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Crimen de los Rugbiers

Alarman las peleas y agresiones a la salida de boliches en Paraná

El crimen de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell desnuda una realidad que es constante en todo el país.

Sábado 25 de Enero de 2020

La muerte de Fernando Báez Sosa, el joven de 19 años asesinado por un grupo de jugadores de rugby en Villa Gesell, conmociona al país.

Más allá de la polémica que se instaló en torno a los valores que cultivan quienes practican rugby, el hecho obliga a un serio debate sobre la violencia que se genera en torno a esta franja etaria en los boliches bailables y cómo evitarla.

En Paraná las crónicas policiales a menudo dan cuenta de grescas y peleas que terminan con heridos a la salida en este tipo de locales. Una de las más recientes se registró a fines de diciembre, tras una serie de disturbios generados a la salida de los boliches ubicados en calle Liniers, en la que 20 jóvenes participaron de una pelea que terminó en una verdadera “batalla campal”, en la que hubo tres heridos. Y el fin de semana pasado se produjo otro hecho en un boliche de Güemes y Liniers: un joven, de nombre Juan, fue agredido por un grupo en la Fiesta de la espuma que se realizó en el lugar. “Por defender a su novia de algunos que quisieron manosearla, a la salida boliche lo siguieron y le pegaron hasta cansarse. Él ahora tiene traumatismo cerebral y está internado”, expresaron en redes sociales allegados a la víctima.

Uno joven de 18 años que habitualmente asiste a boliches locales –quien prefirió no revelar su nombre–, habló sobre el hecho y comentó a UNO: “El sábado anterior hubo una pelea y fue por mirarse mal en todas las fiestas. Siempre hay uno que ocasiona problemas y los amigos la siguen. La seguridad del boliche solamente saca al que genera el conflicto y espera hasta que se vaya, para que no sigan peleando”.

Asimismo, señaló: “En los boliches siempre hay algún episodio de violencia, ya sea por un roce, o por problema de mujeres. La mayoría de las veces los pleitos vienen desde afuera. En mi caso no hubo pelea, pero el jueves me empujaron sin razón, solo para buscar una reacción; al chico no lo conocía. Esas son las modalidades de buscar problemas”.

Nelson Lafauci trabaja en el rubro de los boliches desde hace más de 25 años y estuvo a cargo de la ya disuelta Cámara de Bolicheros de Paraná, y si bien aclaró que actualmente está abocado sobre todo a actividades con gente de más edad, indicó: “Es normal que haya peleas entre jóvenes, lamentablemente”.

Por su parte, Vanesa Rosset, presidenta de la comisión vecinal Puerto Nuevo, donde están situada la mayoría de los boliches, sostuvo: “Más de una vez fuimos a la comisaría a denunciar estos hechos y pedir que se haga algo. Dijeron que iban a poner custodia a la salida de los boliches y cumplieron al principio, pero después no lo hicieron más”.

En la capital entrerriana la actividad está regulada por la Ordenanza N° 8.615, que establece que “a partir de los 14 años se puede ingresar a los boliches y permanecer en los mismos” y especifica que está prohibido “entregar o vender bebidas alcohólicas a menores de 18 años” y el viernes se realizó la clausura de un local de calle Francia debido a su incumplimiento, tal como un grupo de vecinos venían denunciando hace tiempo. Al respecto, Lázaro Ramírez, director de Habilitaciones Comerciales de la Municipalidad, sostuvo: “Nos encontramos con situaciones lamentables. No es nada grato encontrar adolescentes en estado de ebriedad dentro del establecimiento”.

La normativa vigente también especifica que la Policía solo puede hacer controles en el exterior de los mismos. El comisario Héctor Martínez, jefe de la División Operaciones y Seguridad, explicó a UNO: “La ordenanza solo exige funcionarios policiales para la parte externa. Siempre que los locales abran la puerta, se implementa un servicio de seguridad, en el que antes, durante y después de la actividad se controla que todo se desarrolle dentro de los parámetros normales, que haya buena afluencia de gente, que el tránsito sea el aconsejado y que se evite el exceso de alcohol”.

Según afirmó, en los controles es habitual que encuentren jóvenes alcoholizados: “Hasta se ha tenido que trasladar gente. Se le da intervención a las áreas correspondientes y se han labrado actas de infracción, porque se hacen operativos conjuntamente con al División Minoridad en los ingresos a los boliches. Siempre el recaudo que se tiene es que no ocurra, lo que pasa es que al ingreso del local ese control que se puede llegar a hacer en la parte externa se dificulta”

Está estipulado que a las 6 deben cerrar los boliches y el funcionario policial indicó que en general esto se cumple. Sobre este punto, expresó: “También nos ocupamos del tema de la desconcentrarían, para tratar de evitar que se llegue a ocasionar algún tipo de conflicto. Lo que hacemos es marcar la presencia policial, aconsejar a los que van saliendo, guiarlos si son de otro lugar, esperar que la desconcentración sea total, y recién ahí se levanta el operativo que se diagrama para este tipo de eventos”. A su vez, observó: “Es habitual que haya algún tipo de provocación o riñas, pero generalmente se actúa inmediatamente, lo cual no quita que pueda agravarse cuando es una sumatoria de jóvenes”.

Baja tolerancia

Consultado sobre la proliferación de la violencia en los jóvenes, el licenciado en Psicología Sebastián Sigal –especialista en diferentes tratamientos, consultor y capacitador–, señaló a UNO: “Hay múltiples factores que colaboran para que esto suceda, desde la baja tolerancia a la frustración que suelen tener los chicos, a una sociedad que es mucho más impulsiva que antes y también menos tolerante. Hay falta de modelos, de educación, de límites, y de una figura de autoridad, pero autoridad positiva”.

Sobre cómo abordar esta problemática para encontrar una posible solución, reflexionó: “Sin cambiar toda la sociedad, que es difícil, hay pequeñas cosas que puede hacer quien quiera mejorar. El problema es que hay muchas personas que no se dan cuenta, no registran su nivel de agresividad. Hasta ven como una virtud ser peleador; hay cuestiones de machismo en esto de golpearse con otro, de ver quién gana, quién pierde. Entonces la dificultad principal es que muchas personas no lo identifican como un problema”.

Acto seguido, aclaró: “Se puede llegar a mejorar y empezar a manejar los impulsos. No está todo perdido, pero la persona debe tener registros de sus problemas con el impulso, la agresividad, la baja tolerancia. Se da en todas las franjas etarias, pero sobre todo los jóvenes son más característicos, y la sociedad no lo ve tanto como un problema hasta que pasan cuestiones graves”.

Asumir consecuencias

Atento al episodio en Villa Gesell, el psicólogo deportivo, Adriel Levy, reflexionó a través de las redes sociales: “En el rugby, si te excedés en la fuerza, si faltás el respeto a la autoridad (y muchas cosas más) vas a ser sancionado. Eso lo saben los que tienen que tomar acciones como los que las van a recibir. Está claro y no hay trampas ni excepciones. Muy contrariamente es lo que pasa en la sociedad, donde vale todo (...)”.

En este marco, advirtió: “No escuché a ningún familiar de los involucrados salir a hablar. Lo que sí veo es que están buscando la mejor estrategia para que sus hijos no sean sancionados y ahí radica el problema que lo resumo en esta frase: toda acción debe tener una consecuencia”. “Mientras sigamos sin hacernos cargo de lo que nos corresponde por nuestras acciones esto no solo que no va a cambiar sino que se seguirá profundizando. Es muy injusto hacer responsable al deporte por acciones civiles de quienes lo practican”, concluyó.

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