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Un año para usar el voto

"Se impone interpelar a los candidatos, al menos para que pasen un poco de zozobra".

Martes 05 de Febrero de 2019

"Soy demócrata hasta la coronilla, pero los padecimientos actuales del país son deudas de la democracia. La clase política en general no ha sabido gestionar para combatir el hambre, el desempleo y la ausencia de educación. Es una falencia de todos. Por ejemplo: ahora se habla de las elecciones, pero pocos interpelan a los candidatos sobre la manera en que harán las cosas. Nadie se anima a hacer semejante pregunta por miedo a la mentira dicha entre sonrisas, dado que lo cierto es que son una máquina de improvisar". La cita es textual de un mensaje publicado el domingo en UNO.
Interpelar con preguntas concretas y pretender recibir a cambio respuestas de igual tenor parece una hazaña en el mundo político de estos días. Sucede que, en un puñado de líneas, el lector resumió uno de los mayores perjuicios ocasionados por los gobernantes a las instituciones de la República: queda la sensación de que no saben el rumbo a tomar una vez que fueron ungidos con el favor del voto popular. En campaña cuentan que van a terminar con la inflación, reducir el desempleo, invertir en más y mejores proyectos de calidad educativa, llevar agua potable y cloacas a cada rincón y una vez que ganaron todo queda envuelto en un mar de excusas en donde se culpa de los fracasos al de arriba, al anterior, al marco externo y al clima. En resumen, no tienen ni idea pero igual compiten en busca del poder.
De todas maneras se impone interpelar a los candidatos, al menos para que pasen un poco de zozobra. Hay que ponerlos en la posición de que deban jugarse sobre asuntos sociales de gran sensibilidad como la igualdad de género, la abolición de la religión oficial financiada por el Estado y los derechos de las minorías. Que den respuestas concretas antes, para no generar sorpresas después.
Recuerdo con humor un spot de campaña en el que una candidata entrerriana contaba lo mucho que le gusta el asado al horno con papas; como si sus preferencias culinarias fueran de algún modo a influir en el derrotero de la Argentina. O a aquel otro que que prometió derrotar a la inflación en 50 días. Al tolerar tanta mentira los mismos ciudadanos vamos legitimando a una dirigencia que nos da el trato de supinos ignorantes.
Y al darles el voto confirmamos que lo somos. Este año los entrerrianos acudirán a las urnas entre cuatro y cinco veces, la última se desencadenará de haber balotage en las presidenciales; de modo que abundarán las oportunidades para ver pasar candidatos. Una opción es detenerlos e interpelarlos, y cuando seguro digan que cumplirán con su promesa preguntarles cómo. Quien lo haga, periodistas incluidos, quedará con la sensación del deber cumplido; pero no. La Constitución no prevé ninguna herramienta de fuste para abordar al que prometió cloacas y luego no las hizo, el que habló de pavimentar 100 cuadras por mes y no llegó a los 100 metros.
Y los peores son los que nada dicen ni prometen. Solo van tejiendo entramados de relaciones para ir subiendo en el largo palo del gallinero de la política sin deberle cuentas al electorado. Así estamos en el arranque de un año plagado de oportunidades para usar el voto con inteligencia.

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