Referentes de almacenes advierten una caída sostenida de las ventas, pérdida del poder adquisitivo y un creciente endeudamiento de las familias.
08:08 hs - Sábado 20 de Junio de 2026
Los almacenes despensas de barrio, históricamente considerados un termómetro de la economía cotidiana, atraviesan una situación cada vez más compleja. La caída del consumo, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y el aumento de los costos fijos golpean con fuerza a un sector que, pese a comercializar productos de primera necesidad, no logra escapar a la crisis.
Así lo describió Mario Sarli, propietario de un comercio ubicado en la zona sur de Paraná, quien aseguró que las ventas vienen en descenso desde hace más de dos años y que la situación se agrava mes a mes. “Llevamos más de dos años bajando las ventas todos los meses”, resumió el comerciante, al tiempo que señaló que el fenómeno responde a múltiples factores. Entre ellos, mencionó los cambios en los hábitos de consumo y el avance de las compras online, incluso en productos alimenticios que tradicionalmente se adquirían en los comercios de cercanía.
Según explicó, cada vez más consumidores aprovechan promociones de grandes cadenas comerciales y realizan compras fragmentadas a través de plataformas digitales, una modalidad que también impacta sobre las ventas de los pequeños negocios barriales.
Compras reducidas
Sarli señaló que el deterioro económico de las familias se refleja de manera directa en el mostrador. Los clientes ya no realizan compras importantes ni aprovechan ocasiones especiales para darse un gusto. “Vienen a buscar puntualmente lo que les falta. Antes uno veía movimiento en determinadas fechas o cuando cobraban los salarios. Hoy eso prácticamente desapareció”, indicó.
El comerciante describió un escenario en el que los ingresos familiares se agotan cada vez más rápido. La situación, afirmó, es tan marcada que incluso las fechas de cobro dejaron de representar un impulso para el consumo. “Ya ni se nota cuándo cobra la gente. Antes había movimiento en los primeros días del mes; ahora prácticamente no existe esa diferencia. A la gente no le alcanza”, lamentó.
Consultado sobre la desaceleración inflacionaria que muestran los indicadores nacionales en los últimos meses, Sarli reconoció que se percibe una menor presión sobre algunos precios, aunque advirtió que ello no se traduce en una mejora de las ventas. “Este mes prácticamente no hubo aumentos en mercadería. Hubo algunos ajustes en bebidas, gaseosas, cervezas y vinos, pero en alimentos la situación estuvo bastante estable”, explicó.
Sin embargo, aclaró que la estabilidad de precios no alcanza para reactivar el consumo porque el principal problema continúa siendo la pérdida de capacidad de compra de los hogares. “Los salarios no acompañan. Aunque los aumentos sean menores, la gente tiene que afrontar subas en servicios, alquileres, medicamentos, telefonía, internet y muchos otros gastos. Entonces cualquier mejora se termina diluyendo”, señaló.
Uno de los factores que más preocupa a comerciantes y consumidores es el fuerte incremento de los servicios públicos y privados durante los últimos años. Sarli ejemplificó que una familia que hace apenas dos años pagaba alrededor de 30.000 o 35.000 pesos por servicios básicos de conectividad hoy puede estar abonando cerca de 70.000 pesos por prestaciones similares. “La suba de los servicios fue enorme. Lo mismo pasó con los teléfonos, con la energía y con muchos otros gastos fijos. Eso termina absorbiendo gran parte del ingreso de las familias”, afirmó sobre el tema.
A su entender, el deterioro del salario real es significativo. “Creo que en poco tiempo la gente perdió alrededor del 45% de su poder adquisitivo”, estimó.
La libreta sigue vigente
En medio de las dificultades económicas, muchos almacenes mantienen una práctica tradicional que parecía destinada a desaparecer: la libreta para anotar la mercadería fiada. Sarli contó que su comercio continúa sosteniendo cuentas corrientes para clientes históricos del barrio, personas con las que existe una relación de confianza construida durante décadas. “Hay familias que tienen cuenta desde hace más de 20 años y siempre cumplieron. Nosotros seguimos manteniendo esa modalidad porque muchas veces, si no se fía, directamente no se vende”, reconoció.
La situación refleja el creciente nivel de endeudamiento de los hogares y las dificultades que enfrentan muchas familias para llegar a fin de mes.
Dudas sobre las medidas anunciadas
En relación con las medidas anunciadas por el gobierno provincial para aliviar la situación de pequeños contribuyentes y comerciantes, Sarli se mostró escéptico respecto de su impacto real en el sector. El dirigente consideró que algunas iniciativas pueden representar un alivio limitado, pero sostuvo que no alcanzan para resolver los problemas estructurales que enfrentan los almacenes y despensas.
Entre las principales preocupaciones mencionó el costo de la energía eléctrica, un insumo fundamental para los comercios que trabajan con productos refrigerados. “Un almacén o una despensa consume mucha energía. Nosotros venimos planteando hace tiempo la necesidad de revisar los cuadros tarifarios porque es uno de los gastos que más pesa en la actividad”, explicó.
A su entender, varias de las medidas anunciadas podrían beneficiar a sectores específicos, pero tienen escaso alcance para los comercios establecidos que deben afrontar alquileres, cargas impositivas, servicios y costos operativos cada vez más elevados.