Alimentación saludable
Lunes 29 de Octubre de 2018

Ante un mundo que menosprecia los alimentos y la reciprocidad

Congreso de Soberanía Alimentaria en Gualeguaychú. Apuntes sobre variedad y reparto comunitario, en un modelo que puede revivir

Algunos países cuentan con 20 y hasta 40 millones de habitantes en un territorio como el de Entre Ríos, y nosotros no llegamos a un millón y medio. Desde afuera pensarán que acá, con espacio ancho y generoso en agua, en suelo, en clima, y poca densidad demográfica, podemos gozar de una superabundancia de alimentos.

Sin embargo, muchos de los hijos de esta provincia viven en el destierro, otros hacinados, y no pocos hurgando en la basura, al tiempo que el monte ha sido talado. Cómo sería, entonces, si sumáramos otros 20 millones de almas.

Algo no funciona, y para comprenderlo vamos a indagar en otro sistema que sí ha dado lugar a todos, en nuestra región, pero que el europeo recién llegado no vio en su momento, o prefirió tratarlo con indiferencia porque intuyó que ese modelo le cerraba el paso.

El tema está inserto en las inquietudes que se plantearán en el Congreso Nacional de Alimentación sana, segura y soberana y Congreso provincial de educación ambiental que tendrá lugar los días 1, 2 y 3 de noviembre en Gualeguaychú, cuyo Municipio lleva adelante un Plan de alimentación sana, segura y soberana –PASSS–, como punta de lanza dentro de las comunas entrerrianas. Allí entrará en debate el sistema actual, de economía de escala y alto uso de herbicidas e insecticidas. Este espacio Descubriendo Entre Ríos, del diario UNO, que lleva años divulgando conocimientos de la región en relación con la madre tierra, fue convocado a participar el viernes 2, en torno de los saberes ancestrales.

Les dieron de comer
Los estudiosos Bartomeu Meliá y Dominique Temple sostienen que el "descubridor" del continente encubrió durante estos siglos lo que no entendía, o lo que no quería entender.

"Las declaraciones de Colón –apuntan Meliá y Temple– son desconcertantes; niega la economía indígena al mismo tiempo que es alimentado y sostenido por ella. Colón tiene que reconocer la hospitalidad indígena, su extrema generosidad, pero no se le ocurre que esto sea un principio económico".

El navegante había escrito de los pueblos originarios: "son sin codicia de lo ajeno... Son tan sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creerá sino el que lo viese".

Entonces los estudiosos explican: "lo que describe Colón, sin sospecharlo, es una economía de reciprocidad, en la que la comunicación de bienes se rige por el don y cuya orientación fundamental es la reproducción y generalización del mismo".

Como una muestra de la abundancia de alimentos, los autores nos recuerdan un antiguo testimonio de Ulrico Schmidl: "Ahí nos dio Dios el Todopoderoso su gracia divina que entre los susodichos Carios o Guaranís hallamos trigo turco (maíz) y mandiotín, batatas, mandioca poropí, mandioca pepirá, maní, bocaya y otros alimentos más, también pescado y carne, venados, puercos del monte, avestruces, ovejas indias, conejos, gallinas y gansos y otras salvajinas las que no puedo describir todas en esta vez. También hay en divina abundancia la miel de la cual se hace el vino; tienen también muchísimo algodón en la tierra".

Cualquiera podrá aducir que, entonces, el río y la selva colmaban de alimentos a las comunidades.

Pero si así fuera, los países que hoy cuentan con 30 millones de habitantes en un territorio como el entrerriano estarían en su derecho de suponer que nosotros nadamos en la abundancia. (No estamos contando casos extremos como la ciudad estado de Singapur, con una densidad demográfica apabullante).

Los "primitivos"
Como Entre Ríos cuenta con decenas de villas miseria y una gran masa de habitantes en la indigencia (a pesar de su escasa población por haber expulsado a centenares de miles en siete u ocho décadas), lo que salta a la vista entonces es que el sistema hace agua, es decir: los pueblos originarios tenían una organización que les rendía, y nosotros no. Mal que nos pese. Y el asunto no involucra a un sector o a un partido: estamos hablando de un sistema.
Allí es donde aflora la capacidad superior de organización, de naciones a las que la historia oficial ha presentado como "primitivas" y, como bien dicen los estudiosos nombrados, cultivaban (y cultivan) una organización bajo el principio de reciprocidad, hoy dejado de lado entre nosotros en gran medida.
Luego de analizar el modo en que las mujeres y los hombre de este suelo daban y recibían bienes entre ellos y en relación con el europeo, dice Temple: "el indio interpretó al occidental como otro indio; es decir, como a otro que participa de un sistema de reciprocidad y no como integrante de un sistema diferente (basado en el intercambio). El indio ignoraba que pudiese existir un sistema diferente al de la reciprocidad, menos aún uno en el cual el interés privado fuese más importante que el comunitario".
Luego agrega Meliá: "hay dos sistemas económicos fundamentales: la economía de intercambio, de la cual la economía de mercado es la expresión más significativa; y la economía de reciprocidad, que se rige por el don y está orientada a reproducirlo. En muchas lenguas indígenas donde no se encuentran originariamente palabras que signifiquen comprar y vender, o poner precio, suele aparecer con gran riqueza semántica la palabra que significa la reciprocidad. El jopói guaraní es etimológicamente 'manos sueltas recíprocamente', esto es, 'abrir las manos dando unos a otros'. Estoy informado de que el ipaamu de los Aguaruna del Perú o el nguillatún de los Mapuche de Chile tendrían un sentido análogo".

Las tutías
Nuestra provincia tiene condiciones para abastecer con alimentos a millones, pero ni siquiera produce para sus habitantes. Pescados, carnes rojas y de aves, frutos de todo tipo, semillas, hojas verdes, papas, batatas, zapallos, legumbres: esto podría ser una huerta para el mundo.
Hemos mostrado en este espacio una ecuación muy sencilla: de los millones de hectáreas en producción agraria que tenemos aquí, si tomáramos sólo 200.000 ha con maíz nos tocarían, a los entrerrianos, casi 40 choclos por persona por día. Una familia con diez miembros, 400 choclos en un almuerzo. Entonces, ¿por qué cuesta tanto llevar un choclo al plato? Porque el sistema no está hecho para la alimentación de todos sino para la economía de escala, que excluye a muchos.
Qué diremos de los peces, cuando tenemos 40.000 kilómetros de ríos y arroyos cargados de vida, pero también devastados con redes de cientos de kilómetros, lo que aleja a los vecinos de los alimentos, y coloca en el medio una infernal burocracia.
Como una vía de conocimiento hacia los frutos con que se alimentaban antiguamente nuestros pueblos, daremos aquí una experiencia personal, en Entre Ríos, para mostrar la relación estrecha de la población con frutos milenarios de este suelo y voces de nuestras culturas.
En nuestra infancia era habitual salir al campo, por caso, a comer tutías, esas frutitas muy rojas de un arbusto espinoso, considerado una plaga. Recordamos alguna vez, incluso, una rica mermelada de tutías, por el gusto de probar. ¿Y qué significa tuti'a en guaraní? Espina. Así se lee en el libro Tesoro de la lengua guaraní, de Antonio Ruiz de Montoya, una obra de 400 años. Y se refiere precisamente a la especie Solanum sisymbriifolium.
El botánico Juan de Dios Muñoz no habla en su obra de la utilidad de la fruta sino de la raíz, las hojas y las flores de la tuti'a: "Hojas en infusión o decocción diuréticas, resolutivas, analgésicas, y contra molestias dérmicas. Flores en infusión calman la tos, raíz machacada en infusión es depurativa, anticonceptiva, contra inflamaciones hepáticas y renales", dice.

El camambú
Era común compartir el pororó, lo que hoy muchos llaman pochoclo, palomitas. Pororog, dice Ruiz de Montoya: estruendo; ruido de cosa que revienta; avati pororog, maíz que reventó tostándolo.
No menos común, morder el jugo de los macachines o juntar frutas de mburucuyá. Mburukujá: granadillas, pasionaria, dice Ruiz de Montoya. Y recuerdo, en las cabalgatas a la escuela, pasar casualmente por el camino más largo (la llamada Divisoria), y robarle frutitas a los talas. Todos alimentos autóctonos con nombres no castellanos. Al ras del suelo, el farolito del camambú, con una frutita amarilla pegajosa en el centro. Kamambú, dice Ruiz de Montoya: ampolla, y cosas semejantes; ampolla de agua; pezón de mujer.
Incorporábamos las voces guaraníes al castellano sin esfuerzo, lo mismo que las voces venidas del altiplano como chacra, choclo (mazorca tierna), cancha, tambo, guacho, yuyo. Para nosotros, tamberos, no era raro usar esas palabras a diario. Y no lo es hoy.
Lo primero que hacíamos muy temprano era, obviamente, prepararnos un mate. Mati, del quechua, calabacita.
Éramos gurises en la chacra criando terneros guachos, deschalando choclos, pescando tarariras, jugando en la tapera; más criollos que la tuna, como dice el refrán. Gurí, chacra, guacho, tararira, chala, choclo, deschalar, tuna, tapera: ninguna de esas voces pertenecen al castellano.
Para la pesca, buscar primero una caña tacuara. Takua, dice ruiz de Montoya: cañas huecas. Tacuara, Guadua angustifolia. Y en ese oficio no era raro encarnar con isoca o tucura. Ysog: gusano. Tuku: langosta y cosa semejante. Voces del guaraní, registradas por escrito hace ya cuatro siglos.

Hasta los caramelos
Siguiendo con los alimentos, con el tiempo conocimos mejor el ñangapirí o pitanga, el ubajay, y tantos frutos de este suelo, con nombres lugareños. Como sabíamos de mangangá, camuatí, surubí, patí, manduvé, carancho, chimango, tuyango, ñandubay, aguaribay, yacaré; yarará en las costas del Gualeyán, el Pehuajó, el Gualeguay, el Ibicuí, el Paraná, Uruguay, en fin. Se cuentan por cientos las voces que usamos de nuestros pueblos, y muchas de ellas en los alimentos.
Lo apuntamos también para preguntarnos cuántos saberes, cuántos modos, han quedado en nuestra cultura como fibras de una trama multicolor, y cuánto podríamos recuperar si no estuviera velado bajo el sistema único que predomina hoy.
No era raro que un vecino convidara con un carpincho, un guazuncho, o que en unas carneadas nos encontráramos con un tapichí. Por cruel que parezca, no se iba a desperdiciar una carne tan tierna. Ruiz de Montoya anota tapi'iti: conejo. León Cadogan dice tapichí: liebre. Para nosotros, nonato.
Hasta en las golosinas estaban las voces antiguas, como en los caramelos y chupetines misky (miel en mapuche), o el jugo pindapoy (pindapoi, pescar con anzuelo en guaraní),

Los guanacos
Cuando el vínculo con un fenómeno es estrecho, los pueblos acuñan diversos nombres para las diferencias de estadios. Detalles, variantes, como se ha dicho de los habitantes cerca del polo norte en relación con la nieve.
Luis Alberto Borrero señala cierta dependencia de los Selk'nam (Onas) con los guanacos.
Indica que en el Vocabulario de José Beauvoir, el guanaco se llama yowen, el guanco chico karmny, el trabajo de guanaquear, doipen y oyepenes. Y transcribe este registro de Gallardo: "cuando se trata de un guanaco padre, viejo, el indio lo nombrará marren, maarde o hoorr, según los casos... A una guanaca con cría la llaman toholpai; además tienen nombres especiales para una guanaca preñada, así como para un guanaco enfermo. Cuando se trata de una tropilla de guanacas con un solo macho, la llaman simien, pero si son muchos los animales reunidos y entre los cuales hay hembras y machos... la denominan inmilen".
Lo decimos para mostrar una de las fuentes de alimentación de otro pueblo de la región, en este caso más al sur, como los Selk'nam, y no es de extrañar: nosotros hoy tenemos diversos nombres para los vacunos, por caso, según sean machos, hembras, no nacidos, recién nacidos, jóvenes, adultos, si fueron o no castrados, y los distinguimos incluso por la presencia o ausencia de astas. En el nordeste entrerriano conocen cientos de variedades de naranjas y mandarinas, que desde lejos reducimos a unas pocas.
Los Selk'nam se movían para asegurar la variedad de recursos, y a veces lo lograban mediante el intercambio con otros cazadores recolectores marítimos como los Ausch y los Alakaluf... "se realizaban reuniones especiales para el intercambio, las que eran conocidas como kuash-ketin", dice Borrero. Peces, mamíferos marinos, aves marinas, moluscos, roedores, son algunos de los alimentos clásicos en el extremo sur. ¿Sería el kuash-ketin algo similar al jopói, el ipaamu y el nguillatún? ¿Cuánto de soberanía hay en la reciprocidad?

Dar al vecino
Juan José Rossi recuerda que los Alakaluf dependían mucho de los frutos del mar, y que en todos los casos los estudiosos señalan el trabajo comunitario, la reunión en torno de los alimentos y el compartir. Apunta un testimonio tomado por Gusinde: "desde siempre es usanza entre nosotros que aquel que trae mucha o poca carne de la caza, o mariscos, huevos u hongos de la recolección, debe darle algo a cada vecino como obsequio. Así se incrementa la amistad y la concordia de todos los Alakaluf y de las familias entre sí".
Rossi y Manuel Rocca citan un relato de Francisco Antonio Cabello y Mesa, después de recorrer el país de los Chiriguanos hacia 1800. "Todo el año es Primavera, y por consiguiente los pastos verdes con arboledas muy crecidas de exquisitas y diversas maneras: muchos naranjos y limones, quajados a un mismo tiempo de azhar y fruto. Nogales palmas, y el palo que llaman del Brasil, y la que se dicen yerva del Paraguay".
Y sigue Cabello y Mesa (respetamos la grafía) : "mucha abundancia de Abejas que producen especiales mieles, y cera; palillos, azafrán, granadillas, frijoles de varias especies, lechugas, calabazas, batatas, o camotes, manzanas, durasnos, agí o pimientos, higos, sandias, algodón, y oras varias especies de frutos, y mucha Yuca"
"En los Arroyos crecidos, diversidad de pescado, siendo los del Río-nuevo tan grandes los Dorados que la mejor Mula solo puede cargar seis, tres por tercio, y los Sábalos son grandes y de delicado gusto".

No tienen cosa propia
"Hay bastante ganado vacuno, y caballar, siendo los Caballos corpulentos, y muy hermosos: mucha porción de gallinas, y en los bosques Bacas de Anta (es la gran bestia), Venados, Jabalíes, Osos, Monos de varias especies, Tigres, Onzas, Capiguaras parecidas al Puerco, Conejos; mucha diversidad de aves, víboras, culebras, mosquitos y otros varios insectos".
"El Maíz se da con tal abundancia que por lo regular las mazorcas son de dos tercias, sin más beneficio que hacer un ahugerito con un palo en la tierra, y echar el grano".
"Tienen chacras y sembrados de maíz, legumbres, frijoles, caña dulce, y lo que necesitan para el sustento menos trigo por no producir en aquel terreno".
Sobre la organización social, añade: "su gobierno es una vida común, de forma que el daño de qualquiera es como si se hiciese a todos. Los Capitanes son los que tienen algún mando, pero solo en la guerra, porque en los demás son Jueces las cabezas de familia. No tienen cosa propia porque cada uno tiene derecho a lo que es de otro, y así viven pacíficamente porque cualquiera que recibe, o tiene algo lo ha de partir hasta donde alcance a los demás, y mutuamente labran unos y otros sus sementeras".
Ya hemos comentado cómo, en Entre Ríos, las formas comunitarias y hospitalarias y el trabajo celebrado no son cosas del pasado.