Miradas
Sábado 24 de Marzo de 2018

Una fecha, un símbolo


El 24 de marzo tiene un significado en sí mismo. Encierra un sentimiento. Es, por sí solo.
Borges señala sabiamente que "el nombre es arquetipo de la cosa" y lo ejemplifica afirmando que "en las letras de ´rosa´, está la rosa". Eso sucede también con esta fecha en particular.
El 24 de marzo es uno solo, y es muchas cosas a la vez. Pero todas tienen que ver con el dolor.
En los últimos años, muchas de esas aristas filosas del pasado, se han teñido de alegrías entrañables gracias a las decenas de nietos recuperados, corolarios de historias de 40 años de tristezas, de duelos nunca elaborados, de sueños interrumpidos y de vidas segadas.
El 24 de marzo es una sucesión de fotos en blanco y negro. Es un aire en el que flota un comunicado leído con voz marcial ante el que nada puede hacerse. Es revanchismo, es cobardía, es la fuerza bruta creyendo imponer ideas, son las armas forzando a una parte de la sociedad que sueña y lucha por otro destino en libertad.
El 24 de marzo también es la otra parte de la sociedad. Son los aplaudidores que siempre han rodeado al poder. Esos millones que celebraron la caída de un gobierno elegido por la gente, son los que denunciaron a todos aquellos que pensaban distinto. Son los civiles títeres que asumieron el gobierno que no pudieron conseguir con los votos. El 24 de marzo no es sólo verde oliva. También tiene los colores de todos aquellos que colaboraron con los golpistas, y de aquellos que sabiendo lo que pasaba no hicieron nada.
Esta fecha vive en la memoria de todos. De una u otra manera. Pero está ahí.
En un país violento y casi acostumbrado a los golpes de Estado, también hubo millones a los que la fecha les pasó por el costado. Siguieron trabajando, sobreviviendo, ajustándose a las nuevas medidas, y sobrellevando como pudieron el sostén de sus familias lejos de la violencia.
Los otros, los que la sufrieron en carne propia, reviven la fecha con cada recuerdo.
Los otros, los que la celebraron entonces, estuvieron mordiéndose los labios durante décadas y escondiendo su sentimiento. Recién ahora, en tiempos de nuevas derechas y una clase media renovada con sueños de riqueza, es que se animan cada vez más a "contar la otra cara de la verdad", como les gusta llamar a los "subversivos" y "guerrilleros".
Son los mismos que sienten conmiseración por esos ancianos frágiles, y piden que pasen sus últimos años de vida en su casa, en vez de la prisión a la que fueron confinados por genocidas, apropiadores de bebés, torturas y terrorismo de Estado.
En aquel 24 de marzo, esos ancianos eran todo. Eran la vida y la muerte. Ellos fueron y son el 24 de marzo.

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