Hoy por hoy
Lunes 26 de Marzo de 2018

Terminar con la viveza criolla

Entre Ríos tendrá la suerte el fin de semana de ser una de las provincias más visitadas por los turistas. Ya sabemos de los atractivos naturales, la pesca, el descanso, el río, las termas, el circuito religioso o histórico. La verdad, una variada oferta que es muy tentadora para cualquiera, y de allí las expectativas con las altas reservas hoteleras.
Es muy interesante la política de Estado a lo largo de estos años para apuntalar la "industria sin chimeneas" y se aprecia un trabajo a destajo desde el gobierno como del sector privado.
Lo que sí quiero plantear, es cómo comenzar a trabajar en la concientización de todos nosotros para atender de mejor manera a los turistas en la ciudad, en la provincia y, por qué no, en el país.
Traigo algunos ejemplos y diferencias de lo vivido recientemente. Tuve la oportunidad de pasar mis vacaciones en Brasil, país donde hay problemas económicos, pero no existe inflación. Esto es así, ya que desde hace cuatro o cinco años se mantienen los mismos precios en alquileres, gastronomía y combustible. Por lo que creo que en ese país, como en Uruguay o Chile no existe algo que se denomina viveza criolla que es casi de uso exclusivo de nosotros, los argentinos.
En los países vecinos parece todo anormal en relación con la Argentina. En cualquier estación de servicios de esos lugares ni se les ocurre cobrar el agua caliente o la fría que están disponibles en cómodos dispensers; en esa línea tampoco se solicita dinero para la limpieza de los baños o el desatinado reclamo para pagar hasta el aire para inflar los neumáticos, tal como pasa en Paraná, o cualquier ciudad de la Argentina.
Uno se acostumbra a que no hay un desmedido interés de los empresarios en ganar la máxima ganancia. Es como que existe una cultura, de cuidar a los turistas, porque los necesitan para que el próximo año regresen.
¿En la Argentina se fundiría algún empresario de los que cuentan con cadenas de estaciones de servicio en rutas o ciudades, si no cobraran los 10 pesos para el agua del termo, o las monedas para inflar las cubiertas? Sinceramente creo que no.
Estas modas de "cobrar hasta el aire que se consume en un comercio", es la mejor imagen de cómo nos tratamos y cómo recibimos a nuestros turistas, sin importarles nada, y para lo cual si pisás esa estación de servicios, patio de comidas, tenés que pagar hasta la servilleta que se utilizás.
Porque esta situación se dé en la Costa Atlántica, en Buenos Aires, Córdoba y Las Cataratas, ¿por qué tenemos que igualar para abajo? No es la queja por los 10 pesos, es el gesto, la acción de llevarse hasta ese ínfimo dinero. Pura voracidad.
Ni hablar de la cuestión inmobiliaria, ya que los valores que se cobran en las tradicionales ciudades turísticas, chicas o grandes, muchas veces, son exorbitantes. Por decir, algunos alquileres en Villa Urquiza son tan o más caros que en las principales ciudades de Brasil o Uruguay.
Respetando el maravilloso paisaje, el río, la tranquilidad, la gente, los servicios, se está lejos de ser el mar con la infraestructura que lo complementa.
La viveza criolla de intentar obtener la máxima ganancia, es ir directamente contra el turismo. Pero bueno así nos va, y cada vez se ve, sobre todo en verano, que el propio argentino "dispara, huye" hacia otro destino, dejando de invertir o gastar en nuestro país, y llevando los pocos o muchos pesos a Brasil, Uruguay o Chile.
Lo peor del caso es que la sangría año a año se amplía y es mayor la cantidad de argentinos, entrerrianos y paranaenses que hacen el esfuerzo de irse a los países limítrofes.
No les importa el precio del dólar, del real o la divisa de ese país. Prefieren la espera agotadora en una aduana por horas, viajar 15 a 20 horas por ruta, o directamente gastar un poco más para tomar el primer avión que se les cruce hacia esos balnearios. No quieren saber nada del trato y destrato de los argentinos que están al frente de los emprendimientos para vacacionar y del sistema en sí para captar los ahorros de todo el año para disfrutar en familia.
Habrá que trabajar más en la conciencia, pero sobre todo poner límites a la voracidad de ganancia de ese sector.
Sería bueno que se rompa la idea de que en 15 días de invierno y tres meses de verano quieran salvar todo el año a costa del sacrificio del resto de los ciudadanos.

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