Hoy por Hoy
Miércoles 22 de Agosto de 2018

No podemos salir de la maldita grieta

Uno siempre espera que un día todo esto termine y podamos ser un país normal, como lo pueden llegar a ser Uruguay, Chile, Paraguay, Perú, Bolivia y cuántos más, que con sus defectos y virtudes, con su problemas a cuestas, siguen dando la sensación de que tratan, en la gran mayoría de los casos, de tirar todos para el mismo lado.
Me cansaron que desde el Gobierno nacional se quiera aprovechar al máximo el escándalo más grande de corrupción de la historia en el que está inmerso la gestión del kirchnerismo.
Trata desde todo punto de vista blindar el desastre económico y financiero, amplificando todos los capítulos del robo de los dineros públicos del anterior gobierno.
Me cansó esta gestión actual del macrismo, a la deriva sin poder encontrar el rumbo en el tema inflacionario, el control del dólar, en el aumento de la pobreza y en la política neoliberal que lleva a ajustar y ajustar todo. Dejando de lado las prioridades y achicando presupuestos en áreas estratégicas como es la educación pública o la ciencia y tecnología.
Me cansaron los aumentos de las tarifas, de los combustibles, y por sobre todo sabiendo que el peso cada vez vale menos.
No soporto más los eslóganes de campaña buscando sembrar la esperanza, cuando vemos que el ajuste golpea de lleno a la clase media y en especial a los más bajos.
Es tan cruel la realidad, que no les queda otra que reconocer sus propios errores, tales como que con este presente creció la pobreza.
Hay una gran perversidad de los comentaristas del Gobierno que tomaron una frase del condenado Carlos Saúl Menem: "Vamos mal, pero vamos bien".
Nos quieren hacer creer que este parto doloroso permitirá el nacimiento de un país mucho mejor. Pero vemos mayor desigualdad, marginalidad y gente en la calle perdiendo su trabajo.
Sin embargo, veo que del otro lado se convierten en funcionales los que estuvieron 12 años y con todo el viento de cola y con un precio récord de la soja, llenaron de dólares el Banco Central de la República Argentina.
Me molesta que ahora muchos de los que estuvieron callados muy cómodos o mirando para el costado maravillados con el modelo K, se pongan en analistas de esta realidad cruel, dura, llena de problemas para la población.
Creyeron en un todo que no había pobreza, inflación, que no había corrupción y que estábamos ingresando en un modelo de desarrollo. Todo fue una farsa, una gran mentira, un relato al que muchos quieren volver tal vez incentivados por motivaciones económicas.
Nada de eso ocurrió, ahora nos enteramos de que –según los arrepentidos de ese mismo gobierno, como los propios empresarios que pagaron los retornos o coimas– se tragaron la plata de todos los argentinos.
No hay forma de explicar la corrupción del kirchnerismo, de los empresarios, y si entre ellos se establece que también estaba Mauricio Macri, que le caiga el peso de la ley, como a cualquier hijo de vecino.
Con este panorama no sé qué es peor o qué es menos malo.
Lo que sí creo, es que entre el macrismo y el kirchnerismo se buscan para atacarse y al mismo tiempo justificarse y retroalimentarse.
Espero que alguna vez el que robe vaya preso, que la Justicia no espere 12 años para mandar en cana al ladrón de guante blanco. Que los empresarios no cobren de más una obra pública, que el hospital se construya, lo mismo que la casa, o la ruta, y que a los pocos meses no se deteriore por la mala ejecución.
Me encantaría que la gente pueda llegar a tener verdaderas opciones para que nos gobiernen con políticas de Estado dirigentes honestos, capaces, sin rencores que priorizan la institucionalidad por sobre todas las cosas.
Hay que terminar con el 'roban pero hacen', hay que terminar con los iluminados de la política que le hacen los deberes al Fondo Monetario Internacional.
En definitiva, espero que después de esta especie de Lava Jato argentino, surja algo nuevo.
Sería un franco retroceso volver a caer en los personajes que construyeron esta grieta que tan mal le hizo a la Argentina.

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