En Paraná, el interés por las antigüedades mantiene su lugar entre quienes buscan vajilla, muebles o artículos decorativos, monedas y demás.
09:11 hs - Domingo 20 de Septiembre de 2026
En un mercado atravesado por el consumo rápido y lo descartable, las antigüedades mantienen su lugar y siguen despertando interés entre quienes buscan objetos diferentes, capaces de aportar identidad y personalidad a un espacio. No necesariamente se trata de coleccionistas o especialistas que conocen la historia detrás de cada pieza: muchas veces la elección responde simplemente al gusto, a la estética o a la posibilidad de incorporar a la vida cotidiana un objeto que atravesó varias décadas.
La permanencia también forma parte de su atractivo. Frente a productos pensados para ser reemplazados en poco tiempo, un mueble, una vajilla, una lámpara o un objeto antiguo puede conservar su utilidad, sus materiales y su carácter durante generaciones. A eso se suma el componente emocional: algunos evocan recuerdos familiares y otros permiten acercarse a épocas que no se vivieron, pero cuya estética y particularidad continúan encontrando un lugar en los hogares actuales.
Carina Cottonaro conoce de cerca ese universo: hace 15 años se dedica a la venta de antigüedades y en su local de calle Monte Caseros, en Paraná, se especializa en vajilla, petit muebles y decoración. Sobre la demanda actual, contó a UNO que en general quienes llegan ya tienen alguna búsqueda concreta: una sopera, determinadas copas, platos de un estilo o piezas de porcelana de un origen específico. Pero también están quienes simplemente se sienten atraídos por un objeto que vieron en la vidriera. “Habitualmente viene la persona que conoce y busca algo que ya sabe que va a encontrar en este local”, señaló Cottonaro, quien aclaró que en el rubro algo se considera antiguo si ya pasó los 100 años.
En su experiencia, el interés puede comenzar con una pieza y luego transformarse en una afición más amplia. Hay clientes que después de adquirir un primer objeto empiezan a buscar determinadas líneas, procedencias o estilos y construyen paulatinamente sus propias colecciones.
La especialista consideró además que las piezas antiguas no necesariamente están destinadas a permanecer guardadas. Por el contrario, aconseja utilizarlas: “Ya los guardaron los abuelos muchos años. Y una vajilla antigua puede tener un precio comparable al de una vajilla nueva de determinados segmentos”, precisó.
Sobre este punto, observó que existe una percepción equivocada respecto del valor económico de estos objetos: no todo lo antiguo es barato, pero tampoco necesariamente resulta inaccesible. Hay piezas que pueden alcanzar valores elevados por su antigüedad, procedencia, calidad o características, mientras que otras tienen precios que permiten incorporarlas al uso cotidiano. Desde esa perspectiva, una taza, una copa o un plato pueden recuperar una función cotidiana después de haber permanecido durante años en una alacena.
Un mercado muy variado
La variedad es una de las características centrales de este rubro. En el caso de la vajilla, Cottonaro trabaja con piezas de diferentes épocas, tamaños, colores, diseños y procedencias. Algunas tienen flores, otras son más sobrias; hay platos de distintos colores; porcelana francesa, japonesa, alemana o de otras procedencias.
La búsqueda también requiere cierto conocimiento para quienes se dedican a comercializar estos objetos. Cottonaro explicó que las piezas originales pueden presentar sellos, números de serie y marcas que permiten identificar su procedencia. En determinadas porcelanas también aparece la señal del pincel de quien realizó la terminación, ya que se trata de objetos que fueron completados artesanalmente.
Ese aprendizaje forma parte del trabajo cotidiano, y al respecto contó que cuando recibe una pieza cuyo origen desconoce, investiga sus características para determinar qué es y cuál puede ser su valor. Con los años llegó a reunir una importante cantidad de vajilla y asegura que ha tenido más de 85 juegos completos.
Oferta que se amplía
A la oferta habitual en Paraná, donde hay comercios de antigüedades abocados a muebles, vajilla y otras opciones, se incorporó recientemente en la cortada Venezuela de la capital entrerriana una propuesta reúne objetos de diferentes categorías. Eduardo Cáceres, quien atiende al público, explicó que el emprendimiento surgió después de varios años de trabajar de manera itinerante. Con su socio y amigo Walter llevan alrededor de 15 años vinculados con las antigüedades y durante ese período participaron de exposiciones y ferias en distintos puntos de Paraná y Santa Fe.
Contar con un espacio fijo permitió concentrar las piezas y evitar el traslado permanente de objetos delicados, evitando el riesgo de que se deterioren o se rompan.
Ahora, en el local se pueden encontrar discos de vinilo, vajilla, cristalería, muebles, adornos, lámparas, monedas, billetes y diferentes objetos de otras épocas.
Entre los visitantes hay públicos diversos. El vendedor señaló que los discos de vinilo despiertan especialmente el interés de los jóvenes, que buscan registros de ópera, música clásica, soul y jazz. También llegan personas que conocen más específicamente el mercado y buscan piezas determinadas, como objetos de bronce, cristalería, copas, cubiertos, utensilios de cocina o muebles antiguos.
La numismática constituye otro de los atractivos. El local reúne monedas y billetes nacionales y extranjeros, incluidos patacones, monedas europeas y piezas de distintos períodos.
Lo antiguo vuelve a circular
Tanto en la propuesta de Cottonaro como en la del local que atiende Cáceres reciben consultas de personas que tienen antigüedades y quieren venderlas. Los motivos pueden ser diversos: una mudanza, falta de espacio, una necesidad económica o simplemente el deseo de desprenderse de cosas que ya no utilizan.
Cottonaro explicó que procura conocer primero las piezas y evaluarlas antes de realizar una compra. Generalmente le ofrece al vendedor llevarse otro objeto por el valor acordado. Así alguien puede desprenderse de unas copas que no utiliza y obtener, por ejemplo, platos para usar cotidianamente.
Cáceres, en tanto, prefiere hablar de “rescatar” esos objetos. Considera que recuperar una pieza antigua permite que vuelva a circular y evita que termine olvidada en un depósito o un garaje.
En ese sentido, las antigüedades encuentran un lugar dentro de una tendencia que excede la nostalgia: reutilizar, restaurar y combinar objetos de otras épocas con espacios actuales. Un mueble, un espejo, un candelabro o una vajilla pueden convivir con elementos contemporáneos y adquirir una nueva función.
Y aunque algunas piezas llegan acompañadas por historias familiares, no es necesariamente ese relato lo que moviliza a quien las compra. Muchas veces se trata de una simple elección personal: la atracción por una forma, un diseño, un material o un estilo que conserva vigencia pese a haber sido creado décadas atrás; por objetos que fueron hechos para durar, que atravesaron generaciones y que todavía pueden encontrar un lugar en la vida cotidiana.