Miradas
Miércoles 08 de Agosto de 2018

Más que un rezo

Miles de fieles en todo el país participaron ayer en la celebración de San Cayetano, santo del pan y el trabajo. Muchos se aferraron a la fe y elevaron su oración para recuperar su fuente laboral, en un contexto de marcado avance del desempleo en la Argentina, donde Entre Ríos no escapa a esta tendencia y 8.500 personas en la provincia se quedaron sin empleo en el sector privado entre los meses de octubre a mayo, según publicó UNO.
Otros, los más afortunados, los que aún poseen un salario a fin de mes, concurrieron para solicitarle al santo la gracia de conservar el empleo.
Es que la falta de trabajo afecta a todo el conjunto social. El incremento de las cifras de desocupación y el ensanchamiento de las franjas de pobreza en la sociedad argentina son dos de las principales consecuencias que se instauran desde la implementación del modelo neoliberal en la Argentina.
Revertir estas cuestiones adversas es el gran desafío de las clases dirigentes, que no obstante insisten en sostener medidas que lesionan aún más el entramado del mundo del trabajo y deterioran los sueldos que se perciben, con anuncios de nuevos tarifazos para un bolsillo que ya no resiste, con una inflación galopante y subas de los valores de combustibles y del dólar, que agravan la situación.
Mientras tanto, más fábricas y empresas de diversos rubros están en jaque; luchando por subsistir, afrontar los costos fijos y soportar la baja de la rentabilidad, cuando no las pérdidas. En los márgenes transitan los trabajadores, víctimas de transformaciones sociales hostiles y un debilitamiento de sus derechos como ciudadanos, donde el desempleo, el empleo informal y la precarización de los modos contractuales forman parte de un mismo proceso.
En un mundo en el que el trabajo es concebido como proveedor no solo de un sustento, sino además de identidad y de dignidad, perderlo significa mucho más que quedarse sin una referencia económica. Impacta además de manera psicológica, cultural y simbólica, ya que determina en algún sentido la posición que ocupa cada individuo en la estructura social.
En este marco, el desempleado se encuentra en la situación de soportar la doble coacción de tener que trabajar y no poder hacerlo. No son parásitos sociales, como a veces se promueve su figura y se condena, en un medio donde lejos de amparar y contribuir con la solidaridad colectiva, muchas veces se estigmatiza y hasta se culpabiliza a quien quedó excluido del circuito laboral.
Aunque se fomente y se apoye el emprendedorismo como alternativa a la pérdida de fuentes de trabajo, que mengua el universo de los asalariados, la falta de políticas que impulsen el consumo de lo que se produce frena todo desarrollo.
Hay que restituir el debilitamiento del mapa laboral en la Argentina para salir adelante. Para eso se necesitan medidas concretas por parte del Estado que contribuyan al progreso de todo el conjunto de la sociedad y que apuntalen el circuito productivo nacional. Si bien mitiga las ansias, lamentablemente no es algo que se logre con un rezo.

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