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América se deshace de Vespucio para no sucumbir al Abya yala

El nombre del continente está en entredicho, y si algunos recuperan la cuna nativa de "América" eso no opaca la rebelión que supone "Abya yala".

Sábado 11 de Septiembre de 2021

¿Cómo se llama nuestro continente? América, responden unos con razón. Abya yala, responden otros con razón. ¿Estamos ante un problema, entonces? ¿O llevar dos nombres es, en verdad, sólo una curiosidad?

Autores de prestigio han insistido, en estos días, en recuperar la raíz supuestamente “americana” de la voz “América”. Aquí abordamos el asunto, pero con esta advertencia: los pueblos ancestrales han recuperado la voz “Abya yala” para nombrar al continente, más allá de lo que digan los investigadores sobre “América”. Es decir: al llamarle “Abya yala” no opinan sobre las cualidades de Américo Vespucio o sobre las razones de los europeos al bautizarla “América”; sencillamente ignoran la autoridad del invasor, y eligen el nombre que mejor cuadra; para ello acuden a palabras de pueblos indígenas de Panamá y Colombia.

En este espacio tratamos el tema en varias oportunidades desde hace una década, porque nosotros mismos nos hemos asombrado hace algunos lustros con la voz Abya yala, y a la vez nos vimos sorprendidos con la hipótesis alternativa sobre el origen de la voz América que, según algunos estudiosos, no obedece al navegante Vespucio sino a un idioma nativo de Nicaragua.

Hace pocas décadas no había un cuestionamiento firme al nombre del continente, pero ya se hablaba (y nosotros lo ignorábamos) de una fuente distinta a la de Vespucio. Desde que apareció en escena el nombre Abya yala, los pueblos ancestrales se aferraron a esa voz de una cultura pequeña y aguerrida de Panamá y Colombia para mostrar su raíz milenaria, y quitarse de a poco el nombre resuelto por el conquistador. Pero ocurrió que, al mismo tiempo, algunos autores empezaron a desempolvar aquella otra hipótesis que dice que América, si bien fue un nombre elegido por los europeos para el continente, tiene raíz en Nicaragua. El problema que se presenta es que esa recuperación, muy interesante por cierto, parece desviar el sentido del debate.

Dos bellas palabras

Si fuera como algunos sospechan, diremos que el continente luce dos bellos nombres bien plantados, con voces del fondo de los tiempos, y cada cual podrá elegir el que le guste. Los argentinos y las argentinas no nos vamos a asombrar, si nuestro país tiene varios nombres y todos aceptados por la Constitución que en su artículo 35 dice: “Las denominaciones adoptadas sucesivamente desde 1810 hasta el presente, a saber: Provincias Unidas del Río de la Plata; República Argentina, Confederación Argentina, serán en adelante nombres oficiales indistintamente para la designación del gobierno y territorio de las provincias, empleándose las palabras ‘Nación Argentina’ en la formación y sanción de las leyes”. Después Santiago Derqui decidió que para los actos administrativos se use República Argentina.

De Amerrique a América

En pocos años, Abya yala fue recuperando un espacio en casi todos los encuentros de los pueblos ancestrales, y las organizaciones decoloniales. Ya es conocido su origen entre los pueblos Gunas. Abya yala, tierra en plena madurez, tierra de sangre vital, qué nombre bello, qué lindo suena. Y es cierto que los Gunas llamaban así a la región, al lugar amplio, no necesariamente a todo el continente.

Ahora bien: América tiene lo suyo: si bien esa voz resulta resistida (por su origen en un navegante de mala fama, según la historia más difundida), había alcanzado vuelo propio, ya se había desprendido de aquel Albérico (Américo) Vespucio, y hoy expresa mil sentidos de nuestro paisaje, nuestras luchas, nuestros sueños de unidad, a lo que se añade ahora la recuperación de una hipótesis que en principio parecía traída de los pelos: que la voz América no proviene de Vespucio sino de las sierras Amerrique.

¿Qué haremos, entonces? En nuestra región, estudiosos como Juan Antonio Vilar, Juan José Rossi, Mauricio Castaldo, Fortunato Calderón Correa, Mario Castaldo, entre otros, dicen Abya yala, y escriben Abya yala en sus columnas y libros, desde hace una década. En general agregan América entre paréntesis, porque entienden que la mayoría tiene incorporado este nombre que, por derecho propio, Abya yala viene a desplazar.

Pero ellos saben también que por aquí y por allá se está reflotando aquella vieja hipótesis que ubica la voz “América” como originaria de este suelo. Algunos defensores de “América” sostienen, por lo que hemos leído, que los que dicen “Abya yala” ignoran la hipótesis del origen nativo de “América” y eso es un error: hace años que venimos intercambiando datos sobre esa idea sostenida por pocos, que podría tener asidero, es cierto, aunque quizá debilite la arremetida emancipadora de la voz “Abya yala”.

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Historiadores. Juan José Rossi en Chajarí y Juan Antonio Vilar en Paraná coinciden en la voz Abya yala.

Historiadores. Juan José Rossi en Chajarí y Juan Antonio Vilar en Paraná coinciden en la voz Abya yala.

¿Tradición oral?

Hay escritores de Nicaragua que conocen bien las sierras Amerrique y sostienen que la versión de que allí está la fuente del nombre del continente es una leyenda localista sin fundamento. Pero veamos a quienes defienden ese origen. (Para eso nos tomamos de una nota publicada en este espacio hace un lustro). El geógrafo francés Jules Marcou propuso en septiembre de 1886 que en “Amerrique” se origina el nombre de América. Según Le Plongeon, Amerrique significa en lengua maya “país del viento” o “país donde el viento sopla siempre con fuerza”. Para el estudioso nicaragüense Dávila Bolaños significa en lengua de los mayas “cordillera larga”. El geólogo y naturalista alemán Thomas Belt, que visitó Amerrique, afirma que el nombre es de origen Lenca y la llamó “cordillera de siete picos”.

Nada de eso debe asombrarnos. En Entre Ríos hay topónimos de origen desconocido a los que se les adjudica una decena de significados posibles.

El estudioso José Mejía Lacayo apunta que catorce años antes que Marcou, el peruano Ricardo Palma menciona en 1872 el nombre de las montañas de Amerrique, y dice que Palma pensaba que el nombre América circuló por tradición oral entre los hombres de Colón.

Es decir, los navegantes escucharon “América” aquí, en sierras de Nicaragua, empezaron a hablar de “América”, y al momento de escribir un nombre en el mapa el geógrafo recordó lo que era ya una voz habitual durante varios años, pero como coincidía con el nombre de Vespucio, se lo adjudicó a manera de homenaje… Hipótesis difícil, por falta de documentos, porque eso de la voz popular es más una suposición, sin pruebas; pero versión no imposible. ¿Amerrique circuló entre los viajeros? Puede ser, y puede no ser. Los que sostienen la hipótesis recuerdan que el nombre verdadero de Vespucio era Albérico, y que el cambio a Américo pudo obedecer a una intención suya de parecerse al nombre que pronunciaban los navegantes. ¿Puede ser? Sí, puede ser, pero ¿cómo probarlo? El nombre Américo fue usado antes también por Vespucio y estaba en sus abuelos. En fin: de suposiciones está empedrado el camino al relato fácil y conveniente.

Escofinar una lucha

En verdad que a los defensores de la emancipación nos cae en gracia la explicación, pero por más que leemos, y admitimos que pudo haber intrigas para beneficiar a tal o cual país con el nombre del continente, también aceptamos que entre esa hipótesis y la clásica (es decir, aquella que le da nombre de mujer como a los otros continentes, y coloca a Vespucio en el centro), no sabemos con cuál quedarnos. Si nos inclinamos por el origen nativo, entonces estaremos ante dos nombres nativos: América y Abya yala. No es poco, para nuestros pueblos que han sido y son víctimas de racismo por siglos.

Pero a no engañarse: habremos escofinado un tanto la fuerte y exitosa embestida ancestral de estas dos décadas en favor de la voz Abya yala, con todo lo que tiene de rebeldía y amor a los pueblos.

La duda queda, y los intelectuales pueden pasar toda una vida sin despejarla, claro está. A veces, y ocurre con topónimos de nuestra región litoral, estamos ante un callejón sin salida, como han dicho algunos lingüistas. Pero entonces llega el otro plano: la práctica. Si son mayoría los pueblos ancestrales y grupos decoloniales que están usando la voz Abya yala, ¿por qué no abandonarnos a su pálpito? Si nuestros pueblos se han sentido liberados en esa voz, si ya no importa sólo la voz sino todo su sentido que corta, sin medias tintas, el ombligo con Europa, ¿ahora nos tomaremos de aquella teoría para volver a “América”?

¿Jugaremos una palabra o la otra según los gustos del momento, las conveniencias, las simpatías personales, o arrastrados por los debates que estimulan algunos autores dando sus meras opiniones como si fueran certezas?

Decenas de pueblos ancestrales del continente dicen Abya yala, decena de historiadores, decenas de sociólogos; y son innumerables los encuentros indígenas, campesinos, revolucionarios, independentistas, que dicen Abya yala. Esa voz condensa luchas y anhelos, manifiesta una conciencia decolonial que ya no relativiza genocidios y esclavizaciones ni acepta cambiar los tiempos para favorecer el predominio europeo. Abya yala no negocia con el capitalismo ni con la modernidad ni con las religiones traídas de Europa ni con los modos de pensar occidentales. El tema ya no se restringe al origen de la voz. Abya yala es una voz críticas del despotismo de las religiones, del Estado Nación, de los saberes eurocentrados, de las instituciones occidentales, de la historia más divulgada, de las academias colonizadas. Por eso no nos sorprende la resistencia.

Abya yala es una voz dulce y a la vez un grito. Cuando nos animamos a pronunciar Abya yala estamos revisando la historia completa y estamos ampliando nuestra historia en no menos de 12.000 años, en este territorio. Abya yala. Para pronunciar, pensemos en una mujer sabia y en el apellido Ayala, abiayala, o abiaiala.

América nicaragüense

Eso no equivale a menospreciar los estudios sobre el origen de la voz América. En la Semántica náhuatl de Alejandro Dávila Bolaños encontramos una definición de “Amerrique”: “de origen maya: amac, cordillera, faja, pueblo. Rique, cosa extendida. Cordillera larga”.

Y luego: “Extensa cordillera que corre paralela al oriente de la costa de nuestro Lago Cocibolca, y que divide el Departamento de Chontales en dos regiones disímiles. Este nombre, Amerrisque, es famoso desde que el geógrafo francés Jules Marcou escribió la sugerente teoría sobre el origen del nombre América. ‘La verdad, es, escribió Marcou, que la palabra Amérrica o América es de origen indio y proviene de los idiomas de los aborígenes del nuevo Continente. Dicha palabra traducida de las lenguas chontales y maya de la América Central, significa ‘País del Viento’, y con ella se designa, en aquella región, una cadena de montañas conocida como muy rica en minas de oro”.

Arturo Ortega Morán duda sobre la hipótesis pero no la desacredita: “Si todo es como ahora parece ser (ahí está la duda), el nombre América es una herencia de los amerígenas de Centroamérica, que algunos especialistas dicen que en maya significa ‘Lugar de los vientos’; aunque el Dr. Juan Luna Cárdenas defendió la tesis de que es una voz Aztekatl-Nikira que significa ‘lugar de grandes abismos y aguas profundas’. Hace notar que la raíz aparece en el topónimo mexicano Amekatl (gran barranco de agua), al incluir la partícula ‘ikak’ que significa ‘cosa vertical’ y encarece la idea de profundidad, se obtiene ‘Ametlikak’”.

Y continúa Ortega Morán: “en Aztekatl-Nikira, lengua del clán aztekatl que habitó en la región de Nicaragua, el fonema “tl” pasó a “r”; de modo que Ametlikak pasó a ser Amerikak, nombre que describe la topografía de aquel lugar en toda su realidad y belleza. No creo que éste sea un tema acabado –aclara el autor-; aún falta una prueba definitiva para aceptar el origen amerígena del nombre de nuestro continente. Habría que encontrar un texto anterior a 1507 en donde se hable de Amérrike, América o algo similar para referirse a estas tierras; y hasta donde sé, aún no se ha encontrado. No obstante, es una historia que no suena hueca”.

Siglos de América

La voz América no está lejos de las raíces de este continente. Según la Real Academia Española, “metate” (cordel o cuerda hecha de cabuya, cáñamo o crin de caballo), deriva del náhualt “mecatl”.

“Ameca” es uno de los municipios del Estado de Jalisco, y su cabecera es la Ciudad de Ameca. El nombre proviene del vocablo náhuatl Amecatl, que significa mecate de agua o río…

Vale conocer, pues, qué cerca están las voces de aquí para originar también el nombre América, por más que los documentos digan que los cartógrafos bautizaron el continente en honor a Vespucci.

Si bien el nombre América aparece ya en 1507 en un mapa, en general no se usó por siglos. Las Indias, el Nuevo Mundo, eran los más comunes. No eran las Indias, no era un nuevo mundo sino para los recién llegados; no era tampoco “Colombia”, un nombre que varios intentaron en honor a Colón.

Volvamos entonces al nombre que está cobrando simpatías crecientes y que parece mejor fundado, en relación a los anhelos de los pueblos milenarios de este suelo: Abya yala. Sigue siendo el nombre que mejor nos contiene. La hipótesis de Marcou, que otros han tratado de explicar, ampliar, explorar con aportes lingüísticos, se originó cuando el nombre de América se había hecho popular en los documentos siglo y pico antes. Si un día decidiéramos erradicar ese nombre y llamar al continente Abya yala, quedará para la historia que el nombre “América” se usó durante pocos siglos.

Nuestra preferencia

En cualquier caso, si estamos con la descolonización de nuestros territorios, si en verdad queremos la emancipación y vemos que decenas y decenas de comunidades ancestrales y organizaciones indígenas llaman Abya yala a este continente, y lo hacen con convicción y como una manera de aplicar el sentido decolonial en algo tan hondo y duradero como el nombre, ¿por qué debilitar una vez más esa lucha? Han vuelto al ruedo los pueblos ancestrales, y dicen Abya yala. Bueno sería continuar con las disquisiciones académicas, y hacerlo sin candidez.

Si a nosotros, hoy, nos dicen América entendemos de qué se trata, y lo mismo si nos dicen Abya yala. Las dos voces tienen historia y nos generan un orgullito manso. Como un imperio se robó “América”, ya en el mundo los “americanos” son los habitantes de uno de los muchos países de este continente: USA. Por razones que haya de un lado y de otro lado, nuestros pueblos ancestrales nos están diciendo que prefieren Abya yala, ese es el nombre que les sienta, aunque haya intelectuales de sus propias filas que valoren el origen nativo de América. Por estas razones, nos sentimos bien incluidos en cualquiera de esos dos nombres, y preferimos sin titubeos Abya yala.

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