Lunes 18 de Diciembre de 2023
Qué caro le salió el Mundial al fútbol argentino: ausencias importantes, bajo nivel competitivo, cantidad irrisoria de equipos y la corrupción de siempre.
No hay que ser ningún experto para darse cuenta de que el fútbol argentino se encuentra atosigado. Por un lado, debido a los problemas económicos que atraviesa el país hace varias décadas, impidiendo concretar grandes ventas al exterior o la llegada de figuras destacadas. Obviamente, hay casos aislados como la venta récord de Enzo Fernández al Chelsea de Inglaterra o la sorpresiva llegada de Edinson Cavani a Boca Juniors.
Cabe recordar que hace poco más de una semana se dio el ascenso histórico de Deportivo Riestra, un club con una masa societaria de 600 personas y un estadio con capacidad para solamente 3.000 espectadores. Claramente, dicha institución no cumple con las normas establecidas para ser parte de la élite de nuestro fútbol. Pero poco parece importarle a los dirigentes de Viamonte 1372 y mucho menos a los presidentes de los clubes, quienes prefieren mirar hacia un costado y no expresarse ante la cantidad irrisoria de equipos que formarán parte de la Liga Argentina a partir de 2024.
Además de eso, si nos detenemos a imaginar el próximo año, no hay muchas cosas positivas para destacar. La ausencia de un club como Boca Juniors de la Copa Libertadores de América 2024 hace mucho ruido y confirma aún más la decadencia. A su vez, la presencia de Barracas Central y el anteriormente mencionado Deportivo Riestra era casi una utopía hace unos años. Pero si le ponemos el sentido de la sinceridad, su participación se debe a las infinitas ayudas arbitrales, las cuales les allanaron el camino hacia Primera División.
Haciendo énfasis en el nivel del arbitraje, cada día es más y más sorprendente. Pareciera que los mismos que ejercen la profesión hace 10, 15 o 20 años, no conocieran el reglamento, tomando decisiones inentendibles y hasta en el peor de los casos, sobradoras y violentas. Como es el caso del árbitro Fernando Espinoza, un canchero, sobrador, maltratador y prepotente, al que le permiten saltarse las reglas a gusto y piacere. Sumado a la poca profesionalidad que se maneja en el VAR, donde se toman decisiones que rozan lo ridículo.
Por otro lado, debe mencionarse a los directores técnicos, donde todavía siguen predominando los de siempre, porque a los nuevos se les da poco espacio y si logran una que otra buena campaña, prefieren hacer las maletas y buscar otros rumbos, ya que muy pocos clubes bancan los proyectos deportivos y sumado a la presión de la gente, que les impide a estos mismos dirigir con tranquilidad.
Otro detalle, no menos importante, es el color en las tribunas, del que curiosamente ya casi nadie habla. Se perdió el folklore y la broma sana, la cual se volvió violencia pura e incluso, impidiendo que ambas parcialidades puedan presenciar un simple partido de fútbol, donde se ven cada vez menos familias en los estadios, por el miedo a que les suceda algo.
Por último, mención especial al dirigente mayor de la AFA, quien a fin de cuentas terminó siendo peor que el ya desaparecido, Julio Grondona. Porque pareciera que un Mundial te genera impunidad total para hacer lo que quieras en el mundo del deporte, sin medir ningún tipo de consecuencia y lamentablemente debo decir, que caro nos salió, ser campeones del mundo.
Seguramente a mis palabras se las llevará el viento y esto seguirá siendo un circo. Pero si no comenzamos a visibilizar estas cuestiones, frenar la pelota y replantearnos todo lo malo que está sucediendo alrededor de un deporte tan maravilloso y que a pesar de todo, nos sigue haciendo felices, va a ser cada día mucho más complicado poder lograr una estabilidad para que vuelva a ser ese, en el que sobraban las estrellas, surgían jóvenes promesas y donde muchas veces nuestros clubes fueron protagonistas de todas las competencias en las que participaban, incluso, peleando mano a mano con Europa, quienes son conocedores de nuestro potencial.