Domingo 18 de Diciembre de 2016
En un mundo en el que la gente desiste al primer intento y no persigue sus sueños, Nicolás Reiriz demuestra que nada es imposible. Apenas nació, la vida le jugó una mala pasada y le diagnosticaron Mielomeningocele, un problema en su columna más conocido como espina bífida. Es una malformación congénita que produce una falta de movilidad y atrofia muscular en las piernas, por lo que tuvo que ser operado varias veces y seguramente tenga que atravesar más cirugías en el futuro.
Sin embargo, hoy, a sus 7 años, pudo cumplir su objetivo: jugar al fútbol. "Desde chiquito que le gusta. Antes la veníamos piloteando por el tema edad. Yo siempre trato de lo que me pida, poderlo hacer", aseguró Adriana, la mamá. Después del rechazo por parte de un club de Entre Ríos, la provincia en la que viven, su mamá consiguió que lo acepten en otro de la zona, club Las Achiras, donde Nicolás encontró su lugar en el mundo. "Se integró con los nenes. Los chicos buscan ayudarlo, intentan que él se sienta uno más del grupo. Y la Liga permitió que jugara los sábados, que era algo que no buscaba, sólo quería que se integre", comentó.
Y siguió: "Los rivales lo saludan, hablan con él. Cuando terminan los partidos, como no es por puntos, siempre hacen penales. Y el arquero contrario deja que él haga el gol, que para él es un logro. Quizá no toca la pelota durante el partido, pero eso no le importa. Él es feliz estando en la cancha, abrazando a sus compañeros y festejar todos juntos".