Paraná

Adicciones: faltan espacios públicos para el tratamiento

El pastor Héctor Larrea tiene "colapsado" su centro para jóvenes con adicciones y propone dar uso al abandonado Parque Mutio. La (no) política de la Provincia.
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El problema del líder de la iglesia “Asamblea de Dios” y fundador de la “Huerta de Canaán” es que está desbordado y necesita, lo antes posible, que el Estado lo ayude con su tarea, mediante algún espacio público en el que pueda expandir su centro y la capacidad de respuesta a la demanda incesante de internaciones que le llega, casi a diario, a las puertas de su predio en calle Virgen del Luján, en el corazón de Gaucho Rivero.

Para el alojamiento de los jóvenes, el predio, que cas siempre tiene ocupación plena, cuenta con ocho camas repartidas en dos piezas de nueve metros cuadrados cada una, una cocina y baños. Además, el propio Larrea tiene allí su casa, donde vive con su familia, y la sede parroquial. El pastor confiesa a UNO, no sin dolor, que precisa mudar su Hogar del barrio. Y lamenta la presencia cada vez mayor de narcos y transas. “Necesitamos sacar el centro de acá. Estamos rodeados. La mayoría está vendiendo. Tenemos cerrado el predio pero los chicos escuchan la música, se tientan”, dice. Y agrega que su meta es un lugar mas alejado y con más, mucho más, espacio. “Estamos colapsados. Viene una madre con el hijo y no lo puedo meter. Y me dice: ‘me van a matar’. ¿Adónde lo mando? A veces caen a la madrugada. Viene el herido y después viene el que le tiró”, describe.

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El pastor Héctor Larrea tiene "colapsado" su centro para jóvenes con adicciones

Ante el desborde, el pastor evangélico se puso a buscar opciones y habló con algunos funcionarios municipales para gestionar una parcela del Parque Mutio, recostado sobre el río, y olvidado y abandonado al extremo suroeste de Paraná. “Está abandonadísimo. Podría quedar un pulmón de vegetación, una reserva ecológica, y destinar una parte a la casa de recuperación”, imagina. Y comparte las propuestas de trabajo para el Parque: “haríamos limpieza, parquizado, huertas, artesanías, podríamos convertirlo en un lugar turístico, organizar visitas de escuelas, paseos”.

La idea es “cuidar ese espacio verde”, sugiere, que depende del Municipio pero está abandonado.

El pedido al Municipio por el Parque Mutio aún no ha sido formalizado. Larrea inició conversaciones informales y espera que haya algún eco oficial. “Si no lo mantienen ellos, podemos hacerlo nosotros”, ofrece.

El problema del narcotráfico en los barrios de Paraná es cada vez más preocupante y urgente. “Es impresionante el crecimiento del consumo y la venta. Hay desesperanza. Los gurises están todo el día en la esquina porque no hay nadie que los motive. Tienen una aflicción en el corazón, un vacío”, cuenta Larrea y opina sobre el rol del Estado. “La Justicia está un ratito. No se preocupa de la misma manera porque está lejos. La Policía espera que al gurí lo maten, para que se acabe el problema, y ellos no se meten. Son responsables el vendedor y la clase política. El Estado está todo el día en la oficina, no han bajado a los barrios”, cuestiona.

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Las defensoras

Antonella Manfredi y Mariana Monteflori son dos de las 12 defensoras públicas de la Justicia en Paraná. Advierten que el 90 por ciento de los jóvenes con los que trabajan tienen problemas de adicciones y se apoyan permanentemente en centros de tratamiento para que sus defendidos encaren su rehabilitación junto con el proceso judicial. Además de la iglesia de Larrea, trabajan con centros religiosos y comunitarios, con y sin internación, como Casa Lázaro, El Hogar de Cristo, Red Puentes, Remar, Juan XXIII (en Concordia) o El Prado (en Concepción del Uruguay).

Las defensoras explican a UNO que los únicos espacios estatales para internar personas con adicciones son el Hospital Escuela de Salud Mental y el centro Huellas. Admiten que suelen chocar la necesidad de internar a una persona con el criterio de internación voluntaria de la Ley de Salud Mental y que a veces hay una lista de espera de hasta un mes, “una eternidad para ellos”, ilustran. “Los lugares e instituciones gubernamentales no alcanzan y son muy burocráticas”, observan. Ante esa falta de disponibilidad, generalmente se ordenan tratamientos ambulatorios, pero Montefiori advierte que se les imponen a “personas que están en situación de calle, sin contención familiar ni referentes, de casualidad tienen para comer, o comen de la basura”.

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En este escenarios se vuelven fundamentales los centros comunitarios. La Defensoría trabaja hace siete años con el del “Pola”. Incluso recurren a Larrea por medidas de prisión preventiva domiciliaria, generalmente de 30 o 45 días. A diferencia de casi todos los demás lugares, el pastor los recibe, muchas veces con tobillera electrónica. Manfredi describe el vínculo: “hablo casi todos los días con él. Me manda videos de los trabajos que hacen en la huerta o el invernadero. Un ‘parte diario’ de la evolución de los chicos”. Y Monteflori suma: “allí los chicos se sienten contenidos, logran atravesar su momento difícil, sobre todo el de sus adicciones y su falta de contención. Acá no podemos descontextualizar. Las personas con las que trabajamos han atravesado una vida de carencias de todo tipo”.

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La defensora oficial afirma: “podemos observar la mejoría de los chicos. Se notan cambios de personalidad, expectativas, proyectos. Y es todo a pulmón. El problema es cuando se van. Nos faltan estos referentes para estos chicos que necesitan contención y apoyo con sus problemas de adicciones".

Manfredi añade: “No solo a ‘Pola’. Si se les pudiera ampliar las oportunidades a todos estos centros, sería muy importante". Y Montefiori completa: “No sería bueno para nosotras, sino para la sociedad. Esto lo podríamos abordar mucho antes de llegar al sistema penal. Trabajamos con chicos que consumen desde los ocho años”.

“Yo iba a terminar muerto”

Aldo tiene 23 años, es de Gaucho Rivero y cumple prisión preventiva en la iglesia Asamblea de Dios, a la espera de que le dicten condena. Según calcula, en dos meses le deberá sentarse frente al juez. Pero no quiere dejar la vida que empezó hace dos meses junto con el pastor Larrea y los demás “hermanos” como se llaman entre ellos. “Tratamos de cambiar el error que cometimos y superarnos, para el día de mañana salir y ser buena gente”, comparte con UNO. El joven remarca que el abandono del consumo es una condición del lugar. “Acá tenés que dejar pucho, faso, merca, pipa, todo. Cuesta salir ‘del mundo’, dejar drogas de un día para el otro, pero nada es imposible. Yo llevo dos meses y voy re bien, ya no tengo ganas de consumir. No digo que estoy preparado para salir al mundo pero veo que cada día lo logro más”, se entusiasma.

En el Hogar los alojados trabajan en huerta, albañilería, están renovando la iglesia, mantienen limpio el predio, y están haciendo un criadero de chanchos. A Aldo le gusta el trabajo y está contento porque ahora lo visita su familia. “Me apoya para que esté acá, me dan fuerzas para que siga".

"Recuperé todo lo que había perdido: estoy con mi novia de nuevo, mi mamá y mi papá me hablan. Antes andaba en la droga, robando, y no me apoyaban”, valora Aldo, uno de los alojados en la Huerta de Canaán.

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“Quiero encaminarme, salir y decirles a los que no conocen un lugar donde puedan rescatarse que no terminen mal, muertos. Yo iba a terminar muerto si no me rescataba. Terminaba en el asfalto. Tenía mi destino. Me he salvado: me han pegado unos tiros pero por la Gracia del Señor sigo caminando”, reconoce Aldo. Le pegaron un disparo en la espalda y tres en las piernas. Él, hoy, considera: “eran pruebas del Señor para que yo cambie. Me buscaban en la calle, me querían partir. Yo seguía en la calle, en la mía. Por ahí rescataba un fierro y trac”, confiesa.

Sobre las posibilidades de los que están afuera, inmersos en adicciones, entre todo tipo de riesgos y carencias, dice Aldo: “muchos no conocen lugares así, donde van a poder cambiar mentalidad, dejar la droga”. Y subraya: “Faltan muchísimos lugares. Porque no hay tres o cuatro adictos en la calle, hay miles y miles. Todos consumen: mujeres, niños”.

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Entre Ríos, sin política provincial

La política provincial en Entre Ríos ante la emergencia que se vive en adicciones es, como mínimo, insuficiente. Antes existía la Secretaría de Lucha contra las Adicciones (Selca). Pero la política específica de adicciones fue rebajada y centralizada en Salud, a partir de la ley de Salud Mental. “Deben ser abordadas como parte de las políticas de salud mental”, explica a UNO la Licenciada en Trabajo Social, Carina Messina. Asumió hace apenas unos días la Dirección de Abordaje Integral de Problemáticas de Consumo y no sería justo endilgarle la falta prácticamente total de un plan o programa que enfrente la emergencia en adicciones como demanda la realidad de la provincia.

La funcionaria resume la línea política que rige el abordaje de este drama social en Entre Ríos. “El problema no es del usuario con la sustancia, si no de una sociedad que nos insta al consumo en un modelo neoliberal. No hablamos de adicciones solamente, sino de una sociedad de consumo, que en determinado momento para algunos se vuelve problemático: para su vida cotidiana, para sus vínculos, para poder enfrentar lo laboral, lo afectivo”, expone.

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Consultada por el trabajo local sobre adicciones, dice que una de las “líneas fuertes” fue reforzar los equipos de los centros de salud. Pero observa que no se debe hacer “foco en la sustancia” y no puede pensarse sólo en Salud. “Cualquier estrategia tiene que estar articulada con organizaciones sociales y otras áreas ministeriales”, entiende y menciona al Consejo de Educación, Secretaría de la Juventud, Ministerio de Desarrollo Social, Copnaf, Red de Personas en Situación de Calle.

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Messina admite que es muy difícil que la población joven se acerque a buscar ayuda, por lo que se requieren “estrategias creativas” y una “prevención inespecífica”. Asegura que “o estaría dando resultando la charla y el taller donde les decimos qué tienen que hacer y qué no”. Por ende, sugiere otros “dispositivos”: talleres de rap, de teatro, juegos, actividades deportivas, arte. “Tenemos que partir del interés del joven para trabajar las cuestiones específicas del consumo”, enfatiza.

Entre los “avances” del gobierno provincial, la funcionaria menciona la creación de una Comisión Provincial Interministerial de Salud Mental, el “reinicio” de conversaciones con otras áreas y ministerios y que está “tratando de volver a articular” la Red Provincial de Abordaje de las Problemáticas de Consumo.

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El Parque Mutio

El Parque Mutio es un Área Natural Protegida desde 1987 y una reserva natural de flora y fauna desde 1991. Queda en el antiguo paraje Las Piedras y tiene una superficie de 6,95 hectáreas. La ordenanza de 1991 habilita al el gobierno municipal a “organizar conjuntamente con organismos intermedios, ONG, Eco Clubes, Amigos del Arbol y demás, las actividades y visitas guiadas a efectos de un mejor aprovechamiento del lugar”. Incluso dispone un “área específica” dentro del predio para parrillas, estacionamiento, un salón destinado a contingentes de visitantes y el impuso a “talleres de concientización en resguardo del medio ambiente”.

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Consultadas por UNO sobre el pedido del pastor Larrea, fuentes del Municipio respondieron que no hay un convenio ni un compromiso de otorgar parte de ese terreno para algún emprendimiento. “Hubo un pedido de palabra pero nada en papel ni comprometido sobre el tema”, ilustraron.

Otras fuentes de la subsecretaría de Ambiente expresaron que “la factibilidad depende de la propuesta” y admitieron que “la única figura posible sería un comodato de uso de algún espacio”. De todas formas, aclararon que “debe haber un pedido y una propuesta concreta. No sólo es un dominio público (municipal) y un espacio público, sino que es un Área Protegida”. Con todo, señalaron que “hay un compendio normativo que regula estos espacios”.

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En resumen, la propuesta no se descarta desde oficinas públicas pero el proyecto debería, para empezar a hablar, formalizarse.

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