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No hay vacuna para la infodemia

La vacuna contra el coronavirus –la Sputnik V– cayó en el saco hasta ahora sin fondo de "la grieta" política argentina.

Sábado 06 de Marzo de 2021

La Organización Mundial de la Salud declaró el 11 de marzo de 2020 que la enfermedad del coronavirus era una pandemia, por la cantidad de países y continentes que ya afectaba. Entonces, las noticias sobre el Covid-19 todavía ocupaban las secciones Internacionales en los medios de comunicación argentinos y en el resto del mundo ya se hablaba de la “infodemia” que derivaba como efecto colateral del SARS-Cov-2. Las noticias falsas o engañosas y la desinformación sobre el virus se diseminaban más rápido que el propio bicho. Hoy no es novedoso hablar de fake news o infodemia, pero sí necesario.

El eje informativo sobre la pandemia se ha corrido de los casos y las muertes y se instaló en las vacunas. En febrero la Defensoría del Público de la Nación publicó sus “Recomendaciones para comunicar sobre vacunas en pandemia”, un documento dirigido a periodistas y editores de medios pero con materiales que pueden servir al público en general para un consumo responsable y más saludable de novedades sobre el tema.

Uno de los primeros preceptos que recuerda es que la comunicación es un derecho y un servicio público, es decir que en este caso los contenidos (información y opiniones) difundidos tienen impacto en la salud pública.

Una de las Recomendaciones sostiene que “el conocimiento y la experiencia científica convalidadas acerca de las vacunas y difundidas por la Organización Mundial de la Salud y por instituciones especializadas no tienen equivalencia con la de una persona que, a título individual, discute las evidencias acumuladas. Los discursos contrarios al conocimiento global y a las políticas de salud pública adoptadas por gobiernos de las tendencias más diversas, como vacunar a la población, son riesgosos para la salud de las personas”. El respeto o la humildad ante el conocimiento científico no equivalen a la autocensura o a negar la libertad de expresión. Todo el mundo tiene derecho a opinar sobre cualquier cosa, que no es lo mismo que opinar cualquier cosa. Sin argumentos y honestidad, la opinión no tiene validez.

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La eficacia de la vacuna Sputnik contra el coronavirus estuvo en el centro de la polémica y de la llamada infodemia.

La eficacia de la vacuna Sputnik contra el coronavirus estuvo en el centro de la polémica y de la llamada infodemia.

La vacuna contra el coronavirus –la Sputnik V– cayó en el saco hasta ahora sin fondo de “la grieta” política argentina. Primero, la vacuna en sí. “Nadie tiene memoria de haber preguntado sobre el país de origen de una vacuna antes de aplicársela. Este fenómeno está centrado en razones políticas, geopolíticas y económicas, y no en conocimientos científicos”, señalan las Recomendaciones de la Defensoría del Público.

Después, la eficacia del 91,6% de la vacuna fue certificada por la revista científica (inglesa) The Lancet. Entonces se “agrietó” la campaña de inmunización. El desastre de la vacunación VIP fue un bidón de nafta para el fuego permanente de la infodemia en Argentina, que todo lo incendia. Sorprende el denuedo con el que los grandes medios oficialistas y opositores reforzaron su práctica desinformativa, con escasas excepciones en cada bando. Exageran o ignoran las informaciones que convienen, respectivamente, al Gobierno o a la oposición.

El 2021 recién empieza y la combinación de pandemia, crisis económica y elecciones puede dañar gravemente el debate público en el país, que viene degradándose año tras año. Si no frenamos o somos conscientes de la infodemia. No hay vacuna, pero sí prácticas para evitar que “la grieta” siga creciendo al ritmo que viene y lleve a formar escenarios y/o personajes aún más peligrosos.

Emulando el spot oficial sobre el Covid-19, sería conveniente practicar la “cuidadanía” en este aspecto: cierto distanciamiento para prevenir el contagio del fanatismo irracional, un barbijo simbólico para filtrar un poco la información manipulada y mantener la mente ventilada para no quedar encerrados en el odio que ambos bandos buscan provocar. Y que solamente sirve para que ganen en salud unos pocos, mientras la mayoría queda enferma.

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