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Los verbos conquistar y aplastar son sinónimos

"Basket: España aplasta a la Argentina y vuelve a conquistar el mundo". Traducido para el resto del universo: conquistar y aplastar van de la mano.

Miércoles 18 de Septiembre de 2019

El diario español El Mundo mostraba el domingo pasado este título principal en la portada de su página digital: “Basket: España vuelve a gritar ba-lon-ces-to”, pero minutos antes habíamos podido apreciar otro título. Al ingresar a la página seguía apareciendo el primero por una décima de segundo, para dar lugar al que mencionamos.

Era casi imperceptible, como un flash, pero allí estaba. Quisieron eliminar el viejo y la tecnología jugó a favor de la memoria reciente. Y bueno, ¿qué decía el otro título? Lo que se ve en la imagen: “Basket: España aplasta a la Argentina y vuelve a conquistar el mundo”. Traducido para el resto del universo: conquistar y aplastar van de la mano.

La cándida verdad

España conquista si aplasta, Gran Bretaña, Francia, Rusia, Estados Unidos, conquistan si aplastan. Buenos Aires conquista si aplasta. La verticalidad colonial no ha concluido.

Se le escapó la verdad a un periodista deportivo, y los jefes intentaron corregir de inmediato el desliz. No estaba errada la frase en materia de básquet, porque si bien el seleccionado argentino funcionó como un reloj, y nos llenó de sano orgullo, se frenó un cachito en el partido final. Con una victoria así nosotros también hubiésemos usado el verbo aplastar.

No daba, claro, para equiparar un encuentro de hombres haciendo picar una pelota, con la picadora de las conquistas imperiales. Pero bienvenido un cándido capaz de resumir en una frase muchos tomos, mil discusiones. Algún cerebro advirtió que le habían pifiado y corrigió de un planazo. El apuro suele mostrarnos una veta que, con tiempo, arreglaríamos convenientemente para cumplir con lo políticamente correcto. Pero la veta está.

Hace dos semanas fue revelado el hallazgo de esqueletos en una zona del Perú, huesos que algunos investigadores adjudican a ejecuciones de niños y niñas a manera de sacrificio, en la cultura Chimú. Entonces las redes de España se atiborraron de hurras a la conquista, de personas convencidas del destino manifiesto europeo de sanar al mundo de brutos criminales. Qué bien le vino el descubrimiento a la propaganda del relato oficial. Así es como 200 esqueletos justifican un genocidio de 40 millones de personas y 500 años de esclavización y saqueo de dos continentes. Estas manifestaciones muestran que las heridas no han cicatrizado. El mundo discute aún si está bien o está mal la matanza de personas en el Abya yala (América), por millones, con la excusa de la civilización sobre la barbarie. No ocurre eso cuando las matanzas tienen como víctimas a blancos europeos.

Los Hitler que se pavonearon por todo nuestro continente tienen aún seguidores y admiradores, porque el cuento de los vencedores los pintó de salvadores, evangelizadores, civilizadores, padres de la iglesia, padres del aula.

Habíamos tratado el término conquista en ocasión de comentar el origen del nombre “Los Conquistadores” para una ciudad del norte entrerriano. Entonces apuntamos la variedad de testimonios, entre pensadores, sacerdotes, diccionarios, que dan cuenta de la crueldad de la conquista y sus ejecutores, pero la historia oficial asienta un relato y ese relato se sostiene por siglos. Lleva mucho tiempo desmontar el engaño. Para la Real Academia Española de la lengua, conquistar es “ganar, mediante operación de guerra, un territorio, población, posición, etc”. Para Enrique Dussel, el conquistador “es el primer hombre moderno activo, práctico, que impone su ‘individualidad’ violenta a otras personas”. El jesuita Bartomeu Meliá agrega: “El proceso de conquista, el proceso colonial, es llegar y destruir; lo que queda es negado y empujado a la clandestinidad y al desprecio”. Diversas son las armas para conquistar y aplastar esgrimidas por Europa y, aquí, su hija: Buenos Aires. El Estado, las corporaciones, los medios masivos, los llamados intelectuales, los grupos concentrados de la economía, son engranajes de ese sistema naturalizado.

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