Con actividades terapéuticas y formación laboral, APANA acompaña desde hace casi seis décadas a personas con discapacidad en Paraná.
07:35 hs - Jueves 11 de Junio de 2026
Con una trayectoria que el próximo año alcanzará los 60 años de trabajo ininterrumpido en Paraná, APANA es un faro de inclusión, acompañamiento y desarrollo para decenas de jóvenes y adultos con discapacidad. Se trata de una institución que es en una referencia provincial en la atención de personas con discapacidad, generando espacios donde el aprendizaje, la autonomía y la integración social son los pilares fundamentales.
Actualmente, APANA desarrolla sus actividades en dos sedes. Por un lado funciona el Centro de Día, ubicado en la zona de calle Moisés Lebensohn al final, donde se trabaja desde una perspectiva terapéutica con personas que requieren mayores apoyos. Allí se desarrollan actividades vinculadas a la estimulación cognitiva, la motricidad, el teatro, la psicología y distintas disciplinas orientadas al bienestar integral.
Por otro lado, en calle 25 de Junio 527 funciona el área de Formación Laboral. En este espacio se busca potenciar habilidades, generar hábitos de trabajo y brindar herramientas que permitan una futura inserción laboral y una mayor participación en la vida comunitaria. “Trabajamos buscando maneras de inclusión social y laboral, acompañando a cada persona en el desarrollo de su autonomía”, explicó el director de la institución, Kristhian Hernández.
Entre los talleres más conocidos por los paranaenses se encuentra la tradicional panadería de APANA, recordada por generaciones por sus riquísimos productos. Y si bien la pandemia significó un duro golpe para este espacio, obligando a suspender la atención al público, con esfuerzo y perseverancia, la actividad logró recuperarse. “Después de la pandemia empezamos de a poco a reactivar ese espacio y hoy está funcionando muy bien”, señaló Hernández.
Actualmente la panadería vuelve a producir y vender sus elaboraciones de lunes a viernes de 9 a 12 horas, además de realizar pedidos especiales y servicios de catering. Más allá de lo económico, el taller representa una herramienta concreta de aprendizaje e inclusión para quienes participan de él.
Generando oportunidades
La formación laboral en APANA se ha diversificado notablemente en los últimos años. A los tradicionales espacios de panadería y cocina se sumaron talleres de cultivo, confección de bolsas para residuos y sublimado, ampliando las posibilidades de capacitación para los concurrentes.
Cada uno de estos espacios está acompañado por profesionales que orientan el proceso de aprendizaje, aunque el verdadero protagonismo es de los jóvenes y adultos que participan diariamente. “Todo esto es fruto del esfuerzo y del conocimiento de ellos mismos, que van creciendo y aprendiendo”, destacó el director.
Los productos elaborados son exhibidos periódicamente en ferias y actividades abiertas a la comunidad. Una de las más recientes tuvo lugar en la peatonal San Martín de Paraná, donde los participantes pudieron mostrar sus producciones, dialogar con vecinos y vivir una experiencia de integración social tan valiosa como enriquecedora. A pesar de las bajas temperaturas, la jornada fue un éxito. “Los chicos salieron, hablaron con la gente, dieron entrevistas y estaban muy contentos. Es una forma de mostrar todo lo que son capaces de hacer. Nuestro trabajo es acompañarlos para que puedan independizarse, ganar autonomía y crecer”, expresó Hernández.
Desafíos actuales
Como ocurre con gran parte de las instituciones vinculadas a la discapacidad, APANA atraviesa un contexto económico delicado. La entidad depende fundamentalmente de los pagos que realizan las obras sociales por las prestaciones brindadas. Los retrasos en esos desembolsos generan dificultades que impactan directamente en el sostenimiento de los servicios. “Estamos en un punto crítico porque dependemos únicamente de las obras sociales. Cuando se demoran los pagos se dificulta el funcionamiento cotidiano”, explicó Hernández.
A pesar de este escenario, la prioridad sigue siendo garantizar una atención de calidad para las personas que concurren diariamente y sostener las fuentes laborales del equipo de profesionales que integra la institución. Actualmente asisten alrededor de 75 personas entre ambas modalidades y trabajan allí cerca de 25 profesionales y colaboradores.
Afortunadamente este fin de semana APANA será beneficiaria del Paraná Bus Turístico, que ofrece recorridos a cielo abierto con fines solidarios, lo que significa una ayuda para afrontar parte de los costos: todo lo recaudado en los paseos será entregado a la institución. El ticket tiene un valor de 6.200 pesos para adultos, 5.300 para menores de 12 años y 5.500 pesos para jubilados (presentando carnet).
Un lugar de pertenencia
Uno de los aspectos más destacados de APANA es el fuerte sentido de comunidad que se genera entre concurrentes, familias y trabajadores.
La institución recibe durante todo el año consultas e inscripciones de personas interesadas en sumarse. Antes del ingreso se realiza una evaluación interdisciplinaria para determinar cuál es la modalidad más adecuada para cada caso y qué tipo de acompañamiento puede brindar la entidad.
Además, desde APANA buscan llegar especialmente a aquellas familias que desconocen la existencia de estos espacios. “Sabemos que hay muchas personas con discapacidad que permanecen en sus casas porque las familias no conocen lugares donde puedan desarrollarse. Queremos que sepan que existen instituciones que pueden acompañarlos”, señaló Hernández.
El director también advirtió sobre la importancia de sostener actividades permanentes para evitar retrocesos en los procesos de aprendizaje y autonomía. “En discapacidad los avances suelen ser lentos, pero los retrocesos pueden ser muy rápidos cuando una persona deja de participar en actividades. Por eso es tan importante brindar espacios donde puedan crecer y desarrollarse.”
Construyendo futuro
APANA fue creada el 22 de septiembre de 1967. El próximo años cumplirá seis décadas de historia, renovando su compromiso con la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad. Lejos de limitarse a la asistencia, la institución apuesta a generar oportunidades concretas para que cada persona pueda desarrollar sus capacidades, construir proyectos de vida y encontrar un espacio de pertenencia.
Detrás de cada producción en la panadería, de cada bolsa confeccionada en los talleres o de cada producto exhibido en una feria, hay mucho más que un aprendizaje técnico: hay historias de superación, autonomía y crecimiento.
Y quizás allí resida el verdadero valor de APANA. En demostrar, día tras día, que la inclusión no es solamente una palabra, sino una construcción colectiva que se alimenta del trabajo, del respeto y de la convicción de que todas las personas tienen algo valioso para aportar a la comunidad.