Miradas
Sábado 04 de Agosto de 2018

Una cosa no quita la otra

El escándalo de los cuadernos, la miríada de detenidos, la cobertura mediática constante y la repetición permanente sobre la corrupción del gobierno anterior no alcanza aún para tapar la marcha del país hacia un destino incierto en materia económica y social.
Si el objetivo final del gobierno nacional es poner presa a Cristina Fernández y a todos los que han tenido relación con su gobierno, quizá finalmente lo logren, pero si no pueden frenar la caída de todos los índices que afectan a los argentinos en su vida diaria, van a tener que meter preso a cualquiera que los enfrente en las próximas elecciones, porque a este ritmo de deterioro que sufren los salarios cualquier candidato podrá canalizar el voto castigo que puede sufrir Cambiemos.
Cualquiera sea el resultado final de lo que revelen las fotocopias de los cuadernos de Centeno, la industria sigue produciendo menos en la Argentina, la construcción continúa en caída, el endeudamiento no para de crecer y el país tiene cada vez más desempleados y pobres.
Cada uno de estos puntos por separado es un problema tremendo, todos juntos apuntan a crear una tormenta perfecta que no parece fácil de desactivar.
Nada mejor que la intervención de la Justicia ante la corrupción, sería mejor aún si lo hiciera de forma independiente y no a instancias de las necesidades de la Presidencia, pero es lo que hay. Aún en estas circunstancias una cosa no quita la otra. La corrupción sistematizada en las altas esferas del Estado debe tener un castigo y cuando este gobierno termine seguramente tampoco habrá contemplaciones con estas mismas reglas de juego.
Habrá que esperar que termine claro, porque ni la Oficina Anticorrupción ni los juzgados actuales ejercen la presión que se espera sobre temas que afectan a la actual administración. Todo "se descubre" tras el cambio de signo político, cambio que tarde o temprano se da, con este o con cualquier gobierno.
Claro que todo este tipo de circunstancias judiciales y políticas terminan siendo solamente un ojo por ojo entre dirigentes.
Abajo, mientras tanto, los trabajadores comunes deben continuar con sus vidas como pueden.
Ningún asalariado argentino se va a rasgar las vestiduras ni va a salir a defender a Baratta o cualquiera de los presos tan mentados. No los conocen, a nadie le importa ninguno de estos empresarios millonarios, y lo que piensa la mayoría de los laburantes de la Argentina es que, si se prueba que son ladrones, que vayan presos. Punto.
Ahora otra cosa bien distinta es que el sueldo alcance cada vez menos debido a las medidas que toman quienes gobiernan hoy este país. Algo bien distinto es que la crisis de empleo genere una ola de despidos creciente que antes no estaba en los planes. El gobierno anterior le importa cada vez menos a la gente común, hace tres años que están gobernando los actuales y quieren ver alguno de los resultados prometidos.
Claro que esto no es 2001, hace 17 años directamente la plata había desaparecido y el hambre ya había ganado un espacio que generó un movimiento incontenible.
Aún no estamos en ese círculo dantesco, pero la plata sigue desapareciendo del consumo, los comedores se multiplican en los barrios, y desde el mismo gobierno nacional comenzaron a nombrar el mes de diciembre como un idus fatídico. Probablemente buscan exorcizar el mal generando un clima de temor que desactive cualquier posibilidad de que ese mismo mal ocurra. Por las dudas hicieron los cambios legales necesarios para que las Fuerzas Armadas tengan la posibilidad de actuar ante cualquier "enemigo interno". Todo bien, pero más vale prevenir.
Bien presos deberán estar aquellos a los que se les compruebe que han robado. Pero si la estrategia es generar semejante revuelo para tapar cualquiera de los problemas por los que está atravesando Argentina, han subestimado demasiado a la gente y lo van a pagar en las urnas si no revierten el rumbo por el que están llevando al país. Una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa.

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