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Simplemente Chacho

El periodista Mauro Meyer recuerda a su amigo y compañero de trabajo Edgardo Chacho Comar a un año de su muerte.

Domingo 07 de Julio de 2019

Recuerdo el momento exacto en que conocí a Edgardo Comar. Fue en los primeros meses de vida de Diario UNO, cuando estaba haciendo mis primeras armas dentro del periodismo deportivo. En ese momento no sabía que días más tarde se iba a transformar en mi compañero de trabajo. El resto de mis colegas ya lo conocían, porque Chacho ya se había hecho un nombre en el ambiente, y con el paso del tiempo me di cuenta que su “fama” estaba bien ganada. Nuestro primer encuentro fue hace más de 19 años y todavía lo recuerdo con lujo de detalles. En ese momento no me había dado cuenta, pero era evidente que estaba delante de una de esas personas que dejan una marca, las que, ante la ausencia, son difíciles de olvidar.

El hecho de compartir las tardes en la Redacción me hizo conocerlo mucho y rápidamente me di cuenta de que era un tipo sencillo, un tipo de barrio, con códigos y con ocurrencias que nos sacaban más de una sonrisa. Se notaba siempre su presencia, porque a lo lejos ya se escuchaba su voz y al verlo el tradicional saludo de “cómo andás querido” siempre iba acompañado de una sonrisa. Después me contaba las novedades de diferente índole, deportivas y no tantas. Reconozco que las que no tenían que ver con el fútbol eran interesantes, pero siempre terminábamos hablando del deporte que más amaba.

En este aspecto estaba uno de los puntos que nos enfrentaba, ya que su pasión por Boca nos distanciaba. Claro, por aquella época eran momentos dulces para el Xeneize y uno lo tenía que aguantar. Ni hablar cuando el club de mis amores (River) perdió la categoría. Las cargadas estaban a la orden del día y todavía siento la bronca de cuando apareció con la famosa remera de 0 descensos. Hoy, la historia sería algo diferente, la taba se dio vuelta y hay cierto silencio en mis compañeros Bosteros. Pero con Chacho sería diferente, porque era la fuerza de choque, iba al frente y no tenía problemas en comenzar una áspera discusión bancando los trapos. Es que Edgardo era así, directo y pasional. El mismo sentimiento también expresaba por su querido Universitario. Ni hablar cuando hablaba de sus hijos, se le iluminaban los ojo cuando contaba las actividades que realizaban. “El amor es para los hijos”, nos repetía siempre. Porque, al estilo Diego Maradona, tuvo frases que vamos a recordar durante mucho tiempo.

Era un personaje, conocido en todos los rincones de Paraná. En San Agustín, a través de mi mamá me llagaba su saludo cuando lo cruzaba en la calle. Porque Chacho recorría los barrios buscando algún apoyo económico para su programa de radio. Pateaba la calle, era un laburante y siempre la luchó desde abajo. Por eso tenía miles de historias para contar y entre sus compañeros de UNO también dejó un montón de anécdotas, de viajes y de asados interminables.

Hoy, a un año de su trágica muerte, lo tenemos más presente que nunca, pero la tristeza que nos invadió esa fría mañana del 8 de julio, con el paso del tiempo se fue perdiendo para darle lugar a una tibia sonrisa. No tengo dudas que así le hubiese gustado que lo recordemos, porque las incontables tardes de trabajo con él eran diferentes, tenían una magia que vamos a seguir extrañando. En pocas palabras, así era Edgardo. Un personaje entrañable que te alegraba el día con cualquier ocurrencia. Simplemente Chacho.

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