#Miradas
Viernes 19 de Abril de 2019

Otra vez están pasando cosas

La inflación, Cristina, la caída en la imagen, la llegada de las elecciones, Cristina, la mirada del FMI, la caída del consumo, Cristina.

Congelar los precios de algunos productos luego de que muchos de ellos fueran aumentados hasta un 40% previo a la decisión habla a las claras del sinsentido de las medidas adoptadas.

"Lo que ayer era una bobada ahora no puede ser una genialidad", decía el economista Juan Carlos De Pablo, como para graficar las convicciones del Gobierno para tomar decisiones como las dadas a conocer en las últimas horas.

Es que han sostenido hasta el cansancio que el congelamiento de precios jamás funcionó, que fue otro ejemplo de fracaso del gobierno anterior y que por eso era una posición absolutamente inviable para Cambiemos.

Ahora resulta que no es tan así. Parece que antes fue un fracaso porque el que controlaba los precios era un loco con un látigo llamado Guillermo Moreno, y que en este gobierno no se manejan de esa manera. Ellos confían plenamente en los empresarios, que acatarán la medida y no aumentarán nada.

Todos, pero todos, saben que esto que han hecho es de último recurso, que es algo que intentan hacer para que no explote por los aires la economía antes de las elecciones. No hay nadie que se arriesgue a decir que son medidas de fondo, que sirven para frenar la inflación, o que a partir de aquí se estabilizará el rumbo económico del país.

Todos saben que es solamente un manotazo de ahogado para tratar de llegar con aire a las elecciones. Con que no los tape el agua está bien, con eso les alcanza. Lo importante es tratar de ganar las elecciones a como dé lugar. Después se verá.

Mientras tanto no importa nada, siguen con el manual que indica que hay que sostener a Cristina como el peor de los males.

Apenas anunciado el congelamiento de precios se supo que la caída en la imagen del Presidente volvió a sufrir otro impacto fuerte.

Junto con todo esto se conoce que las acciones argentinas en Wall Street se precipitaron hasta un 7%. Automáticamente los comunicadores oficialistas marcan que lo sucedido no es porque el Gobierno está haciendo agua por todos lados, sino que es un reflejo de los inversores ante la posibilidad de que Cristina pudiera ganar las elecciones en agosto.

Es un gobierno nacional en una batalla consigo mismo. Por un lado quieren poner a Cristina como única adversaria, porque al ser sinónimo de corrupción y decadencia sería fácil ganarle en las urnas, pero no pueden dejar de tomar medidas contra la gente y hundirse con su propio gobierno empeorando las cosas, y con los últimos restos de aire siguen gritando que Cristina es peor, que por favor no la voten.

Los triunfos de 2015 y 2017 lograron sepultar a la expresidenta en un abismo del que parecía imposible que resurgiera. Se apegaron al manual para sostenerla como única alternativa a un gobierno nuevo y exitoso. Pero pasaron cosas, y el monstruo que parecía muerto abrió los ojos.

Pero eso tampoco les importó. Siguieron sin mirar a la gente, sin tomar una sola medida que pudiera beneficiar al ciudadano común, siguieron atentos a los mercados, al FMI y al márketing político.

De pronto se conocieron los nuevos índices de inflación, y las proyecciones para el mes que viene, y se enteraron de que solo quedan 90 días para las PASO, y ahí se desesperaron todos.

Parece que mientras ellos gobernaban atentos a las pantallas del exterior, en el país volvieron a pasar cosas. Y ahora hasta Joaquín Morales Solá habla de un posible triunfo de Cristina en agosto. Y como era de suponerse, inmediatamente afirma que eso desatará el caos final porque "mucha gente y empresas se pueden asustar y comprar dólares; algunos remarcarán precios pensando que Cristina los congelaría. Está también el impacto en el exterior: cómo explicarle al mundo que hubo una elección donde ganó Cristina pero que después puede ganar Macri".

Nadie quisiera votar a Cristina si hubieran hecho las cosas medianamente bien. Tendrán que estar un poco más atentos porque seguirán pasando cosas.

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