Miradas
Sábado 09 de Junio de 2018

Un Mundial para cambiar

Llega el Mundial de Rusia, señoras y señores, tras cuatro años de masticar aquel gol de Mario Gözte tras un anunciado centro y cierta responsabilidad compartida entre Gago y Romero, dos que hoy no están por lesiones, que nos dejó sin festejos en Brasil. El jueves 14 comenzará otro sueño del fútbol argentino en un país totalmente diferente, que cambió (vaya paradoja en un gobierno de Cambiemos) como pocos imaginábamos. Hoy está de vuelta el famoso FMI, hemos retrocedido en derechos y los que nos gobiernan nos mandan a ahorrar, a cambiar lamparitas, a bajar el consumo en todos los frentes. Se bajan persianas de comercios y se suben efectivos de seguridad en las calle, un combo que ya padecimos y del cual lejos estábamos de volver.
Pero ahora llega el fútbol. Él no nos hará olvidar los padecimientos diarios, las astronómicas boletas de servicios que llegan cada mes, con sus "servicios" propagando desde la tele que todo es culpa de la herencia recibida.
La redonda será una especie de bálsamo en este mes, más allá de la suerte que le toque a nuestra Selección, que no la tendrá fácil a pesar de la esperanza que significa el pibe con la 10 en la espalda, al que le apostamos todo. Todo. Como ese pleno que se juega en la "Rula", ya perdido por perdido. El jueves será tiempo de la ceremonia en las tierras de Putin (pero también de Lenin, como para balancear un poco la cosa) y del encuentro que abrirá los juegos, con el local enfrentando a Arabia Saudita.
En un mes descansaremos de algunas cosas. Dejarán en paz a Nisman, se silenciarán las profecías apocalípticas de la rubia chaqueña y el gabinete presidencial no rectificará el rumbo cada hora, hora y media, póngale para no ser tan malos. Lo cierto es que todo cambió en cuatro años. De aquel Mundial de Brasil 2014 ya ni Lula queda. La Patria Grande soñada por nuestros próceres desde hace dos siglos quedó reducida a la dignidad admirable de Evo Morales. Todo va girando hacia la derecha, hacia la puerta que nos lleva al FMI, que nos "abrió la puerta al mundo" como les gusta expresar a los responsables del Gobierno, puertas que antes parecían más grandes a la vista de los recuerdos de miles de argentinos veraneando en distintos lugares, llenando estadios cariocas para alentar. Vuelve el Mundial. Sabemos que será utilizado como pantalla. Estaremos alertas a eso. Pero no nos impedirán de disfrutar del juego más hermoso jamás inventado, que ese juego y los pies de Messi y la voluntad de sus compañeros nos regalen caricias al alma, al menos durante 90 minutos. Que después tendremos que regresar a lo cotidiano. Pero esos 90 minutos serán una sonrisa verdadera entre tanta seriedad impostada, tanto llanto injusto, tanta necesidad inmerecida.
Podremos seguir a la Celeste y Blanca desde lo que queda de la TV Pública y también desde el canal de deportes más viejo del país. Tendremos esas dos opciones para ver la Selección o bajar el audio y mandar el relato por radio, que siempre es más inventivo y pasional. Le ponemos fichas a la Selección. Por qué no. Esto es un juego. Llegamos mal, casi como un reflejo del país. Se nos lesionan jugadores a último momento, el conductor no es lo que quisiéramos y nuestra estrella es cuestionada por algunos. Una metáfora ineludible del país. Pero ahí estaremos, ya no como una metáfora, sino depositando en esos 23 tipos algo de esperanzas, porque sabemos que siempre, siempre iremos para adelante, que seremos solidarios con nuestros pares, que le meteremos garra y corazón aunque los poderosos vengan en malón, a la carga por todo. Aguantaremos (aguantamos) la embestida, defenderemos nuestro colores, nuestros compañeros, en cada situación mala y entre todos saldremos. Ya no buscaremos, en torpes recetas la salvación. La tenemos en nuestros pies, en el latente recuerdo de lo que fuimos, en nuestras manos, e iremos por ella. Derrotas circunstanciales, charlatanes pagos de turno jamás podrán quitarnos la esperanza de un país mejor, de alzar una Copa entre todos para el disfrute de todos. Porque eso no lograrán cambiar nunca, tenemos que salir todos juntos a la cancha para frenar la estampida y festejar un gol, el que permita la victoria y se quede para siempre. Sin cambiar nunca más.

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