos elaborábamos teorías y algunos también siguieron la carrera.

—¿Recordás uno que te impresionó particularmente?

—Uno en el que un chiquito murió aplastado por las ruedas de un acoplado, en Federal, y que fue espantoso ver las fotos. Otro, un choque donde fallecieron dos personas y que por una huella en el asfalto se atribuía la responsabilidad a una persona, pero verificamos que no fue durante el accidente sino provocada cuando retiraron el vehículo, con la rueda frenada, con la grúa. Ahí entendí lo importante para que se considere a una persona responsable o no de una muerte, algo que seguí viendo en la profesión.

—¿La carrera se concilió con lo que pensabas en función de tu conocimiento anterior?

—Hasta cierto punto de la carrera no vi nada nuevo, pero después se modificó e incorporaron una rama más social, con Derechos Humanos, Sociología, Epistemología y Psicología Social. En la Accidentología hay dos ramas: por un lado, estudiar el accidente, huellas y velocidades, todo lo técnico, y por otro, entender por qué pasa, en cuanto al comportamiento de las personas. Esto me sumó bastante.

—¿Cuál es el objeto científico preciso y la ciencia qué más le aporta?

—El estudio del accidente está directamente relacionado con la Física, porque son cuerpos en movimiento que se rigen por ella: velocidad, aceleración, rozamiento, etc. Hay que tener bastante Matemáticas, por los cálculos. En importante, pero me interesa más el por qué la gente hace lo que hace, para prevenirlo.

—¿Cuál fue el primer caso que peritaste tras recibirte?

—Fui de menor a mayor, ayudando a mi viejo, al principio tomaba fotos, medía o pasaba los puntos de pericia, y cuando iba a la facultad sabía cómo ir a un juzgado y pedir un expediente. Mi papá es perito en toda la provincia desde 1998 y comencé la carrera en 2003. Pero para muchos compañeros de la facultad fue un mundo nuevo y se encontraron en la Justicia con la desvalorización hacia los peritos, porque quienes mandan son los abogados, cuando en realidad muchas veces aquellos son los que deciden.

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"No se toma a la seguridad vial como una política de Estado que trascienda las gestiones", afirma Gastón Leiva.

"No se toma a la seguridad vial como una política de Estado que trascienda las gestiones", afirma Gastón Leiva.

Física, decisiones y comportamientos

—¿Hay accidentes que no encuadran rigurosamente con los patrones de la Física?

—Cada accidente es un mundo en sí mismo. Los jueces y abogados muchas veces no entienden que las fórmulas físicas y matemáticas son ciencias exactas, pensadas en lo ideal, pero lo real nunca encaja exactamente. Cuando hago un cálculo de velocidad por una huella de frenado, algunos te dicen “tantos kilómetros por hora”, pero no es exacto, y ahí interviene la inteligencia del perito para adecuar la fórmula y ver de otra forma. Muchos creen que determinados autores y fórmulas son una Biblia y hay colegas que repiten, sin tener un criterio y desarrollo propio, necesario por ser una ciencia nueva.

—¿El aspecto psicológico y sociológico está subestimado?

—Sí, en todos los planes del Estado para mejorar el tránsito no se tiene en cuenta la Psicología Social y la Antropología, para conocer las conductas. Entonces caen en recetas agotadas, sin éxito: hacer multas, poner semáforos, pintar las calles… y nunca solucionan el problema del tránsito porque no se aborda la raíz de la cuestión. Se la pasan hablando de diagnósticos pero nadie tiene formas innovadoras.

—¿A qué atribuís que hacen lo mismo y esperan resultados distintos?

—No se toma a la seguridad vial como una política de Estado que trascienda las gestiones. Viene y, por ejemplo, sale a retirar autos de la vía pública porque no tienen carnet para conducir; viene otra y dice vamos a dejar de lado los controles y mejoramos las calles y los carteles, y dan vuelta las manos de las calles, otro pone semáforos por todos lados y otro ninguno… Nadie tiene en claro qué hacer con el tránsito en Paraná y no convocan a especialistas. En las áreas específicas, los funcionarios son siempre abogados y nunca un ingeniero, técnico o especialista, ni convocan a las universidades.

—¿Cuáles son los patrones psicológicos y sociológicos dominantes como causa de accidentes?

—Como sociedad no tenemos claro el para qué están las normas de tránsito y por qué tengo que cumplirlas. ¿Qué es lo primero que se piensa por no hacerlo? En la multa y es el parámetro de cumplimiento. Me pongo el cinturón cuando voy al centro o en la ruta, prendo las luces en el túnel… pero el objetivo real de la norma es ordenar para que haya seguridad. Pero no interesa, es algo inconsciente. Lo otro es que “a mí no me pasará”. ¿Quién sale de su casa pensando que tendrá un accidente? Quien lo hace, se pone el cinturón, prende las luces, se abrocha el casco, deja el teléfono y va atento. Pero la mayoría de la gente está despreocupada. Un antropólogo argentino asocia el comportamiento en el tránsito con lo adolescente de la sociedad, que tiene solo 200 años, y la corrupción, con lo cual permanentemente ha estado enfrentada con la autoridad.

—¿Se han modificado hábitos por un mayor nivel de consciencia?

—No he visto que se hayan generado buenos hábitos a lo largo del tiempo. En Paraná hubo un gran cambio con los controles policiales de las motos y ahora, mal que mal, la mayoría anda con casco. Sin embargo, si mirás con detalle, ves que lo llevan desabrochado, de visera, en el brazo… por si hay un control. No se entiende para qué se usa. Además, compran el más barato, porque no importa la protección que brinda. Muchas veces el Estado es cómplice cuando hace campañas y dice “evite multas” y no es eso, sino evite matarse o matar a otro. Es un cambio profundo a encarar a través de equipos interdisciplinarios.

—¿Hay experiencias eficaces del ámbito mundial adaptables a la realidad local?

—España y otros países de Europa han hecho campañas “crudas”, mostrando lo que pasa. No sé si es lo óptimo para nuestra realidad, en la cual hay que estudiar a la gente. Hemos usado videos que son fuertes y hay quienes lloran y otros se ríen. También es fundamental la capacitación en escuelas.

—¿Estadísticamente cuáles son las causas de los accidentes más graves?

—En Entre Ríos, por lo general, los graves y con más cantidad de fallecidos se producen en ruta y se relacionan con velocidad y sobrepasos indebidos. Muchas veces esos factores están influidos por el consumo de alcohol, drogas o cansancio. No solamente choca quien anda de joda sino quienes trabajan o salieron de trabajar un turno de doce horas, y no tienen el descanso necesario. Chocan choferes de camiones o colectivos que manejan durante 24 horas y se quedan dormidos, y ves que los vehículos van de un lado para otro. En Paraná, las muertes están relacionadas con los accidentes de motos o bicicletas. Cuando se inauguró la autovía de la ruta 14 comenzaron a verse muchos despistes y hay especialistas que dicen que siempre se producían pero antes tenían más trascendencia los choques frontales o graves, y no se registraban. Otros dicen que hay problemas en la construcción y otros que por la seguridad al no tener tránsito de frente, se animan a ir más rápido y no todos los conductores y vehículos están preparados para eso. Un vehículo común anda a 160 kilómetros por hora pero no está preparado, al igual que quien conduce, para hacer determinadas maniobras a dicha velocidad.

“No hay una orientación de lo que hay que hacer y cómo”

El licenciado Leiva enfatizó en la necesidad de un enfoque integral y multidisciplinario, al igual que fundamentos sólidos, para aportar soluciones al ordenamiento vial, mientras que calificó al conductor paranaense promedio, incluyendo a los profesionales, con un “cinco”, en una hipotética escala de uno a diez.

—¿Qué es lo más naturalizado, en el caso de Paraná, como factor potencial de accidentes?

—La gente, incluso choferes de línea, que manejan mirando el teléfono, lo cual demuestra el desinterés hacia lo que puede pasar.

—¿Qué características urbanísticas atentan contra un ordenamiento racional del tránsito?

—Paraná tiene un centro muy micro, con concentración de oficinas públicas y lugares privados de acceso masivo. Para hacer algo, hay que ir al centro, con la costumbre de hacerlo en vehículo y querer estacionar en la puerta del lugar. Por eso han fracasado las restricciones que se han intentado. Las soluciones no vienen con medidas relacionadas solo al tránsito sino que cambien la necesidad de la gente de ir al centro: descentralizar con oficinas púbicas en los barrios, que la mayoría de los bancos no estén en calle Pellegrini, las paradas de colectivos y negocios; en calle Urquiza están la Municipalidad, la Cámara Federal y Electoral, el Huerto, y pusieron el Registro Civil; en calle Dean J. Álvarez está la escuela (Cristo Redentor) con padres que estacionan hasta en tercera fila porque los chicos “no puede caminar” y en esa cuadra está el Registro Civil… Las calles de Paraná no se pueden ensanchar y se necesita que el tránsito sea más fluido, entonces hay que desalentar que se concentre en determinados lugares.

—¿El tránsito tiene que ser más rápido?

—No, hay que darle fluidez a los corredores y coordinar los semáforos. También hay que pensar el lugar que se les da a las bicicletas, ya que las calles no tienen espacio para las bici sendas.

—¿Hay una falta de ordenamiento general del espacio y cada área trabaja en compartimientos estancos?

—Totalmente es así. El empleado municipal tiene buenas intenciones, pero no ha tenido una orientación de cómo y qué hay que hacer. Falta criterio para muchas cosas que se hacen.

—¿Qué calificación le das, de uno a diez, al conductor paranaense promedio?

—Cinco, caracterizado porque no maneja por la derecha, no señalizar las maniobras, hacer la vista gorda a los semáforos, falta de uso del cinturón de seguridad y ley del más fuerte.

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