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Acusan de falso testimonio a un expolicía federal en la Causa Área Paraná

Jacinto Abdo respondió con evasivas a las preguntas por el funcionamiento de la fuerza y el rol de sus responsables durante el terrorismo de Estado. Otros testigos confirmaron el papel del imputado Demonte en la represión.

Viernes 07 de Noviembre de 2014

Alfredo Hoffman/De la Redacción de UNO

 

Un expolicía federal que declaró como testigo este viernes en la megacausa Área Paraná será investigado por presunto falso testimonio. Jacinto Abdo, de 75 años y que se desempeñó como radiooperador de la delegación local de esa fuerza de seguridad durante la dictadura, fue reticente en la información que aportó y contestó con evasivas a las preguntas. Así lo entendieron las querellas y la fiscalía, y el juez Leandro Ríos hizo lugar al planteo de esas partes.

Además de Abdo, otros dos retirados de la Federal prestaron testimonio: Luis Francisco Risso y Juan Carlos Freire. Ambos entregaron datos referidos al funcionamiento de la oficina de informaciones o de inteligencia que funcionaba en el primer piso del inmueble de avenida Alameda de la Federación, y sobre el rol que allí desempeñaba el policía imputado Cosme Ignacio Marino Demonte, quien está acusado por asesinar a Pedro Sobko y de secuestrar a Victorio Erbetta, ambos desaparecidos. Además, Risso dijo que Demonte participaba en procedimientos “raros” de detenciones en los cuales él “gracias a Dios” no intervenía, mientras que Freire dijo que el imputado trabajaba “externamente”.

Abdo se retiró de la sala de audiencias acompañado por un efectivo de la misma fuerza que él integraba, luego de la enésima evasiva durante su declaración. Es que su testimonio fue un cúmulo de frases imprecisas con las cuales pretendía alegar desconocimiento o desmemoria ante preguntas que tenían que ver con su trabajo específico como opedaror de radio durante la dictadura o con el funcionamiento de la seccional en general o con los nombres de las personas que allí se desempeñaban y podrían tener responsabilidad en los crímenes de lesa humanidad investigados. También argumentaba cierta dificultad para escuchar, aunque no se le veía audífono alguno.

La abogada querellante en representación de la agrupación H.I.J.O.S., Florencia Amore, fue quien solicitó que se corriera traslado a la Fiscalía ante la posibilidad de que el testigo estuviera incurriendo en el delito de falso testimonio, que comprende tanto a la conducta de falsear la verdad como la de ocultarla. El fiscal José Ignacio Candioti entendió que, efectivamente, estaba siendo “reticente” y mocionó que se inicie la investigación correspondiente.

El juez, que ya le había advertido al declarante tres veces que estaba testimoniando bajo juramento, hizo lugar a la solicitud y lo puso a disposición del médico de la Cámara Federal de Apelaciones, Armando González, para que le realice una serie de exámenes para determinar si sufría algún problema de salud que le impidiera comprender el proceso. Sin embargo, no se ordenó su detención, que tampoco fue peticionada por las partes.

Abdo, antes de la suspensión de su testimonio, llegó a decir que en la época de los hechos trabajaba como radiooperador en la planta alta de la Policía Federal, a metros de la oficina de informaciones. Ambas reparticiones eran área restringida, según aportó luego el testigo Freire. Con rodeos, admitió que en informaciones estaban el imputado Demonte y el fallecido Osvaldo Conde, entre otros. Dijo además que Demonte estaba en “comunicación directa con el jefe, de apellido Antoniu” y, luego de insistentes interrogaciones, que Demonte participaba de los procedimientos “en los tiempos de la subversión” vestido de civil, aunque alegó no saber qué hacían en esos procedimientos.

El hombre contó que en la época de los hechos recibía radiogramas encriptados que él no sabía descifrar, que se limitaba a llevarlos a la oficina de informaciones y por eso no conoce su contenido.

Más datos sobre Demonte y la Policía Federal

Entre 1976 y 1977 el testigo Risso se desempeñaba en el área de documentación de la delegación, donde atendía el público. Aseguró que no vio detenidos allí pero sí confirmó que Demonte trabajaba en el área de inteligencia, que denominó “oficina técnica”, donde se preparaban informes y se archivaban fichas que los ciudadanos completaban cuando efectuaban algún trámite en la dependencia.

“Nunca participé de ningún traslado de detenidos, gracias a Dios”, expresó visiblemente nervioso. Más adelante, en igual sentido, agregó: “Gracias a Dios nunca estuve en eso. No me gustaba como procedían ellos con esas cosas. Nunca anduve en los procedimientos raros que hacían ellos”. Luego precisó que “ellos” eran Demonte y Conde y “su gente” y que los procedimientos eran “de detención” y se hacían en el Ford Falcon verde “no identificable” que tenía la institución.

Asimismo, contó que en las oficinas de la planta alta, donde “tenían asiento los oficiales” se realizaban reuniones de las que participaban integrantes de otras fuerzas de seguridad y militares vestidos de civil, generalmente de tardecita o noche.

Juan Carlos Freire, por su parte, se incorporó a la seccional Paraná en 1975 y permaneció allí hasta 1979. Se desempeñó en principio en la guardia interna y luego fue uno de los choferes del jefe José Faustino Fernández. Dijo que en el primer piso “había un área restringida donde el personal no podía ingresar”, con excepción de los oficiales, y en esa área estaba incluida la oficina de comunicaciones y la de inteligencia, cuyo jefe era Conde y ya funcionaba en el 75.

“Demonte era un oficial que dependía directamente de la oficina de inteligencia y del jefe de la delegación”, aportó. “Trabajaba externamente, vestía de civil y se referenciaba en Fernández y en Conde”, agregó. Sobre este imputado dijo haberlo visto desempeñarse también como instructor de otros policías.

Freire confirmó además las reuniones de fuerzas conjuntas en la dependencia e informó que una vez a la semana lo transportaba a Faustino Fernández a la sede del Comando de Brigada del Ejército, en calle 25 de Mayo.

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