Santiago Maldonado
Viernes 22 de Septiembre de 2017

Una persona desaparecida es solo un número

El caso de Santiago Maldonado nos vuelve a demostrar que en nuestro país una persona desaparecida es simplemente un número más. Muchos piensan que en la dictadura no fueron 30.000 desaparecidos, sino menos. Otros ya toman ese número como una forma de lucrar con los derechos humanos. En verdad la cifra no debería importar. Así hayan sido uno, dos, tres o 30.000. La desaparición de una persona nos debe doler a todos los argentinos, sobre todo a los que se llenan la boca hablando de democracia. Pero como siempre sucede en nuestro bendito país, tomamos estos casos como algo natural y la clase política lo aprovecha para precisamente hacer política. A nadie le importa. Solamente a los familiares cercanos, que no saben a ciencia cierta qué fue de la suerte de su ser querido. Lo cierto es que hay un tufillo a oportunismo en cada uno de los casos que nos debería dar vergüenza. Insisto, a nadie le importa.


En Entre Ríos no estamos exentos de esto. Hasta una familia entera desapareció (los Gill) y la vida sigue, como si nada. En las últimas horas, recordamos nuevamente la desaparición de Fernanda Aguirre. Y lo hicimos por la declaración del comisario Ángel Iturria, quien ahora está al frente de Criminalística de la Policía de Entre Ríos. El funcionario policial sostuvo que aquella nota encontrada en Santiago del Estero que pedía auxilio estaba escrita precisamente por la joven de San Benito. Sí, 13 años después se llega a una conclusión que debería haber sido clave en su momento. Pero lo que más me llamó la atención es que Iturria también expresó que "hay algunas provincias en las que es imposible investigar, hay mucha corrupción en todos los estamentos del Estado". Si esto es así, no hay vuelta atrás. Habla a las claras de que la corrupción ganó la batalla.


Peri si no es así, que alguien me explique sin mentirme dónde está Fernanda Aguirre. Su madre (María Inés Cabrol) murió sin saberlo. El principal sospechoso del secuestro, Miguel Ángel Lencina, se suicidó sin contarlo. Pero me imagino que los representantes de la Justicia en este país deberían estar en condiciones de poder explicar qué es lo que sucedió. Si hay políticos metidos en el medio, habría que investigarlos y no ceder ante las presiones. Así sería en un país serio. Pero insisto, en la Argentina una persona desaparecida es solo un número.

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