Jueves 04 de Septiembre de 2014
Juan Manuel Kunzi / De la Redacción de UNO
jkunzi@uno.com.ar
Patricia Srebernich está armando el stock para las dos ferias que se vienen: Emprendiendo Sueños y la de Esperanza, que la tienen muy motivada. Es que ya mandó las fotos de sus piezas en vitrofusión para que las incluyan en un catálogo. También está terminando una bacha para baño por encargue y además está experimentando con cerámica para lograr nuevos soportes. “Me hice amiga del ceramista Mario Armándola –uno de los más destacados en la región– y él me empujó a que trabaje con la cerámica”, le contó a UNO en el taller que tiene en la parte más alta de su casa. Un espacio lleno de luz que ampliará en algunos días para seguir creciendo.
Ella tiene la gran ventaja de haber conseguido el título de ingeniera en Construcciones aunque en el 2002, cuando la construcción se derrumbó, salió a trabajar como transportista. Repartía tickets canasta entre Paraná y Santa Fe. Si bien abandonó su profesión lo que ganaba estaba bastante bien y además le quedaba la tarde libre para estar con su familia. Gustavo se llama su marido y colabora en donde se lo necesite. Ellos tienen dos hijas: Paola y Marina.
El afiche
En los primeros años del segundo milenio ella andaba buscando nuevos horizontes y en el local de la esquina de Urquiza e Italia observó un afiche en donde se anunciaba un curso de vitrofusión. Se inscribió, lo hizo y cuando lo terminó viajó a Buenos Aires a comprarse los hornos que necesitaba y de repente ya estaba produciendo.
“Como ingeniera en Construcción soy buena albañil, sé pegar pisos, pegar cerámicos, se cocer y trabajé cociendo. Pinté en madera”, enumera para que se entienda que le gusta trabajar con las manos.
Cuenta que cuando empezó a producir, enseguida, llegaron las primeras ventas entre los amigos. Hace cinco años se animó a participar de la primera feria y en el medio realizó el curso de Emprendedores que se realiza en la facultad de Ciencias Económicas .
Ahora ya está acostumbrada y aprendió a manejarse entre las diferentes opciones que se le presentan para armar un puesto, pagar el canon y mostrar sus obras de arte.
“Siempre le pido al universo que me ayude a vender pero la crisis (económica) se palpa. Tomo como referencia la Semana Santa de hace cuatro años en donde vendí muy bien. Estoy segura de que en las últimas dos ediciones la venta bajó. El problema está en la clase media porque se nota que perdió el poder adquisitivo. El turista que tiene dinero, viene, elige lo que le gusta y se lo lleva sin dar tantas vueltas”.
Una linda historia que tomó forma con mucho esfuerzo
Patricia la Rusa Srebernich trabaja de lunes a lunes entre 12 y 14 horas. “Los domingos me sacan a los empujones”, bromea porque siempre se ríe y muchas veces con carcajadas largas. Asegura que a la mañana temprano llega al Paraná Rowing Club para entrenar porque siempre lo hizo y le gusta.
Hace no mucho tiempo un amigo que vive en España la llamó para decirle que le habían regalado un Ta-Te-Ti de vitrofusión con su firma. Se le iluminaron los ojos porque entre sus objetivos más grandes está la venta en el exterior. Está convencida que lo puede lograr pero también reconoce que hay que conseguir los contactos indicados.
Mientras tanto se entretiene preparando una mezcla sólida: su arte con la construcción. Ya tiene una bacha lista y ahora empezará con las guardas que adornarán un baño ajeno pero simpático. También hace juegos de platos hermosos a precios muy accesibles.
Averigua los valores “industriales” y le gusta bajarlos, da la sensación que lo disfruta.