Miradas
Sábado 24 de Noviembre de 2018

Pobres, humildes y honestos

Nada justifica un asesinato, ni el peor de los enojos, ni la peor de las pobrezas, ni las crisis, ni los desastres económicos que un gobierno pésimo puede imponer. Esta es la extraña y rara sensación que tienen los familiares de Joel Micle Damonte, que están más que enojados con el argumento dado a conocer por el autor del crimen de este muchacho que fue ultimado de una puñalada la semana pasada en el barrio Cáritas de Paraná.
Se dejó saber que el detenido, de apellido Mioletto, contó a los policías cuando lo detuvieron, que ultimó a Micle porque tuvo que salir a robar para darle de comer a su hijita de siete meses.
Claro, robó una bicicleta, la víctima lo corrió y él lo asesinó con un hierro del 8, con la punta filosa.
Ante esto, creo necesario hacer algunas consideraciones, sobre todo para no estigmatizar a nadie.
Hoy parece ser que el ser pobre habilita a algunos a robar para comer, a matar, ir a romper a una plaza, o atacar a la policía para entorpecer el funcionamiento del Parlamento o a saquear un supermercado.
En nombre de la pobreza se puede cortar una calle, dañar un edificio o intentar agredir a un tercero. Por más justo que sea el reclamo, no da el derecho a caer en el vandalismo ni avalar un hecho de violencia.
Es duro decirlo, pero a esos pobres los mandan ricos de guantes blancos.
Hoy, lamentablemente se mete la política para enturbiar todo, y por ello es que nos quieren llevar una vez a la maldita grieta. No podemos salir de este proceso donde el gobierno, como la oposición fundamentalista sin votos o ligada con lo peor de los sectores desestabilizadores, intentan voltear un gobierno democrático.
Provengo de una zona rural donde había familias pobres, muy humildes, que vivían como podían. Trabajaban en lo que podían, de changas, como hacheros, con sus huertas y granjas. Llenos de dificultades, con apremios, con falta de dinero y ausencias de elementos básicos, pero eran personas honestas, no salían a robar, y contaban con la educación de los padres y de la escuela para ser personas de bien. Y sé que en la ciudad hay muchas personas que están llenas de necesidades, pero no salen a delinquir.
La tía de Micle dijo a UNO: "Mi sobrino trabajó desde chico, cortó pasto, leña, hacía de todo, y ahora vendía milanesas de pollo para mantener a su familia. Ningún delincuente ni pobre, ni rico tiene el derecho de robarle, y menos de quitarle la vida. Nada justifica un crimen, ni el plan social, ni la marginalidad".
Tendremos que salir de esta inercia donde se cree que por una situación social se habilita a hacer de todo, incluso a delinquir. No se puede convalidar aquello de "el fin justifica los medios".
Es bueno que estas noticias nos trastoquen, sobre todo para darnos cuenta de lo que está pasando y hacia dónde nos quieren llevar.
El problema de un gobierno pésimo como el de Mauricio Macri se soluciona castigándolo con el voto, no cayendo en las acciones desestabilizadoras que algunos grupos quieren reflotar, más teniendo en cuenta que llega el mes de diciembre, una fecha emblemática por los penosos sucesos de muerte y represión que hubo en 2001.
No hay que repetir los errores, sino sobre todo mirar con atención a los que andan con el bidón con nafta para tratar de incendiar todo lo que se pueda.
Un homicidio como el del barrio Cáritas no tiene ningún tipo de justificación. Fue un hecho cruel, delictivo y que merece una condena justa.
Es más que interesante interpelarnos sobre lo injusto que es el crimen de Micle Damonte, un muchacho lleno de vida, con ganas de superarse, de ser un buen padre, que por más problemas económicos que pudiera tener, no se servía de lo ajeno.
Nada justifica tomar la vida de una persona incluso si fuera un delincuente que anda por el camino torcido, provocando la muerte o el dolor en el otro, pese a que muchas veces puede ser víctima de la justicia por mano propia.
La condición social o crisis que vive un país no puede nunca ser justificación o atenuante para habilitar la terrible acción de matar al otro.

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