Malvinas
Domingo 01 de Abril de 2018

Ni olvido ni renuncia ni perdón

"Inglaterra nos invadió en 1806 y 1807, fueron resistidos y expulsados; luego de una nueva ocupación en Malvinas, en 1833 con el Gaucho Rivero recuperamos las islas y ejercimos soberanía hasta que otra invasión restituyó el poder colonial; recién en 1982 volvimos".

Llegan los días cercanos al 2 de Abril y otra vez hay que escuchar una lista interminable de mentiras y falacias. Parece como si fuéramos nosotros, los argentinos, quienes deberíamos dar cuentas por la guerra de Malvinas y quienes tendríamos que pedirle perdón a Inglaterra por nuestro reclamo soberano; nos exigen que nosotros seamos los garantes de la paz.

En Malvinas, la base militar con la que cuenta el Reino Unido tiene más agregados militares que habitantes de las islas y las han transformado en un portaaviones natural. Sus misiles y el agujero de todos sus cañones, apuntan al continente, a los argentinos y a la Antártida, y son ellos los que mantienen la ocupación a partir de su poderío. No hay manera de entender su dominio en las islas si no es a través de su agresión y amenaza constante, diaria y militar a nuestra integridad nacional.

Desde allí, Inglaterra mantiene el control del paso entre los océanos Pacífico y Atlántico, cuenta con una ubicación estratégica en el tablero mundial, desarrolla explotaciones pesqueras y petrolíferas, pero sobre todo, Las Malvinas son la llave para el dominio de la Antártida: una de sus proyecciones principales, su interés histórico, el objetivo al largo plazo que siempre tuvo el usurpador en su ambición sin límites.

Muchos en estos días se llenan la boca con frases en las que usan la palabra "diálogo" y "diplomacia", pero no hay nada más mentiroso y tramposo, si de inmediato no se menciona la necesidad de darle fin a los Acuerdos de Madrid I (1989, aún vigente), de Madrid II (1990, aún vigente) y el llamado Tratado de Londres (1990, también vigente). Con el primero, el Estado argentino acordó con Inglaterra el denominado "paraguas de soberanía" y desde entonces en ninguna instancia diplomática nuestro país puede poner en discusión la soberanía de las Islas Malvinas; con el segundo, le dimos al ejército de Inglaterra un "poder de policía" sobre el ejército nacional y le tenemos que avisar con días de anticipación hasta simples movimientos de tropas; con el último, les garantizamos a ellos el cuidado de sus inversiones en nuestro territorio por lo que explotan nuestras tierras, recursos pesqueros, minerales, petrolíferos, son dueños de bancos, de negocios farmacéuticos, financieros, son hasta acreedores de una deuda externa casi siempre ilegítima y fraudulenta.

Escribo estas líneas y en unos minutos iré a la Caminata de las Antorchas que se realizará nuevamente en Paraná y que terminará en el acto de la Vigilia en la Costanera Baja. En el volante de presentación e invitación de esta actividad escribieron que además de homenajear a los caídos en Malvinas y a los Veteranos de Guerra que volvieron, también estará presente el repudio a la ocupación de Inglaterra.
Querer recuperar las Malvinas no es sostener las políticas del gobierno de facto, ni es una apología de la guerra; es dar pelea por nuestros derechos soberanos y por una historia y disputa que tiene más de 200 años.

Inglaterra nos invadió en 1806 y 1807, fueron resistidos y expulsados; luego de una nueva ocupación en Malvinas, en 1833 con el Gaucho Rivero recuperamos las islas y ejercimos soberanía hasta que otra invasión restituyó el poder colonial; recién en 1982 volvimos a recuperar las islas y ejercimos soberanía durante 74 días hasta que nuestro país fue agredido nuevamente y de manera cobarde, y sufrimos una nueva invasión de parte de las fuerzas de la majestad británica y de sus mercenarios, dominio que se mantiene hasta nuestros días.

Me decía un veterano de guerra entrerriano: "Cuando caía uno de los nuestros, atrás venía otro y atrás de ese, otros más. Cuando caía uno de ellos el resto se escapaba, no querían seguir peleando. Esa es la diferencia entre los que luchan por la Patria y los que luchan por la plata".

Por eso, somos muchos los que este 2 de abril no hablamos de "chicos de la guerra", ni menospreciamos la causa de Malvinas, tampoco nos olvidamos, no renunciamos al reclamo soberano, ni perdonamos la invasión británica y sus crímenes de guerra. Será así, hasta que volvamos a hacer flamear la bandera de Belgrano en nuestros mástiles malvineros, el día en que pisemos las islas otra vez y no necesitemos presentar ningún pasaporte.

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