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A cinco años de su trasplante, Dulce y su donante son felices hasta la médula

Nairo Sanches es de Brasil y resultó compatible con una nena de Paraná de la misma edad de su hija. La solidaridad hermanó a sus familias para siempre

Sábado 02 de Febrero de 2019

Pasaron cino años desde que Dulce Aguilar Arellano recibió un trasplante de médula ósea. Fue el 14 de enero de 2014 y en ese entonces tenía solo 3 años. En abril va a cumplir 9 y hoy celebra la vida, junto a sus padres, Matías y Lucrecia, y su hermana Zoe, de 12 años.
En octubre de 2012 le habían diagnosticado una aplasia medular severa, una enfermedad poco frecuente por la cual la médula deja de producir glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Desde entonces su familia inició una extensa búsqueda de un donante y optó por el camino de la concientización para que más personas se inscriban en el Registro Mundial de Médula Ósea, ya que las posibilidades de encontrar a alguien con 100% de compatibilidad, como requiere este tipo de trasplante, es de una en 1 millón.

Dulce fue trasplantada a los 3 años.jpg

Pasó menos de un año cuando les comunicaron que habían hallado a un donante, en Porto Alegre, Brasil, a 1.500 kilómetros de la capital entrerriana. Se trata de Nairo Sanches, un abogado de 49 años que estaba anotado desde el 2011 en el Registro Nacional de Donantes de Médula Ósea de Brasil (Redome). En julio de 2013 recibió la noticia de que "posiblemente era compatible con una paciente de Argentina que necesitaba un trasplante". Se sintió un elegido al poder ayudar a salvarle la vida a alguien y se lo contó con lágrimas a su familia, que entre abrazos y muchas emociones lo acompañó en este proceso, diciéndole que iban a rezar por la persona que iba a recibir el trasplante. Lo que no podía imaginar Nairo es que la destinataria sería una niña con la misma edad que su única hija.
La operación fue un éxito. Y como las leyes internacionales permiten que el donante y el receptor puedan conocerse en este tipo de intervenciones, siempre y cuando ambas partes estén de acuerdo y haya transcurrido un año –que es el tiempo prudencial para determinar la evolución del paciente trasplantado y que no se haya producido un rechazo– las familias lograron ponerse en contacto y la solidaridad los hermanó para siempre.
Las redes sociales acortaron la distancia y por Skype y otras vías empezaron a comunicarse, hasta que en junio de 2016 el Redome los reunió en un congreso anual sobre trasplante de médula ósea que se realiza en Río de Janeiro. "Nos invitaron a nosotros y a la familia del donante y fue la primera vez que nos encontramos, pero previamente desde ese mismo año estábamos en contacto. En el congreso había además otros grupos de donantes de Brasil, y los únicos que éramos de afuera éramos nosotros", contó a UNO Lucrecia.
Desde el Ministerio de Salud del vecino país les propusieron hacer antes una entrevista en un reconocido programa en el canal de televisión O Globo, visto en todo el país, para promocionar el evento sobre donación de médula ósea y los avances en medicina. Fue un rato antes donde pudieron abrazarse por primera vez con Nairo y su familia. "Cuando nos vimos lloramos todos. Dulce tenía 5 años entonces y fue como si se conocieran de toda la vida. Estábamos totalmente asombrados de verla con ellos, y que junto a mi hija más grande, que entonces tenía 10 años, tuvieran una conexión con la nena de ellos, como si hubiesen sido amigas desde siempre", rememoró la mamá de Dulce.
Más tarde hubo tiempo para charlas, y mientras las olas besaban las arenas blancas en la playa de Copacabana, en la ciudad carioca, las familias rememoraban y compartían la experiencia de haber sido donante en el caso de Nairo, y en el de la familia paranaense, los momentos amargos y benévolos que atravesaron hasta recibir la buena noticia de que habían encontrado a alguien compatible.
En 2017 hicieron un nuevo viaje a Brasil y la visita fue más íntima, sin cámaras de TV ni el nutrido público que asistió al congreso. Llegaron a Porto Alegre y desde allí Nairo los llevó a conocer a su madre y al resto de su familia en Barra de Oro, el pequeño poblado del que es oriundo. Si bien en el lugar hablan un portugués más cerrado que el de las zonas turísticas, el idioma del amor y la solidaridad hizo que se entendieran sin problemas, aunque Lucrecia confió: "Al principio nos costó un poco comunicarnos con la familia".
"Fue tan lindo ese viaje. Conocimos a toda la familia, y advertimos lo queridos que son en el lugar. El párroco hizo una misa y ahí estaba todo el pueblo, todos participaron y fueron porque querían conocernos. Nairo es muy solidario y organiza muchos congresos sobre donación, además de ir a iglesias y colegios a dar charlas. Es muy buena gente", destacó.
A su vez, resaltó: "A su esposa es como si la conozco de toda la vida, es como una hermana, hablamos otro idioma, pero tenemos los mismos valores y nos sorprenden nuestras coincidencias", comentó, y agregó: "Él le tenía miedo a las agujas, pero ella lo convenció para que se inscribiera en el Registro de Donantes".

Nairo, junto a Dulce, Zoe y su hija Manuela.jpg

Por su parte, Nairo adelantó que el año que viene piensa visitar Paraná, y contó: "Fui dador de médula para Dulce. En un principio no sabía bien para quién era, ni cómo debía hacer. Fue un gran gesto humanitario y estamos muy felices con mi familia de poder ayudar a alguien".
A su vez, subrayó: "Después de dos años y medio pudimos conocer a Dulce, una niña guerrera, brillante, llena de luz y muy valiente. Me da mucha alegría que Dulce, que tiene la edad de mi hija Manuela, se haya recuperado. Dulce nos enseñó a tener fe en la vida y en el día de mañana y espero que nuestras historias sirvan de incentivo para que más gente se registre como posible donante".
También recordó que la recolección de la médula se realiza en el país de origen y solo el material se transporta hacia donde está el paciente. En Brasil se han enviado a países de distintas partes del mundo un promedio de 50 por año para trasplante. "Como brasileños, estamos muy felices de poder ayudar a los hermanos argentinos y de otros lados, es una gran satisfacción. Se trata de un gesto humanitario y de amor al prójimo", reflexionó.

Un regalo
"Desde el diagnóstico en 2012 nos pasaron tantas cosas feas en el camino, pero luego también ocurrieron muchas cosas buenas y es lo que rescatamos. Para nosotros tener ahora en nuestra vida a Nairo y a su familia es un regalo. Y para Dulce es una recompensa, porque la conexión que tiene ella con él es increíble", subrayó Lucrecia.

Nairo y Dulce se conocieron en 2016.jpg

Según contó, a pesar de que su hija era muy pequeña cuando fue intervenida, habla del trasplante con total naturalidad. A medida que fue creciendo empezó a hacer preguntas y hoy vive con alegría su presente. "Lo transformó en algo lindo y yo estoy orgullosa y feliz de que sea así, a pesar de todo lo que le pasó; podría estar resentida, o mal, o no querer recordarlo, pero lo toma naturalmente".
Si bien Dulce se recuperó, su mamá aclaró que le siguen haciendo controles genéticos en Buenos Aires, sin recibir el alta, porque la enfermedad que tuvo es autoinmune y los médicos no le garantizan que no vuelva a padecerla. "Somos optimistas y vivimos el día a día", concluyó Lucrecia, quien junto a su familia y la de Nairo son felices hasta la médula.

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