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Pobres que viven del narcomenudeo

"...Existe otra descontextualización, que busca un efecto a sabiendas de que se está forzando la realidad..."

Lunes 07 de Octubre de 2019

Podría pensarse que cualquier cita periodística implica sacar de contexto a quien habla, por muchas razones; algunas obvias como la imposibilidad de reproducir una intervención completa, como podría ser un discurso extenso; por la dificultad de recrear –para el lector oyente, televidente– las condiciones en que algo fue dicho; o llanamente porque el periodista-cronista-locutor-editor decide sobre la relevancia de aspectos con un criterio subjetivo que posiblemente no coincida con la intención de quien pronunció esas palabras.

Existe otra descontextualización, que busca un efecto periodístico a sabiendas de que se está forzando la realidad. Existió siempre, aunque la saturación informativa de estos tiempos dificulta la posibilidad de corregir el efecto que tuvo una información deliberadamente distorsionada. El que pega primero tiene una ventaja en esto. Son una especie de categoría ligth de fake news que deforman lo ocurrido, generalmente dándole a una o varias frases una intencionalidad que difícilmente hayan tenido.

Axel Kicillof no justificó que haya familias en las cuales algunos de sus miembros haya decidido vender drogas a baja escala por no poder encontrar empleo. (A quien le interese conocer la frase en el contexto del reportaje televisivo le lleva pocos segundos acceder a ella). Sin embargo se montó en torno a esta frase una serie de publicaciones acusándolo de haber justificado el narcomenudeo, y hasta de impulsarlo. Las máximas autoridades nacionales en materia de seguridad salieron a repudiar lo que obviamente sabían que no había dicho.

La descripción que hizo Kiciloff es verosímil. Ya lo han dicho antes cientos de referentes sociales, religiosos, políticos. Si se recorre el archivo de UNO se podrá encontrar casos de mulas sorprendidas con cargas de drogas que nunca hubieran podido comprar, algunos de ellos son jornaleros o changarines corridos por el hambre. Se encuentran casos de jubilados que aguantaban la droga en su casa por unas monedas que les paga el narco. Hasta algún pastor cayó en esa tentación.

No haría falta explicar casi nada, si no fuera que pese a lo evidente se montan operativos periodísticos de esta naturaleza. No se sabe qué porcentaje de los detenidos por delitos vinculados a las drogas buscó trabajo, o cuantos crecieron en un hogar donde ya sus mayores vendían drogas, o para cuántos de ellos fue la única salida que creyeron posible.

De los miles de detenidos en la provincia desde la aplicación de la ley de narcomenudeo, la amplísima mayoría tiene una característica en común: viven en la pobreza. Eso no los justifica, pero no reconocer ese dato es negar la realidad, en este caso, la realidad de los pobres. Porque como dice el candidato a vicepresidente de Cambiemos Miguel Ángel Pichetto, en Argentina se lucra con la pobreza.

Y aunque Pichetto, con sus explosivas declaraciones, parezca más ocupado en construir la versión pampeana del bolsonarismo para disputarle la conducción de Cambiemos a Macri, a Horacio Rodríguez Larreta o a quien sea; dio en el clavo con esa afirmación. Lucran los narcos con la pobreza de la gente, apoyados en la ventaja que les da un Estado ausente.

Mandarlos a buscar trabajo, como hizo el senador rionegrino, es un lugar común del neoliberalismo local. (Cuando Macri llegó al gobierno ya faltaba trabajo, y cuando se vaya se habrán perdido cientos de miles, sino millones de puestos empleo. No lo dice solo Kicillof, sino el Indec).

Cuando haya terminado de escribir este limitado argumento, el sacado de contexto ya será otro. Sin embargo puede uno ilusionarse con que, tal vez en el afán electoral por endilgarle a un candidato una frase que no dijo, o una intención que no tuvo, los grandes medios abran una puerta a una discusión importante sobre las condiciones sociales que genera el narcotráfico.

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