La Provincia
Sábado 23 de Junio de 2018

Al ritmo del chamamé bailará por siempre el "Cachencho" en la memoria de su gente

Gente de todo el país lloró la partida del hombre que le puso el cuerpo al personaje del Festival que le da vida a Federal cuando llega febrero

Hay una semana del mes de febrero en la que a magia irrumpe en Federal y casi nadie duerme. Sucede cuando en el escenario mayor del Anfiteatro Municipal Francisco Ramírez suenan los músicos durante el Festival Nacional del Chamamé, y es difícil resistirse a su ritmo y evitar que el cuerpo empiece a moverse, al son del acordeón y demás instrumentos que le marcan el ritmo de la ciudad durante jornadas enteras.
Quienes viven en el lugar, situado en el norte entrerriano a unos 200 kilómetros de Paraná, aseguran que incluso en plena siesa veraniega, aún cuando el termómetro anuncia 40° de temperatura y el calor sofoque, nadie se queda sin bailar, y no importa si es de alpargata, ojota u otro calzado, le arrancan el polvo a la tierra al compás del chamamé.
Fue en las bailantas donde se hizo famoso, casi sin proponérselo, Juan Carlos Silva. El hombre, nacido en La Cruz, una zona humilde de la provincia de Corrientes, se fue convirtiendo en leyenda cuando la gente de Federal empezó a asociar la caricatura que Abel Chirino Insaurralde dibujó para caracterizar el Festival, y le puso de nombre Cachencho.
Debido al parecido que Silva tenía con el personaje comenzaron las comparaciones. Tanto le dijeron los vecinos que eran iguales, que adoptó el apodo y se identificó con él hasta el día de su muertes, el lunes pasado. "Lo llevó muy bien durante todos estos años y la gente de otras ciudades y provincias que venía cada febrero a Federal preguntaba por él y se sacaban fotos, pensando que era el personaje que originalmente inspiró el dibujo, cuando en realidad fue al revés", contó a UNO Gerardo Chapino, el intendente de Federal, quien participó del acompañamiento fúnebre que transportó los restos de Silva al cementerio municipal para despedirlo.
Oficialmente murió a los 85 años. Sin embargo, siempre se creyó que tenía más edad: "Se estima que había cumplido los 104", señaló Chapino.
Desde hace aproximadamente un lustro estaba alojado en el hogar de ancianos "Casa de los Abuelos". Ya su salud no era buena y le costaba caminar sin ayuda. Se tuvo que resignar a abandonar la pista que se armaba en el Puesto 4, el camping municipal donde se hacen las bailantas. Tampoco pudo subir más al escenario cuando las grandes figuras de la música local, provincial y nacional lo invitaban.
Silva se había vuelto tan famoso y querido que muchas de las personas que iban a disfrutar del Festival lo primero que hacían al llegar a Federal era preguntar por él, para saludarlo, retratarse con él, compartir una charla, bailar un chamamé si era posible e incluso, según aseguran, pedirle algún favor o milagro, como si fuese un santo viviente. Al hogar de ancianos llegaban multitudes para verlo y por una semana entera iban turistas y revolucionaban el lugar, sobre todo cuando arribaban con instrumentos para convidarlo con canciones que le alegraran el día. "Juan Carlos se transformaba cada febrero en el tipo más famoso de la región y en el asilo era visitado por los turistas que lo habían conocido en la bailanta y en el festival. Monchito Merlo lo hacía subir al escenario y luego lo iban a visitar al asilo", recordó el intendente.
Antonio Silveyra lo conoció y en su labor de periodista pudo ir reconstruyendo la historia de Cachencho a lo largo de los años: "Su figura se fue agigantando tanto, que la gente lo consideró como si fuera el propio personaje del Festival, el original que apareció desde el primer logotipo que se hizo", comentó, y opinó: "No va a haber de aquí en más alguien que pueda igualar esa personificación, porque él se lo tomó como suyo y hasta se creyó que el verdadero Cachencho era él. A la vez, se volvió difícil explicarle a la gente que Juan Carlos Silva no había inspirado la imagen que dibujó Insaurralde hace años y que apareció en los bonos, en las entradas y era muy similar a él: un hombre chico, con rasgos agrestes, con nariz prominente y boca amplia de labios gruesos. Así que se popularizó la historia de que fue al revés".
Hasta el día de su fallecimiento, en Federal pocos habían tomado dimensión de lo que Cachencho significó para sus seguidores, que se fueron multiplicando en todo el país. Al respecto, Silveyra manifestó: "Es sorprendente cómo lo quería la gente de afuera y en Federal también. Hubo llamados de todos lados y personas escribiendo en las redes sociales, contando todo lo que habían vivido con él en el Festival".
Hay quienes afirman, inclusive, que fue justamente la presencia de Cachencho la que ayudó, aún sin pensarlo, a impulsar el evento, que este año celebró su edición número 43. "Lo que veíamos era la admiración que la gente sentía por él. Las personas de afuera llegaban a Federal y lo primero que hacían era preguntar por el Cachencho. En el próximo Festival, el año que viene, se va a sentir ese vacío", aseguró Silveyra.
Tal como lo mencionó, muchos recuerdan que el músico Ramón Monchito Merlo sentía una gran admiración por Cachencho y entre ellos fue creciendo una sólida amistad. Así lo contó María de los Ángeles Cardozo, cocinera del hogar de ancianos "Casa de los Abuelos", quien junto a las enfermeras pasaba largo tiempo con Silva: "Venía mucha gente de afuera cuando se hacía el Festival. Un amigo de él que lo visitaba más seguido y lo apreciaba mucho era Monchito Merlo, que cada vez que venía a Federal con su conjunto llegaba al Hogar y se encontraban".
Con tristeza vivió Merlo su partida, y en medio de la congoja rememoró: "Cuando teníamos la oportunidad de ir a actuar a Federal, íbamos con el grupo a darle una serenata a nuestro apreciado y querido Cachencho. Era como ir a visitar a un tío, a un abuelo, a alguien de la familia. Él nos hacía sentir así, con su ternura, con su amor, su afecto. Le gustaba tanto el sonido del acordeón que a mí me impactaba. Lo veía tan enternecido escuchando la música y pidiéndome temas. Me decía que tenía muchas ganas de bailar, pero ya con sus años no podía".
Asimismo, Monchito dijo a UNO: "La gente ha subido videos del momento que tocábamos en el Festival y él subía al escenario y bailaba solito, escuchando la música, con todo un sentimiento a flor de piel. Era como que bailara con el mundo. Verlo así me causaba un cariño tremendo. Es un personaje que se ha expandido con el mismo movimiento que lo hizo el Festival, porque Cachencho fue el Festival y lo seguirá siendo, es su símbolo, el emblema de todo un pueblo chamamecero. Se nos quedó para siempre sembrado todo su amor, su querer por la tierra y por supuesto por el chamamé".
En este marco, resaltó: "Destaco que se recuerde a Cachencho más allá de su caricatura. Fue una persona hermosa, enviada por un pueblo guaraní como es Corrientes a un lugar que al que se pegó tanto este paisano correntino, Chanchencho se volvió una parte de Federal y de Entre Ríos".

Detrás del personaje
Recién el día del velorio muchos se enteraron aspectos de la historia personal de Silva, la del hombre detrás del personaje. Quienes lo conocieron recordaron que sus primeras apariciones públicas en Federal, tras haber venido de La Cruz, fueron en los corsos a mediados de la década del 70, que por aquellos tiempos eran muy populares. Ya entonces los vecinos advirtieron el carácter dicharachero y divertido del hombre, que a pesar de ser de pocas palabras, se fue ganando el cariño de la gente. "Cachencho se disfrazaba de Patoruzú en los corsos de Federal, con un poncho, una pluma en la cabeza y la boleadora, y todo maquillado. Así lo llamaba la gente entonces, antes de que pasara a ser Cachencho, por la comparación que hacían con la figura del Festival", contó a UNO Fabio Andrine, hijo de quien fue el artífice de la llegada de Silva a la ciudad donde pasó las últimas décadas de su vida. Sobre este punto, contó: "Mi papá, Carlos Mongo Andrine, junto a Quique Pérez, trabajaban en la estancia Los Hormigueros, en San Jaime de la Frontera, cerquita de Corrientes. Silva se acercó al campamento, porque andaba en la calle y buscaba trabajo. Ellos lo trajeron para hacer un desmonte en Federal y así llegó a la zona".
Era un buscavidas y nunca le faltó empleo. Fue pasando el tiempo y más tarde trabajó de mozo en un hotel, mientras dormía en una pieza detrás de una carpintería, hasta que inició su labor en el tambo de una familia de apellido Popelka primero, y de la familia Soler después, donde permaneció por más de 30 años. "Apareció como lechero, vendiendo en una jardinera en el pueblo de Federal, trabajando con la familia Soler, que era de una colonia a unos 7 kilométros, pero antes había trabajado como changarín y como cocinero de la cuadrilla de Andrine, entre otras cosas", rememoró por su parte Antonio Silveyra, quien comentó que Cachencho significa "pícaro, sencillo", y que así se suele llamar a los paisanos de la zona que reúnen estas condiciones: "Un cachencho es una persona alegre, trabajadora, noble; es un vocablo que se usa más bien en la campaña", refirió.
Un dato que llamó la atención y que Silveyra compartió fue que Mongo Andrine falleció el día anterior a la muerte de Cachencho, y en Federal enseguida asociaron los hechos: "Mongo lo trajo, y Mongo se lo llevó", afirmaron numerosos vecinos sobre la partida de ambos habitantes de la ciudad.

La despedida
Sonó un sapucai bien fuerte el martes, para despedir al Cachencho de Federal. En el cementerio municipal sus restos corporales descansarán en paz, mientras su espíritu seguirá bailando seguramente en los escenarios en cada luna chamamecera del Anfiteatro Municipal.
El intendente Gerardo Chapino contó: "Durante el acompañamiento fúnebre recorrimos los lugares más emblemáticos de nuestro chamamé y de la ciudad, pasando por el predio de la bailanta, el puesto 4 que es el camping municipal, la plaza principal, la Municipalidad y la iglesia, donde detuvimos los vehículos y el padre Gabriel Dri le dio el último responso".
Luego se dirigieron al Anfiteatro, donde se ubica la estatua de dos metros de Cachencho: "Detuvimos ahí la pompa fúnebre. Uco Gómez y su conjunto Amanecer, y los Hermanos Garita, fueron en forma voluntaria a tocar chamamé. Un par de personas se puso a bailar y fue muy emotivo. De ahí partimos a la Cruz Mayor del cementerio, donde se lo despidió como a él le gustaba: con música. Muchos vecinos compartieron sus palabras, mensajes y poesías que habían escrito hace muchos años, dedicadas al Cachencho o a Juan Carlos Silva. Se fue de este mundo con un gran reconocimiento", concluyó.


Homenaje a través de la poesía

El músico Uco Gómez, junto a su conjunto Amanecer, estuvo presente en la despedida de Juan Carlos Silva y lo recordó con afecto: "Cachencho tenía una personalidad muy llamativa, compradora. Cuando en los festivales empezaba a tocar lo veía tomando vino o caña y bailaba toda la noche, de bombacha y alpargatas".
Emocionado, compartió la poesía que alguna vez le dedicó a quien sin dudas será recordado sin dudas cada vez que en Federal se celebre el Festival Nacional del Chamamé:
"Salió de La Cruz, Corrientes, a trabajar de obrajero.
Con un rumbo certero para Federal enderezó.
Su oficio ya lo cambió, hoy trabaja de tambero.
Se llama Juan Carlos Silva y homenajearlo yo quiero.
Allá en los años 70 comenzó a hacerse famoso,
Parotuzú le decían por el disfraz que lucía hermoso,
y por la calle Belgrano bailaba de punta a punta
sin importarle los pozos.
Hoy es parte del Festival luce una pilcha campera,
baila las noches enteras, lo admira toda la gente.
Lo apodaron el Cachencho, y es el Cachencho viviente".

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