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Historia de vida

Amatti, el repartidor de gas que se abrazó con Ringo Bonavena y Maradona

Conoció a Ringo Bonavena y recibió en su casa a la familia del púgil. Tiene fotos con históricos de Huracán como Brandisi, Houseman, Babintong y Ayala

Viernes 23 de Julio de 2021

Era apenas un adolescente de 15 años y ese día madrugó, como siempre para vender diarios, sin saber que estaba a horas de cumplir un sueño. Ingresó, como era habitual, a un local de calle General Urquiza en Paraná, llamado Roma, y fue cuando el mismísimo Ringo Bonavena le compró un diario. El ídolo le regaló unas facturas, tuvieron una charla que culminó en un abrazo y la promesa de que un día lo llevaría a Parque Patricios. “Literalmente, me levantó para arriba”, recuerda con emoción Raúl Amatti, repartidor de gas envasado muy conocido en Paraná y alrededores. La promesa quedó trunca, ya que un año más tarde, en 1976, el boxeador Oscar Natalio Bonavena, ídolo popular que le plantó cara a Ali, encontraba la muerte en un burdel. Poco tiempo después Amatti creó lazos de amistad con la familia del púgil. Más de una vez los recibió en su casa o visitó la de ellos, en Buenos Aires. Compartió micros, viajes, concentraciones y festejos con los jugadores de Huracán, hasta fue guía de Diego Armando Maradona en Paraná y lo acompañó durante el velorio de un tío, hermano de doña Tota. Miguel Ángel Brindisi, René Orlando Houseman, el inglés Babintong y Roberto Ratón Ayala, algunos de los amigos que le dejó su amado Globito.

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Raúl Amatti recorre a diario distintos hogares de Paraná, Colonia Avellaneda, Sauce Montrull y San Benito con su reparto de gas envasado. Es su actividad desde hace muchos años y asegura que a gran parte de sus clientes los considera amigos. Aún así muchos no saben de su relación con el fútbol, de su fanatismo por el club Huracán y de la relación que lo une con la familia de Ringo, su ídolo desde pequeño.

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Ringo Bonavena se inició como boxeador en el Globito donde en 1959 fue campeón amateur. En el club de sus amores, cuanto tenía 14 años, comenzó a desviar su gusto hacia el boxeo (el fútbol era complicado para el gigante cuerpo de Ringo y sus pies planos que le impidieron correr desde chico). Así fue como arrancó a entrenar en el gimnasio del club con la ilusión de emular las gestas de Rocky Marciano.

Para "los quemeros" Bonavena es todo un ícono. Se le realizó una estatua frente y otra dentro de la sede de Parque Patricios. Pero una de las más lindas y representativas se encuentra en el Ducó, en la que se lo ve sentado, con el torso desnudo y aparece sin mirar la cancha.

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Corría 1975 y Oscar “Ringo” Bonavena, si bien no atravesaba sus mejores momentos pugilísticos (habían pasado casi cinco años de aquella fría noche neoyorquina del 7 de diciembre de 1970 cuando el notable campeón Peso Pesado Muhammad Alí fue conmovido por un voluntarioso y parlanchín argentino apodado Ringo, quien acarició la gloria cuando con dos poderosos golpes tuvo sentido al fenómeno estadounidense, que se sobrepuso al mal trance y ganó el combate por nocaut en el 15° asalto) seguía siendo un ídolo aclamado por todos quienes venían siguiendo tanto sus aventuras boxísticas como disfrutando de toda la parafernalia que rodeaba su vida.

Ringo había salido de gira por Entre Ríos haciendo exhibiciones que enloquecían a sus seguidores y le permitían mantener el nivel de vida de quien no se privaba de nada en su afán de demostrar hasta donde había llegado; un adorable fanfarrón a quien todos festejaban sus excesos y bravuconadas. Fue así que llegó a Paraná e ingresó a desayunar a un lugar llamado Roma, ubicado en calle General Urquiza.

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Allí fue que Raúl ingresó a vender diarios, oficio que realizaba desde los 7 años, como la mayoría de sus hermanos. Ringo directamente le sacó un diario y le entregó una cifra bastante mayor al costo del periódico. Comenzaron a charlar y entonces el entonces canillita pudo expresarle su fanatismo. “Yo recuerdo con mucha emoción ese momento. Lo admiraba mucho y entonces sentí que lo conocía de toda la vida. Me abrazó y me levantó en el aire”, recordó entre risas. Horas más tarde Ringo hacía su show en el club Ciclista, pero esa es otra historia.

“Yo ofrecía el periódico a media cuadra de ahí, pero también hacía un recorrido por los bares y restaurantes para ofrecerlos. De pronto lo veo ahí a primera hora de la mañana desayunando al que era mi ídolo desde niño. Me regaló unas facturas, me sacó un diario y me dio un billete alto, lo que hoy serían 1.000 pesos. Después me abrazo, me dió un beso, me levantó para arriba y me prometió llevarme a Parque Patricios. Así, de la nada, porque él se emocionó cuando le dije que era hincha de Huracán. Al año siguiente lamentablemente lo matan pero con la familia queda una relación para siempre”, contó Amatti.

Le fue difícil seleccionar fotografías para mostrar a UNO. Tiene fotos con Miguel Ángel Brindisi, exfutbolista y director técnico argentino cuyo primer equipo fue Huracán. Fue por él que conoció a Diego Armando Maradona, allá por 1981 y con un Boca campeón. También con René Orlado Houseman, una de las glorias del Globo, con Saúl Ubaldini, secretario general de la Federación Obrera Cervecera Argentina (FOCA) y líder de la Confederación General del Trabajo de la República Argentina (CGT), con el inglés Carlos Babintong, uno de los hombres más importantes de la historia del club de Parque Patricios y con Roberto Ratón Ayala, exfutbolista argentino, nacionalizado español en 2008, actualmente entrenador asistente de la Selección Argentina campeona de la Copa América 2021. Las atesora con gran cariño, pero sin dudas, su mayor orgullo es la foto que tiene con Diego Armando Maradona y que se luce en una de las estanterías de su casa.

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Los Bonavena y Huracán

La familia Bonavena siempre estuvo muy ligada al club de Los Quemeros. “Siempre formaron parte de la comisión directiva, también de la Asociación de Fútbol Argentino y particularmente Vicente Bonavena, que le lleva cinco años a Ringo y se inició en las inferiores de Huracán, fue delegado de la selección de fútbol femenino”, recordó Amatti. Por eso, una vez que estableció relación con ellos sus visitas a la cancha fueron asiduas.

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Anécdotas miles, pero hay una que le gusta mucho contar y al día de hoy le causa gracia. “Unos muchachos hinchas de Independiente se habían quedado sin entradas para la contienda Independiente - Huracán y me contactaron para ver si les podía conseguir entradas. Le pedí a Vicente y me dio 24 entradas. Los llevé en el camión, porque en ese tiempo no había problemas de viajar así. El único detalle es que les tocó ir a la tribuna de Huracán y no podían festejar ni gritar los goles, y ganaron encima”, contó el paranaense.

Amatti aún mantiene contacto con Vicente Bonavena: “Se fueron yendo los amigos. El hermano mayor de Ringo era muy amigo mío y el que más lo acompañó, falleció hace tiempo. Era una familia de trabajo, muy humilde y ellos eran nueve hermanos”.

“Nunca les pedí nada, Ellos me mandaron por correo en aquella época un cuadro de Ringo saltando la cuerda y una carta, porque en aquel entonces el contacto era telefónico o por correo”, contó Amatti. Ese cuadro, la carta y la foto con Diego le generan mucha alegría.

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El día que conoció al Diez

Fue por Miguel Ángel Brindisi que conoció a Diego Armando Maradona, allá por el 1981, año en que el Diez jugaba en el Xeneixe. “Cuando Boca vino a jugar a Paraná, yo voy a verlo a Miguel y me invitó a quedarme con ellos en el hotel. Fuimos a almorzar, al hotel y de ahí a la cancha. Había un vendedor de praliné que les pide para subirse al micro, me miraron y yo que lo conocía les dije que era de confianza. Subió al cole y seguramente cumplió un sueño”, relató el comerciante.

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“Compartí un día y medio compartí con la familia del Diego. Estaban doña Tota, su papá también, Claudia Villafañe y muchos de los hermanos de Diego. Cuando terminó el partido le avisaron a Diego que había fallecido un tío radicado en Paraná, hermano de doña Tota, un hombre de apellido Albornoz. Fuimos al velatorio, a calle Martín de Moussy 138, recuerdo. Después los llevé al aeropuerto. Me acuerdo que fuimos a un mercadito a comprar café, yerba y azúcar, en épocas en que el velatorio duraba varias horas”, explicó.

Por la insignia

La elección del club del cual ser hincha en general viene dado por la influencia de un padre, un tío o por el lugar de nacimiento, el arraigo y la pertenencia al club del barrio. Para don Amatti lo determinante fue la insignia de Huracán. “Si uno ve un dibujo y le gusta, lo sigue. Algo así me pasó. Por el Globito es que me enamoré del club.Yo viajaba todos los sábados a la noche para estar el domingo temprano. Llevaba pescado, jugo Frescor que fabricaba la empresa Cacciabue acá en Paraná, quesos, salames; pedidos especiales de jugadores y conocidos. Cacciabue me puso un apodo José Paflik, un jugador de Independiente, me decía que era parecido. Él me preparaba los estuches con botellas de vidrio de jugo Frescor con los paisajes del Túnel Subfluvial, el Palmar de Colón y yo les llevaba de regalo de su parte a los jugadores”.

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Amatti tuvo la posibilidad de quedarse en Capital Federal. Gracias a su relación con los directivos del club le llegaron algunas propuestas de trabajo, como por ejemplo ser ayudante de cámara ene l viejo Canal Trece Proartel de Buenos Aires, hoy TN. “Conocí muchos famosos,. En 1982 fui ayudante de cámara y colaboré en programas como el de Juan Alberto Beto Badía y hasta en novelas. Conocí a Héctor Larrea, al actor Marcelo Marcote y actrices como Soledad Silveyra. Pero nunca me gustó la capital para vivir. En un momento se dieron las condiciones y regresé a Paraná. Con el reparto de gas en Paraná comencé en 1984. Tenía un auto, lo vendí y compre una camioneta, y con una bicicleta salía a vender a los alrededores de mi barrio. Con los años fuimos sumando clientes y trabajamos hasta que se terminan los pedidos, así sea medianoche. El cliente termina siendo amigo y la empresa algo familiar”, contó el entrevistado que tiene tres hijas. “La menor, de 16, estudia. Las dos mayores ya trabajan y están muy bien.

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Domingo con olor a tuco y el fotógrafo de Huracán

Amatti pudo escuchar de sus propios protagonistas la rutina de la familia Bonavena cuando Ringo vivía, de los almuerzos en la casa de la doña Dominga y los cumpleaños multitudinarios. De la casa en la calle Treinta y Tres y Gibson, corazón de Patricios.

El olor a tuco se sentía desde la puerta y las albondiguitas bañadas en salsa para ir “picando”.

Allí se comían los famosos ravioles que después se hicieron célebres por el programa de televisión “Los ravioles de Doña Dominga” (1967). Los chicos en el patio y los grandes con el vermut en el comedor.

Si era domingo y jugaba Huracán en el Palacio (Ducó), la familia se iba en 4 o 5 coches a eso de las 15 horas. Tomaban por Treinta y Tres hasta Caseros y por Caseros hasta Luna. La policía dejaba pasar a Ringo y su llegada a la puerta de la platea de Alcorta era un desastre, con una multitud esperándolo para sacarse una foto.

El fotógrafo de Huracán, apodado Fogonazo hacia las fotos de los hinchas con el boxeador y después éstos las tenían que ir a retirar y pagar en la sede del club, entrando por Caseros debajo de la escalera. A Ringo le gustaba cuando la hinchada, al verlo entrar, le cantaba.

En febrero de 1976, Bonavena realizó el que sería su último combate, contra Billy Joiner. El 22 de mayo de ese año fue asesinado por Ross Brymer, un guardaespaldas del famoso burdel Mustang Ranch.

Su asesinato se produjo en el marco de una disputa con el mafioso Joe Conforte, un siciliano dueño del Mustang Ranch, prostíbulo y casino en Reno, Nevada.

Bonavena recibió un disparo de una escopeta Remington. Brymer estuvo 15 meses en prisión por asesinar a Bonavena, pena que luego le fue conmutada por la de homicidio involuntario, aunque un testigo del lugar indicó haber presenciado esa noche el asesinato. El cuerpo de Bonavena fue velado el 29 de mayo en el estadio Luna Park, donde fue despedido por unas 150.000 personas. Luego fue sepultado en el Cementerio de la Chacarita.

Canillita y estudiante

El vecino de Paraná vivió sus primeros años de infancia en avenida Ramírez casi boulevard Racedo, luego la familia se trasladó a avenida De Las Américas Kilómetro 1. “Tengo cuatro hermanos. Los tres varones fuimos canillitas. Eran tiempos difíciles y todos ayudábamos, pero sin dejar de ir a la escuela”, mencionó el entrevistado.

Raúl no puede más que emocionarse cuando recorre los recuerdos en la cancha, los viajes y las charlas con sus ídolos de Huracán. Hoy se ha dado paso a las nuevas generaciones y con ellos ya no tiene contacto. En la diaria, por ahí sonríe al descubrirse silbando y tarareando: “Somos del barrio, del barrio de la quema/ somos del barrio de Ringo Bonavena:..”.

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