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Pura Sangre

Agustina Valdez, una jockey que deja rastro

La concordiense Agustina Valdez busca hacer historia en el turf argentino. Entre estudio y trabajo, ella sueña con ganar un gran premio, en una tradicional pista porteña.

Domingo 19 de Mayo de 2019

Tiene 21 años y es la única mujer en la Escuela de Jockeys Aprendices de San Isidro, Buenos Aires. Bajo las órdenes de los profesores Héctor Libré y Jorge Caro –ambos eximios jinetes en las décadas de los '80 y '90– Agustina Valdez sueña con llegar a ser como la jocketa Lucrecia Carabajal, la corredora con mayor cantidad de carreras ganadas en la historia del turf argentino. Lejos de su familia y de Concordia, hace dos años y medio que estudia y trabaja para alcanzar su objetivo: triunfar como jockey y disputar un gran premio, si es en San Isidro mucho mejor. UNO la contactó a partir de publicaciones que daban cuenta de su debut en 2015. La crónica de Bandera Verde expresó: "Agustina, la primera jocketa concordiense", y acto seguido narró: "El hipódromo de Camba Paso, el mismo que vio dar sus primeros pasos a cientos de profesionales, se engala para recibir a la primera hija de la fusta, que pariera esta ciudad”. Esperando alcanzar su habilitación oficial, Agus recordó sus inicios y describió su vida marcada por el esfuerzo, sacrificio, disciplina y perseverancia.


—¿Cuánto hace que estás en Buenos Aires?
—En Buenos Aires –más precisamente en San Isidro– estoy hace dos años y medio más o menos.

—¿Cómo es la escuela? ¿Qué te enseñan? ¿Cuántos alumnos son?
—Me enseñan toda la parte teórica de cómo correr un caballo, nos muestran videos y después, en la parte práctica, nos subimos arriba de un caballo mecánico y ahí nos van corrigiendo los ejercicios y los movimientos (ejercitan su postura, brazos y piernas). Empezamos alrededor de 20 alumnos y de a poco vamos quedando cada vez menos por el tema peso (físico) o porque extrañan su familia. Así que ahora somos siete nomás, y yo soy la única mujer por ahora.


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—¿Y vos tenés las medidas justas para jockey?
—Sí, gracias a Dios no me cuesta dar el peso y soy chiquita.

—¿Cuánto tiempo tenés que estudiar? ¿Cuándo te promocionan?
—Son alrededor de dos años pero pueden ser más o menos, depende de las condiciones y la voluntad que vos le pongas para mejorar día a día. El profesor va evaluando y él es quien decide cuándo podés salir a correr.

—¿Vivís en la escuela?
—Algunos chicos viven en el predio, en los stud donde están los caballos, pero yo estoy alquilando afuera.

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—¿Ya corriste?
—Sí, en el interior. Tandil, Entre Ríos, Córdoba.

—¿Y cuando te recibas podés correr en Buenos Aires?
—Sí, una vez que nos den la patente –el permiso para correr– vamos a poder presentarnos en San Isidro, Palermo y La Plata.

—¿Cómo nació tu vocación por el turf?
—Un día el presidente de la comparsa Emperatriz, donde yo bailaba, que también era tesorero del hipódromo de Camba Paso, me invitó para ir ver las carreras. Yo no conocía nada del tema. Y bueno, le dije que sí y ahí empezó todo. Me gustó y tuve que aprender de cero. Aprender a andar a caballo, a los golpes porque me subía y me caía.

—¿Tu primera carrera fue en Concordia, en 2015?
—Sí, debuté con un caballo que se llamaba Zorzalito y entré tercera. En la siguiente reunión me dieron otro (San Expedito) y pude ganar.


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—¿Vos terminaste la escuela secundaria y después te fuiste?
—No, me quedó un año por terminar. Porque iba a la Agrotécnica y ahí son siete años, me faltó el último. Porque si lo hacía perdía la oportunidad de entrar a la escuela de jockey.

—¿Cuál es tu objetivo? ¿En qué premio te gustaría correr?
—En todos, porque todos son importantes. O sea, mi objetivo es salir a correr acá. Y esperar que me vaya bien.

—Es un mundo muy masculino el del turf.
—Sí, es un ambiente muy machista, donde te tienen que ver trabajar bien porque la mayoría de los cuidadores prefieren darle el trabajo a jockey varones, no a mujeres, por el tema fuerza. Y no es solo fuerza, sino el manejo.

—¿Vos trabajás por la mañana? ¿Te pagan un sueldo?
—Empezamos a las 6 hasta las 11 o 11.30 y nos pagan un sueldo por montar los caballos, entrenarlos.

—¿No has sufrido un accidente importante que te haya dado miedo?
—Sí, hace dos meses me caí andando a caballo y perdí el conocimiento. Estuve internada dos días pero agarré desconfianza, no miedo.

—¿Qué pasó? ¿Se asustó el caballo?
—Sí, se asustó y veníamos fuerte y me caí.

—¿Y qué sentís cuando vas arriba del caballo? ¿Qué te transmite?
— Cuando voy arriba del caballo siento mucha tranquilidad. Pero en carrera me da adrenalina. Igual tengo que estar tranquila para que él también lo esté. Porque ellos presienten todo, cuando tenemos miedo, cuando estamos enojados, lo saben todo.

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DATOS

El emblema de la Escuela de San Isidro es pulir lo mejor posible a los alumnos, como personas y como profesionales. Los carteles en las aulas aseguran: “Las carreras las ganan los caballos” y “Si me das éxito no me quites la humildad”. Marina Lezcano, considerada por la gente del turf como la mejor jocketa argentina, formó parte de la primera promoción de mujeres de la Escuela de Jockeys Aprendices.

Agus x Agus

—¿Tenés un referente dentro del turf?
—Admiro mucho al jockey Pablo Falero y en mujeres a Lucrecia Carabajal.

—¿Y un hipódromo?
—El de San Isidro, me encanta. Lo conozco bien.

—¿Tu familia te acompaña?
—Mi familia siempre está apoyándome. Mi papá, mamá y mis cuatro hermanos viven en el barrio Universidad de Concordia y me visitan cuando pueden. Sobre todo mi mamá y mi hermana más chica. Ellos están contentos, pero les da un poquitito de miedo.

—¿Qué hacés en tus ratos libres?
—Tomo mate con mis compañeros o salgo a trotar con ellos. Estamos todo el tiempo unidos porque todos vivimos lejos de la familia. También juego al fútbol con un grupo de amigas de acá y nos presentamos a los torneos. Soy delantera y en Concordia jugaba para el equipo del barrio Constitución.

—¿Cómo es vivir en Buenos Aires?
—Es un poco jodido. Es una ciudad muy grande. A lo primero me daba miedo, ahora ya me ubico y me gusta. Cuando voy a visitar a la familia enseguida me quiero volver para acá.


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