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Al Anon lleva más de 40 años en Paraná ayudando a familias presas del alcoholismo

Funciona paralelamente al grupo de Alcohólicos Anónimos, ofreciendo contención a los seres queridos de quien sufre adicción a las bebidas

Viernes 21 de Junio de 2019

Los lunes, miércoles y viernes, de 19.30 a 21, funciona el grupo Alcohólicos Anónimos en la iglesia San Miguel –en calle Buenos Aires 428–, en Paraná. A la par, se brinda también un espacio para las familias y amigos de quien padece la adicción a las bebidas alcohólicas. Este grupo se denomina Al Anon y es una asociación civil sin fines de lucro que comenzó sus actividades en Estados Unidos en 1951. Sus inicios en Argentina fueron el 9 de agosto en 1966, con la misión de ofrecer fortaleza y esperanza a los amigos y familiares de quien sufre esta afección.

En Paraná funciona desde hace más de cuatro décadas, ofreciendo contención para que las esposas y los hijos puedan atravesar los efectos del alcoholismo, una enfermedad que muchas veces cuesta asumir y que suele esconderse para evitar un estigma social.

“Cuesta acercarse a pedir ayuda. Muchos prefieren que los vean en la calle cayéndose borrachos y no que los vean como miembros de Alcohólicos Anónimos”, contó a UNO Carlos, quien forma parte de este grupo en la capital entrerriana.

Hoy tiene 78 años y hace casi 41 que comenzó a asistir en forma continua a los encuentros. Entonces tenía 38 años, una esposa y una hija muy pequeña. Como la mayoría, empezó bebiendo en reuniones, ya que se trata de un consumo social y legalmente aceptado. Ya había visitado antes al grupo, pero como el alcohol es una especie de cárcel de la que cuesta salir, no regresó hasta que su salud y sus relaciones se vieron seriamente afectadas. “Era un bebedor social, pero tomaba sin control. Se genera una dependencia y sin tomar estaba nervioso y no podía dormir. Llegué a beber cantidades industriales. Era joven y tenía salud, y de a poco la fui perdiendo por el alcohol”, confió a UNO.

Un amigo que había llegado desde Buenos Aires le había advertido que podría terminar internado, preso, o perder a su familia si continuaba en ese sinuoso camino de la adicción. Para entonces, había estado tres veces internado en el que ahora es el Hospital Escuela. “Era el año 1978. Tomaba todo el día y me acostaba. A uno deja de importarle todo y lo único que quiere es beber. Había dejado de trabajar y las piernas ya no me respondían, así que le pedí a mi esposa que me volviera a internar”, recordó.

Esos días llegó a estar en coma, atado de pies y manos porque quería sacarse el suero, no podía mantenerse en pie y no se reconocía al verse en el espejo. Entonces se topó con un cartel de Alcohólicos Anónimos y apenas le dieron el alta regresó al grupo. “Era el 17 de julio de 1978. Ahí no me tildaron de borracho ni me juzgaron. Y me dijeron que no debía prometer que iba a dejar de tomar para siempre, sino que tenía que asumir el compromiso por 24 horas”, señaló.

Carlos ya lleva casi 41 años renovando ese pacto de no beber por 24 horas, y si bien le llevó un año sanar sus piernas y otro tiempo encauzar su vida, lo logró, con el acompañamiento imprescindible de Luisa, su esposa, que desde entonces también concurre a Al Anon. Al respecto, afirmó: “Después de mi madre, mi señora es lo más grande que tengo, junto con mi hija y mis nietos. Valoro y he hecho mucho por Al Anon y por Alcohólicos Anónimos, pero todo lo que haga es poco para demostrar mi agradecimiento hacia estos grupos”.

Luisa, su esposa, también está agradecida. Ella es una de las integrantes de Al Anon desde mediados de 1978 y con su testimonio actualmente ayuda a otros familiares a encontrar la forma de acompañar y contener a quien es adicto al alcohol. “La adicción al alcoholismo se detiene, pero la enfermedad está presente siempre, por eso hay que tomar el compromiso día a día. Y yendo a los grupos uno tiene conciencia para saber cómo centrar nuevamente la situación”, dijo a UNO.

La mujer se refirió a la constancia como un aspecto necesario para salir adelante, y sostuvo: “No es fácil pensar que el alcoholismo es una enfermedad y que esto no se soluciona de un día para otro, lleva tiempo. Ir a las reuniones de Al Anon es algo que debe hacerse por uno mismo, para saber cómo ayudar a nuestro familiar que es alcohólico. Algunos van dos o tres veces y como no pueden lograr que quien toma vaya a Alcohólicos Anónimos, terminan abandonando”.

También subrayó que cada reunión a la que se asiste genera un aprendizaje: “Es un despertar espiritual que uno tiene. Trabajamos en base a Literatura y a los testimonios, a las personas que van por primera vez tratamos de hacerles conocer lo que es este programa y que es muy beneficioso para todos en la familia”, indicó.

En su caso, jamás olvida la primera vez que llegó al grupo, cuando las reuniones se desarrollaban en el hospital San Roque: “Empezó a ir mi marido a Alcohólicos Anónimos y él me propuso acercarme a Al Anon. Yo pensaba que no me correspondía, que el enfermo era él, sin darme cuenta de cómo esto me estaba afectando a mí al ver que se iba desmejorando. Siempre se piensa que el problema es exclusivo de quien es adicto al alcohol, pero no: toda la familia precisa ayuda, porque no es nada fácil la convivencia”.

En este marco, rememoró: “Lo acompañé un día y me recibieron dos personas, que ya fallecieron. Nunca me voy a olvidar ese momento: no podía hablar y lo único que hacía era llorar. Me brindaron tanto amor, que era lo que yo necesitaba”.

“Pasamos las mil y una, pero doy gracias a Dios y al grupo que me ayudó a salir. No es fácil acercarse, hay vergüenza y uno está pendiente del qué dirán”, confió Luisa, y lamentó que, si bien el alcoholismo es un flagelo que afecta a gente de todas las edades, no asista ningún familiar de personas jóvenes, que hoy en día están muy expuestas a caer en el consumo nocivo de bebidas alcohólicas.

Por último, compartió su teléfono para quienes deseen más información sobre el grupo: (0343) 4219367.

La OMS revela estadísticas alarmantes

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año se producen 3 millones de muertes en el mundo debido al consumo nocivo de alcohol, lo que representa un 5,3% de todas las defunciones.

Además, es factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos.

Puede provocar trastornos mentales y comportamentales, enfermedades no transmisibles y traumatismos. En general, el 5,1% de la carga mundial de morbilidad y lesiones es atribuible a esta causa, calculado en términos de la esperanza de vida ajustada en función de la discapacidad (EVAD).

El consumo de alcohol produce defunción y discapacidad a una edad relativamente temprana. En el grupo etario de 20 a 39 años, un 13,5% de las muertes son atribuibles a esta causa.

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