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HOY POR HOY

Seguir esperando por algo que no llega

Deberían saber que Alberto Fernández no necesita de la oposición para hacer trastabillar su gestión a cada paso. Se las está arreglando bastante bien para hacerlo solo.

Martes 02 de Marzo de 2021

Los gobernantes toman la apertura de sesiones ordinarias de las legislaturas como un relanzamiento de su gestión, un barajar y dar de nuevo. Como si se sentaran frente a la ciudadanía y le dijeran: “Ahora sí, ahora arrancamos”. Cada 1° de marzo es una oportunidad para generar expectativas, insuflar optimismo, recorrer todos los logros del año pasado, y buscar la mejor manera de no hacerse responsables por todas las promesas incumplidas y los errores cometidos. Para esa última parte del resumen siempre estará la oposición, que hace denodados esfuerzos para tratar de sumar adhesiones y socavar al gobierno, pero lo cierto es que no logra ni una cosa ni la otra. Deberían saber que Alberto Fernández no los necesita para hacer trastabillar su la gestión a cada paso. Se las está arreglando bastante bien para hacerlo él solo. En realidad, en esta tarea no está tan solo, hay varios adentro de la propia administración que no ayudan en nada a dar una buena imagen de gobierno, y eso se nota cada vez más. Pero en un país absolutamente presidencialista como la Argentina, el Presidente es el único responsable de lo que sucede. Su gente, sus decisiones. El contexto es real. Nadie ignora que jamás alguien gobernó en medio de una pandemia global, contando muertos todos los días y con toda la población encerrada, enojada y hastiada desde hace casi un año. Pero esto no ha sido una conspiración en contra del Gobierno, son las cartas que le tocaron a este Presidente para jugar una mano totalmente adversa, y que pone a prueba su capacidad para generar confianza en la gente, que, en definitiva, esa confianza es el único valor que le permitirá avanzar en la dirección que él mismo defina como rumbo. El problema es que esa confianza que supo ostentar al principio de su gestión, aquella que propios y extraños le tuvieron, incluso al comienzo de la pandemia, se está deteriorando día a día. Y no es en ganancia de la oposición, porque la gente tampoco confía en ellos. Esta situación es pura pérdida para todos. Fernández lleva 15 meses de gobierno, 12 de los cuales han transcurrido bajo la sombra de un virus que ha causado casi 2 millones de muertos en el país. A esta presidencia le quedan 33 meses de mandato. Es tiempo de mostrar que realmente se tiene el mando de las decisiones, de parar con los horrores propios y detener el fuego amigo, porque el tiempo para recuperar las ganas de la gente, (ya ni siquiera su optimismo) se agota cada vez más rápido. De esos 33 meses que le quedan a Fernández, hay que quitar todo un año, porque una vez que comience el 2023, la campaña se devorará la realidad, y el país volverá a quedar a merced del marketing. Dos cuestiones centrales deberían apuntalar el futuro inmediato de la Argentina. Pedirles una acción política responsable a los líderes de la oposición, y exigirle decisiones inmediatas al gobierno nacional que demuestren liderazgo y compromiso real con lo que pregona.

Los primeros siguen creyendo que la realidad pasa por hacer declaraciones en TN. Los segundos insisten en que el país es un éxito. Así es muy difícil. Las dirigencias siguen creyendo en adoctrinar a los que ya están convencidos, en una forma de hacer política cada vez más cercana al fanatismo. La ciudadanía necesita ver que existe un gobierno capaz de tomar decisiones que muestren que se está haciendo el esfuerzo necesario por cambiar la realidad. No para negarla. Un golpe de timón al lento proceso de vacunación masiva del país podría ser la mejor prueba para comenzar a mostrar cambios reales, y dejar de festejar como un logro épico la llegada de un avión con vacunas. Todavía hay tiempo para revertir la imagen de una administración que flota al ritmo de las operaciones mediáticas y las mezquindades internas. Lo más importante de su gestión no debería ser demostrar que el gobierno anterior fue un desastre, eso lo sabe todo el país. Su verdadera preocupación debe centrarse en mostrar que todavía hay cosas que pueden cambiar para mejor.

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