Accidente vial
Domingo 14 de Enero de 2018

A casi una década de su presentación, removerán las punteras de Ramírez

El retiro de los bloques de hormigón ubicados junto al cantero central, está en la renovación de la avenida, anunciada por el gobierno municipal.

En las próximas semanas se conocerán las ofertas para la realización de la repavimentación de avenida Francisco Ramírez, entre calles Antonio Crespo y Racedo. El Estado municipal proyecta invertir unos 44 millones de pesos en recuperar y remodelar el principal enlace vial, que une al norte y al sur de la ciudad.


Amplias grietas entre los paños de hormigón; hundimientos y levantamientos de la calzada; baches de todos los tamaños; parches de material asfáltico sobre el hormigón; bloques de hormigón desprendidos del cantero central por falta de encadenamiento; tapas de desagües en desnivel con la calzada; son algunas de las características del estado actual de la arteria, pese a que ha tenido en los últimos años –y durante cada gestión municipal– una millonaria inversión en su mejora y mantenimiento.


Uno de los datos salientes de la futura intervención será la remoción de las polémicas punteras, que tantas voces y opiniones han generado durante estos últimos años en la ciudad. Resulta difícil cuantificar si eran más, o menos, los que estaban a favor, o cuántos en contra; lo que estaba y sigue estando claro, que la presencia de estos bloques de hormigón siguen dividiendo aguas, aún entre especialistas, técnicos y claro está, funcionarios de turno.


Su instalación comenzó en una de las tantas últimas remodelaciones, casi una década atrás, durante la gestión como intendente de José Carlos Halle. Y su notoriedad pública como consecuencia de la repetida sucesión de accidentes llevó incluso a que sean elegidas como una protagonista más, de la tradicional foto de los Destacados del Año de Diario UNO de Entre Ríos, allá por 2013, en uno de los períodos con mayor cantidad de choques.


Las punteras fueron una de las polémicas urbanas centrales en la ciudad. Construidas sobre la calle, delante del cantero central, de estructura de hormigón de 80 centímetros de diámetro, y una altura de medio metro, fueron pintadas luego de color amarillo, y más tarde, para mejorar su visibilidad, se les colocó un parante de hierro. Si situaron a lo largo de casi 2.000 metros de avenida Francisco Ramírez, desde Antonio Crespo hasta calle Racedo. Hace dos años, con la asunción de las actuales autoridades municipales, se procedió a retirar las tres que ocasionaban más accidentes: las ubicadas en las intersecciones con calles Urquiza, Almirante Brown y 25 de Mayo. Con ello, el nivel de choques bajó considerablemente, aunque se siguen produciendo: una de las últimas embestidas contra el hormigón se produjo días atrás, en la intersección con calle Fraternidad.


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La función de estos bloques fue obligar a que los automovilistas que ingresaban a la avenida por las calles transversales, realicen determinados radios de giro que no pongan en peligro a los transeúntes que cruzan, y que estén esperando sobre el angosto cantero.


La situación generó incluso distintas controversias en torno a lo que dispone la Ley Nacional de Tránsito N° 24.449, o las normativas locales correspondientes. La norma nacional no autoriza ningún tipo de obstáculo en la vía pública, sea lomos de burro o reductores; sin embargo, en uso de su autonomía, las ciudades y provincias pueden adecuar su uso, aunque para ello deben garantizar la debida señalización de esos "obstáculos". Tal es así que la anterior gestión las defendió, y la opinión pública que las apoyó, situaban por los accidentes a la responsabilidad de los automovilistas que se distraían, con distintos motivos, al ingresar a la avenida y chocaban las punteras.


En uno de los momentos pico, se producían accidentes día por medio, como mínimo. Claro que hubo períodos en que se producían hasta dos o tres diarios, dependiendo del nivel de movimiento vehicular de cada jornada.


Los accidentes eran choques de las puntas de los autos, contra el hormigón, fundamentalmente, aunque hubo también muchos otros espectaculares, en que los automóviles quedaban literalmente colgados o encima de las punteras. La particular geografía urbana de la ciudad es un factor clave para los dispares radios de giro que deben realizar los automovilistas, al ingresar a la avenida: manzanas (no son cuadradas o ni rectangulares tradicionales), y sus calles tampoco son rectas, sino repetidamente sinuosas. Por esa razón, muchas veces tanto el tránsito previo como el ingreso a la avenida, obliga a realizar radios de giro pocos ortodoxos.


Así como se repitieron los choques de automovilistas contra las punteras, no hubo que lamentar accidentes que sufrieran los peatones. Lo ocurrido días atrás en Buenos Aires, con la muerte de una peatón que esperaba por cruzar una avenida, obliga a repensar las medidas que se deben garantizar para la protección de los transeúntes. Paraná no ha sido exclusiva en su uso; Córdoba, por ejemplo, es una ciudad que tiene similares estructuras de contención para la seguridad del peatón.


En obras permanentes

Durante la gestión de José Carlos Halle (2007-2011), se realizó una millonaria inversión, que tuvo como particularidades la extensión del cantero central que evitó los cruces hacia las calles transversales, desde la misma avenida Ramírez, a excepción solo del paso hacia calle La Paz –para facilitar la llegada al hospital San Roque-. Se incorporó mobiliario urbano, se mejoraron veredas y alumbrado público, y claro está, se concretaron arreglos sobre la calzada de hormigón.


Años después, la gestión de Blanca Osuna (2011-2015) encaró nuevamente la reparación vial, con reconstrucción de paños de hormigón, sellados de juntas, arreglos de canteros y cordones, entre otros detalles.


No pasaron muchos años, y nuevamente el estado de la avenida obliga a una nueva y millonaria inversión: así como el paso permanente y continuo de vehículos de distinto porte generan movimientos y grietas en los antiguos paños de hormigón, y también dejan sus huellas las constantes reparaciones en las redes de agua potable y cloaca; en los últimos años algo ha fallado para que esos cuantiosos arreglos no hayan tenido mayor duración.


En el proyecto de obra de la actual gestión municipal, se proyectan una multiplicidad de trabajos, que incluyen la repavimentación total con carpeta asfáltica. En cuanto al retiro de todas las punteras existentes, coincidirá con una readecuación de los pasos peatonales, se explicó oficialmente.

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