Miradas
Martes 27 de Marzo de 2018

Qué culpa tienen los hijos de María

La misma escuela pública, pero distintos contextos, hacen que hoy sean menores las posibilidades de formar un niño con la fantasía de ser un aviador. Miguel Giménez fue a la misma escuela que hoy van los hijos de María. Pero tal vez estos últimos no tengan las mismas posibilidades educativas que adquirió Miguel.
Siempre presente en la memoria está el recuerdo de los preparativos para el acto escolar del 2 de abril. Porque no se trataba de una efeméride lejana como evocar el 25 de Mayo de 1810, el Día de la Bandera, 9 de Julio de 1816 o la muerte del General San Martín en 1850. Era recordar una guerra que había pasado hacía poco. Que en la familia se vivió, se habló y hasta se escuchó por radio. Que cada parte militar fue vitoreado con algarabía mundialista. Sobre todo cuando se aseguró "Vamos ganando".
Y en la escuela primaria N°21 Juan Benjamín Terán de Paraná, además de organizar cada 2 de abril el acto para recordar la fecha, siempre tuvieron el orgullo y el honor de homenajear a un exalumno que combatió en el archipiélago.
Se trató de Miguel Ángel Giménez, un hijo de padres maestros que desde muy niño tuvo acceso a la cultura. En la página de aeronáutica 3040100 describieron: "Sin saber leer, Miguel Ángel pasaba horas mirando los tomos de la Enciclopedia de la Segunda Guerra Mundial adquirida por su padre". Conocido como Sombra, siempre sintió atracción hacia la aeronáutica; por eso de chico construyó un paracaídas con restos de lonas hurtadas a su mamá y en horas de la siesta se tiró de un árbol que había en la puerta de su casa y quedó colgado de una rama.
La historia de Miguel describe dos aportes fundamentales para un niño en cualquier época: la educación para crecer y el acceso a los libros para despertar ilusiones. Después de finalizar la escolaridad, empezó la carrera de aviación militar aunque la dejó después de un año –y comenzó a estudiar Abogacía– la retomó, luego, porque su fantasía de niño lo perseguía.
Su primer destino fue la II Brigada Aérea de Paraná, luego la IV Brigada Aérea de Mendoza donde aprendió el dominio de los aviones de combate A4C, para ser destinado a la III Brigada Aérea de Reconquista (Santa Fe) en 1981, donde se ejercitó en el manejo de los aviones Pucará. "El 1º de abril de 1982, a bordo de su Pucará, viajó al sur del país. Al día siguiente, horas después de ser recuperadas las Malvinas, llegaba a las islas que conocía a través del relato de sus padres y maestros, y a las cuales había aprendido a amar y a desear su recuperación", describe la página encargada de recuperar fotos y recuerdos de la Fuerza Aérea Argentina.
Lo demás es la historia que se repitió año tras año en los actos escolares: "El teniente Giménez entró en combate en mayo de 1982. Su victoria a bordo del IA-58 Pucará matrícula A-537, es la única confirmada por los británicos: su víctima fue el Scout XT629/DR del 3 CBAS (3rd Command Brigade Air Squadron) del Army Air Corp británico. Después de finalizar con éxito su misión, Giménez regresó a Puerto Argentino por una ruta de vuelo distinta con la intención de dificultar una intercepción de cualquier posible Sea Harrier presente en la zona. El mal clima le jugó una mala pasada al paranaense que se estrelló accidentalmente contra la Blue Mountain o Cerro Azul, en la isla Soledad durante el vuelo de retorno. Los restos de su avión y su cuerpo fueron descubiertos en 1986. Miguel alcanzó la gloria eterna haciendo lo que siempre soñó: volar. Primero volando con la imaginación y después haciendo realidad su fantasía.
Hoy, a la misma escuela primaria que fue Miguel van cientos de niños que viven otro contexto familiar, social y son más vulnerables. Llevan el mismo guardapolvo blanco, cursan en las mismas aulas y disfrutan del recreo y el comedor. Pero cada marzo viven la misma realidad: las clases no arrancan, comienzan un día y al otro hay medidas de fuerza, los docentes están mal pagos y la cadena se rompe siempre en el mismo lugar: el aprendizaje. Los hijos de María van a la misma escuela que fue Miguel. Gente trabajadora, le ofrecen la educación pública del barrio para que progresen, pero todavía no saben lo que es cursar una semana completa. Son otros tiempos, realidades disímiles, pero... qué culpan tienen los hijos de María.

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