Deportes
Domingo 10 de Febrero de 2019

Una llamita que volverá a arder

"...Si avanzan con el desguace del Cenard, si el deporte argentino pasa a ser una mera agencia, poco quedará para aquellos dirigentes que están al frente de esos clubes que fundaron hace tiempos vecinos solidarios para el disfrute de todo el barrio".

La otra cara del descomunal desbarajuste económico que lleva adelante el gobierno nacional se padece en los clubes de barrio, en las miles de instituciones deportivas desparramadas a lo largo del país, que además del deporte llevan adelante un trabajo de contención social que debería ser responsabilidad del Estado. Pero ya quedó en claro, a lo largo de estos cuatro años del gobierno de los globos amarillos, repletos de eslóganes vacíos, la insensibilidad con sus gobernantes, con los de abajo, los de a pie.
Por estos días se desató la polémica a raíz de la baja de categoría de la Secretaría de Deportes nacional, minimizada a Agencia, que valió el rechazo y la queja de varios periodistas y de deportistas, que defienden al Cenard como instrumento clave para el desarrollo de aquellos deportes que precisan del Estado para subsistir, así como también de los miles de atletas de todo el país que entrenan y viven en esas instalaciones mientras se preparan para representar al país en competencias internacionales. Citar este caso permite ampliar la mirada sobre la poca importancia de los jerarcas a nivel nacional para con el deporte.
En esa misma tónica, el presidente del club Parque Sur de Concepción, animador permanente del Torneo Federal de básquet, además de ser una institución clave en la formación de cientos de chicos de dos barrios populares de La Histórica como son el Puerto Viejo y La Concepción, realizó un descarnado análisis de lo mucho que cuesta hoy mantener el básquet en esa competencia federal.
El trabajo a destajo de una decena de dirigentes, robando tiempo a sus familias, volcando esfuerzos en el club, ya no alcanza.
Las políticas desde arriba están minando el esfuerzo de mucha gente, que se sienten solos en medio de tantos tarifazos, tantos aumentos, tanto desdén desde los de arriba. Parque es una muestra más de lo que sufren los clubes chicos, dejando de competir en torneos nacionales por los altos costos que les requiere, obligándolos a sobrevivir en la diaria, con los chicos jugando en su ciudad, sin más pretensiones de escalar en el ámbito deportivo. Algo similar ocurrió hace poco con Atlético Uruguay, que se bajó del nuevo torneo regional de fútbol por cuestiones económicas.
Pero nada les mueve a los gobernantes que miran desde lo alto de la Casa Rosada. Su mirada no va más allá que en achicar lo que ellos llaman "costos", porque no creen que el deporte, el desarrollo deportivo de sus gurises y jóvenes sean una inversión, o que el trabajo de las instituciones barriales merezca el respaldo de ellos. Si no pueden solos que no hagan nada, es el claro razonamiento de los tipos que miran desde el techo rosado, frente a la Plaza de Mayo. Sus celestes ojos alcanzan a observar hasta esas veredas valladas, el resto poco les importa.
Si avanzan con el desguace del Cenard, si el deporte argentino pasa a ser una mera agencia, poco quedará para aquellos dirigentes que están al frente de esos clubes que fundaron hace tiempos vecinos solidarios para el disfrute de todo el barrio. De todas maneras, eso poco que quedará, esa llamita que resiste la lluvia helada, insensible, amarillenta, no se apagará. Una vez que todo pase, se convertirá en llama que arderá solidariamente, envolviendo con su calor a todo el deporte argentino para que vuelva a ser de su gente, de sus clubes.

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