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Ante la pobreza que se agudiza, en comedores comunitarios crece la demanda de alimentos

A la par de que hay más gente con necesidades, cada vez alcanza menos el aporte del Estado. Con donaciones tratan de sostener su obra solidaria.

Miércoles 04 de Septiembre de 2019

Los comedores comunitarios de Paraná reciben cada vez más gente que va en busca de un plato de comida. La demanda crece a la par de las necesidades que se agudizan con la expansión de la pobreza, y sus referentes tratan de dar abasto, pero en un contexto en el que los comestibles siguen subiendo de precio, se hace difícil.

En la parroquia Guadalupe hace más de 15 años que por la tarde entregan una vianda a personas que llegan desde los barrios San Martín, Los Hornos, Barraquitas, Mosconi, Humito, entre otros aledaños. “Se ha incrementado mucho el número de gente que viene. Estamos dando viandas a 230 personas, cuando nuestra capacidad es para 150. Además tenemos un registro de gente en espera y hay muchas anotadas”, contó a UNO el padre Ricardo López, quien está a cargo del lugar.

Asimismo, observó que cada vez van más jóvenes en busca de ayuda: “Antes teníamos mucha gente mayor de edad, con discapacidad o con realidades un poco más complejas, pero ahora llega mucha gente joven con sus hijos. Muchos han perdido el trabajo, algunos también su casa porque ya no pueden pagar un alquiler y están viviendo con otra familia, o con los padres, que a veces tampoco los pueden bancar. Esa realidad se está dando bastante”.

El sacerdote mencionó que con la devaluación el panorama se complicó más. Desde el gobierno provincial les dan un aporte, pero resulta insuficiente: “Nos pasan casi 50.000 pesos por mes y estamos gastando arriba de 250.000 pesos. Hacemos lo que podemos. Hay gente que nos dona cosas. Lo más caro es la carne y no podemos echarle menos de 15 kilos a la comida, para que al menos tenga un sabor o haya un pedacito en cada porción. Nuestro menú ahora es muy básico, es guiso, porque no nos alcanza para otra cosa”, lamentó.

El hambre puede ser muy cruel si no se lo combate y en un contexto de vulnerabilidad social que se expande procuran conseguir más colaboraciones. “Ahora estamos haciendo campañas en distintas escuelas para pedir donaciones. Antes había quienes donaban 20 o 30 kilos de arroz, o un pack de fideos, y ahora ya no pueden. Así que estamos buscando todo tipo de ayuda, llamando a gente que colaboró en su momento, haciendo un llamado a la solidaridad. Hay algunos clubes que colaboran; ahora un grupo que corre maratones hizo una colecta de alimentos y nos destinó a nosotros lo recaudado, pero ese tipo de donaciones es muy variada y a la hora de cocinar es complicado, porque hay fideos distintos y también arroz de varias marcas, que tienen diferentes tiempos de cocción. Tenemos tres ollas grandes y vamos viendo cómo hacer”, manifestó, y evaluó: “Las cosas han subido mucho. Con la tarjeta Sidecreer no podemos buscar mucho precio, pero con las donaciones vamos buscando ofertas. Nos donaron grasa, que a nosotros no nos sirve y la cambiamos por aceite”.

Para ayudar, se puede concurrir a la parroquia situada en calle República de Siria 494. La Secretaría está abierta de 9 a 11, y de tarde, de 15 a 19.30. También en la panadería que impulsó la iglesia, que está abierta de 6.30 a 13, donde se pueden llevar donaciones o colaborar adquiriendo sus productos.

En la parroquia Cristo Peregrino, ubicada en calle Aceval 1157, también brindan una vianda a la gente más humilde. Antes lo hacían de lunes a viernes, pero por falta de recursos tuvieron que limitarla a los lunes, miércoles y viernes. El padre Ramón Zapata contó que hacen unas 200 porciones y cuando pueden le entregan a los concurrentes mercadería para que hagan en su casa una cena, o leche para la merienda de los chicos.

Al lugar asiste gente de todas las edades. Con una pequeña ayuda del Estado sustentan una parte, y con las donaciones que reciben consiguen multiplicar las raciones. El padre Zapata contó que recurren a la providencia: “De un lado y de otro, siempre hay gente generosa que nos consigue algo, que abre su corazón y nos da, y gracias a Dios”, afirmó.

Marta Montero, la encargada del comedor Cristo Peregrino, acotó: “Estamos teniendo cada vez más gente y damos la vianda tres días a la semana por ahora porque no tenemos medios para hacerlo más días. Estamos pidiendo donaciones, porque para entregar tantas porciones siempre precisando ayuda. Nos hace falta lo básico para cocinar, todo lo que sea aceite, fideos, arroz, polenta, lentejas. Tratamos de darles carne si conseguimos, igual que salchichas o pollo para ponerle cosas nutritivas a las comidas. Todo va a ser bienvenido”, dijo, y brindó su número de teléfono para quien pueda colaborar: (0343) 154479490.

En el centro comunitario Solidaridad también redoblan los esfuerzos para que la gente sin recursos de la zona tenga qué comer. Cuentan con dos comedores: uno es el Luis Pacha Rodríguez, que funciona desde hace 36 años de lunes a viernes en Pronunciamiento 631 del barrio Belgrano, al que van más de 350 vecinos; y el otro es Los Gurises, en barrio Presidente Perón, donde se ofrece una cena a unas 300 personas.

Liliana Barrios es su referente y dio cuenta del trabajo que realizan: “La situación día a día se nos complica porque hay más necesidades, por lo tanto tenemos más beneficiarios, y contamos con un monto estricto de partidas que nos dan. Los lunes, que llegan con hambre, piden dos veces. Les damos platos variados y por lo general llevan carne, y hacemos un poco malabares para que no falte comida”, señaló.

En el Centro reciben donaciones y hace poco una chica de una radio organizó un festival de rock para recaudar alimentos y fue de gran ayuda. “La verdad se agudizó la necesidad de la gente, más que nada en la comida, en la leche, en el pan, que es lo que más hace falta a diario en una familia”, sostuvo Barrios, quien recordó que para colaborar, se pueden contactar llamando al (0343) 155080883.

Otra obra que brinda un almuerzo es el comedor María Reina Inmaculada, que funciona en la iglesia San Miguel desde hace cuatro décadas. Esther Klocker es su referente y dijo a UNO: “Está destinado para adultos mayores en situación de calle y recibimos más de 80 personas en este momento. Para nosotros es mucha gente, e incluso estamos complicados porque no entran todos en el comedor y hay que esperar que se vayan unos e ingresen otros para que todos puedan comer. Por ahora alcanza, pero ya está resultando escaso también, porque quienes vienen están acostumbrados a repetir y eso ya no da”.

Las voluntarias se turnan para cocinar a diario, y actualmente reciben la ayuda de estudiantes de la escuela Carbó, que hacen sus prácticas. “Hasta el momento tenemos mucha gente que colabora, con la carne, con el pan, un poco con la verdura. Hay quienes donan dinero y con eso se compra lo que falta”, comentó, y destacó: “El comedor tiene 42 años y siempre se ha nutrido de la voluntad de dar de la gente y hasta ahora ningún día hemos dejado de cocinar por falta de comida”.

Por último, contó que reciben donaciones de “toda mercadería comestible para preparar un almuerzo” y también cucharas, tablas para picar y descartables para servir la comida. Quien desee colaborar puede acercarse a la parroquia, en Buenos Aires y Gardel.

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