Hoy por hoy
Viernes 17 de Noviembre de 2017

Que sea una lucha seria

El domingo 29 de octubre, abocado a la cobertura del partido Independiente-Patronato por la octava fecha de la Superliga de Primera A, tuve la oportunidad de estar en el Libertadores de América, que desde lo estructural y a partir de estar por concluir su renovación presentó un aspecto espectacular.
En la antesala de dicho cotejo y más allá de los aspectos futbolísticos de uno y otro equipo, la detención días anteriores de Pablo Álvarez conmocionaba al Mundo Independiente. El hombre fuerte de la tribuna roja estaba tras las rejas. La última del frondoso prontuario que distingue al supuesto líder de la barra del Rojo, fue amenazar al entrenador Ariel Holan y exigirle 50.000 dólares para acompañar al equipo en la Copa Sudamericana a Paraguay, brindarle su aliento y comenzar a recaudar para ir al Mundial 2018.

La medida dividió las aguas y generó distintos tipos de opiniones. Estuvieron aquellos que hablaron de que la determinación obedecía a generar un golpe mediático, con el fin de encubrir otras cuestiones y los que saludaron con beneplácito la captura de un ser extorsionador en la tribuna y también en otros ámbitos de la esfera social.
Hoy Bebote sigue preso, y lo seguirá hasta tanto se investiguen las causas de las que lo acusan. Para aquellos que no analizan la cuestión con un tinte que no sea distinto al que le corresponde. Para aquellos que disfrutan o sufren por una pasión del fútbol bien entendida es un placer que Álvarez y sus secuaces no estén desde hace un tiempo en las tribunas de la cancha de Independiente, ni merodeen por sus adyacencias cada vez que juega el equipo.

Ahora bien, con la detención de Bebote, la inhibición del ingreso a los estadios de algunos personajes violentos: ¿se termina con la violencia en el fútbol? Rotundamente ¡no! Hay que ir por más. ¿O es acaso Independiente la única institución que tiene barra? Que la televisación del fútbol ahora esté restringida, limitada, no impide conocer que hay grupos de violentos en la mayor parte de los clubes y categorías del fútbol argentino, que gobiernan en las tribunas y hacen sus negocios turbios. Cuántas veces se vio expresar, delante de una cámara, a estos delincuentes: "Nosotros somos los que armamos la fiesta".

Nunca tuve dudas, pero el 29 de octubre comprobé que sin ellos la fiesta existe y es mucho más atractiva. Se mira, se analiza, se alienta, se insulta, se sufre, se disfruta del fútbol motivados por la pasión.

Ojalá que la detención y encarcelamiento de Bebote Álvarez sea el puntapié inicial de una seguidilla de detenciones y encierro de los violentos, sin distinción de camisetas, que han manchado a un deporte tan pasional como el fútbol. Que haya una lucha seria contra ellos. Que así sea...

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