Aborto Legal
Sábado 18 de Agosto de 2018

Ningún derecho

La semana pasada, Liz, una bonaerense de 34 años, se convirtió en la primera argentina muerta a causa de un aborto clandestino luego del rechazo al proyecto IVE*. De la mujer se sabe poco, que tenía 34 años, un hijo de 2 y que falleció por una infección generalizada al intentar interrumpir su embarazo de manera clandestina con un tallo de perejil.
Días después de los festejos de gol por el fracaso de la ley, su muerte es la trágica evidencia de algo ya repetido hasta el hartazgo: con ley o sin ley, las mujeres seguirán abortando y las que no puedan acceder a una práctica segura, seguirán muriendo. El Estado tuvo la oportunidad de reconocer el problema y empezar a resolverlo, pero no lo hizo y por eso, en adelante, cada muerte originada en un aborto clandestino tendrá responsables con nombre y apellido. Cada clínica que siga lucrando con el derecho que se nos ha negado a las mujeres tiene como cómplices a los legisladores, las iglesias y los sectores que ejercieron presión para que el negocio del aborto clandestino se perpetúe y que las mujeres sigan expuestas a prácticas en las que pueden dejar su vida.
Otra vez, nuestros representantes en el Senado nos dan un banquito para que nos sentemos a esperar el turno de tomar decisiones sobre nuestro cuerpo y sobre la forma en que queremos vivir, porque todos nuestros derechos son tutelados y así fue siempre con cada ley que significó la posibilidad de minimizar las enormes inequidades históricas de género.
No tiene sentido ya explicar qué se reclama, ni esforzarse por romper planteos mentirosos, ni repudiar el uso malicioso de las personas con síndrome de down, ni atacar argumentos falaces o la falsa dicotomía a favor/en contra de la vida. Lo que sí podemos y debemos hacer es señalar que las exposiciones de los senadores fueron lamentables, de una pobreza discursiva y argumentativa pocas veces visto, más parecida a un capítulo de El Chavo del 8 en la escuela que a una Asamblea Legislativa.

Sería gracioso si no dieran ganas de llorar. Durante los meses de debate pasaron por las cámaras cerca de 800 expositores, algunos fueron brillantes; la ciencia dio argumentos, pero eso no fue suficiente porque los legisladores no se tomaron ni un minuto para escuchar, seguramente hubieran aprendido muchísimo. Aún sin cambiar su voto, seguramente hubiesen estado más a la altura de las circunstancias, y hubiesen evitado, al menos, ser recordados como un blooper de la democracia.

La escasa preparación de los representantes de las provincias y su desinterés por escuchar y representar a quienes los votaron avergüenza, duele. Ya en Diputados se nos había comparado a las mujeres con perros y con canguros, cuando llegó Alfredo de Ángeli y comparó a la mujer con una maceta. Habló de la dignidad de su madre por haber parido 10 hijos, como si las mujeres que deciden no tener hijos o no tener familias numerosas fueran menos dignas. Me pregunto desde qué lugar De Ángeli nos habla como el guardián de las infancias y la dignidad, siendo una persona que llegó a ocupar una banca por defender a un sector que cortó rutas durante 100 días, derramó leche en la banquina y lloró de todas las formas posibles el tener que hacer aportes que podrían haber contribuido a mejorar la vida de los más vulnerables. Con qué derecho De Ángeli nos habla a las mujeres de dignidad. Con el mismo que cree tener Urtubey para decir que una violación intrafamiliar no es violencia. Ningún derecho.

La presidenta del Senado optó por festejar, "vamos todavía", dijo, y la hipótesis que mejor parada la deja es la que refiere a su ignorancia por encima de su crueldad, que es enorme. Unas semanas antes, en una nota publicada por La Nación, Michetti mostró un inexplicable desinterés por la tragedia que supone una niña violada y embarazada. "Hay cosas peores, qué sé yo", dijo, y cerró la grieta porque desconcertó a un país completo.

Rechazado el proyecto, Marcos Peña confirmó que el 21 de agosto el Gobierno va a presentar la reforma del Código Penal y que va a incluir un capítulo sobre el aborto que busca avanzar en la despenalización de la práctica. Una medida tendiente a calmar a los sectores que reclaman y seguirán reclamando la ley, pero sin ofender a los que se oponen. Despenalizar no es suficiente, porque implica que el Estado siga dándole la espalda a la problemática de fondo. Sabemos que tarde o temprano será ley, pero hasta tanto las mujeres seguirán abortando de manera clandestina, el negocio de aborto clandestino será más próspero y las más vulnerables seguirán pagando con su vida la inequidad que nos toca. La muerte de Liz y la orfandad de su hijo son la prueba de ello. No hay derecho.

Comentarios